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sábado, 30 de diciembre de 2017

La familia no es algo opcional


Por Pbro. Carlos Sandoval Rangel

La persona humana, además de su valor único e irrepetible, fue pensada en clave de familia. Desde el origen, Dios formó al hombre y a la mujer con el fin de que la riqueza y la belleza femenina y masculina, en su complementariedad, expresen de manera plena la grandeza y el encanto del ser humano. Sobre esta esencial complementariedad quedó fundamentada la familia como espacio vital de pertenencia amorosa, de formación y realización de cada persona. Así, desde el origen, la familia es el camino imprescindible para el bien ser de la humanidad.

Y aunque el pecado no destruyó la naturaleza de la familia, sin embargo, sí la manchó y la debilitó; de ahí que, en su plan salvífico, Dios dispuso que dicha salvación iniciara precisamente en el seno de una familia, la familia de Nazaret.

La redención iniciada desde la familia de Nazaret, queda patente no sólo por el hecho de que en ella nació Jesús, sino también en la manera como ellos conjugaron la vida de la fe con la vida cotidiana y con su proyección social.

En el seno familiar, Jesús, por ejemplo, sin perder ni hacer menos su divinidad, aprendió un oficio con el cual se ganaba el sustento. Así nos enseña que en el trabajo hecho con dignidad también santificamos la vida cotidiana y se sirve a los demás.

Jesús aprendió en su familia a relacionar la grandeza del Reino de los cielos con los quehaceres domésticos. Imaginemos aquel niño preguntando a su madre: ¿Por qué le pones levadura a la masa? ¿Por qué no remiendas el vestido viejo con una tela nueva? O, igual, ¿Papá, por qué no usas los odres viejos para guardar el vino nuevo? Desde estas prácticas y otras, Jesús nos explicaría más delante los misterios del Reino de los cielos. Por tanto, la educación más alta y sagrada siempre se recibe en el seno familiar. Por algo el Papa Juan Pablo II nunca se cansó de decir que el papel de la familia es insustituible.

Hoy, que somos conscientes de la situación difícil que está viviendo la familia, urge, como dijo Pablo VI, que las familiar acudan a la escuela de Nazaret. “La familia, en los tiempos modernos, ha sufrido quizá como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura…” (Juan Pablo II, carta a las familias). Por eso urge que Jesús, José y María nos muestren lo que significa hacer de la familia una escuela de alto humanismo y de fe clara y firme. Ellos nos enseñaron lo esencial que es que la familia esté cimentada en los principios con que Dios la creó y la manera como Cristo la redimensionó a partir de la redención.

El deterioro de la familia lo vemos concretizado de muchas maneras. Unas de las más destacadas son las múltiples formas de disolución del matrimonio, el «matrimonio a prueba» y hemos llegado hasta el pseudo-matrimonio entre personas del mismo sexo. Como señala Benedicto XVI, son expresiones y consecuencias de una libertad anárquica que se presenta erróneamente como auténtica liberación del hombre. Una pseudo-libertad, así, se basa en la banalización del cuerpo, que inevitablemente incluye la banalización del hombre. ¡Por Dios, no nos sigamos atreviendo! Está más que comprobado que todo atentado contra la familia es un atentado contra las personas concretas y contra la humanidad.

El Papa Francisco, en Amoris Laetitia, nos regala unos matices muy especiales respecto a la familia. Por una parte nos pide una atención misericordiosa para quienes por diversas circunstancias viven en una familia diferente. No tenemos por qué juzgar, al contrario, debemos ver con amor a quienes, después de un gran esfuerzo, no lograron mantener su matrimonio. Ni podemos enjuiciar a quienes no tienen la posibilidad del sacramento o a quienes son madres o padres solteros, sobre todo cuando, en ambos casos, viven comprometidos para educar responsablemente a sus hijos.

Desde luego, lo anterior no puede verse como ideal; al contrario, más allá de las situaciones especiales, el Papa resalta la belleza de la familia y deja en claro que formar una familia significa ser parte del sueño de Dios, pues la familia construye la humanidad y hace posible que nadie se sienta solo. La familia es el ámbito del amor que nos hace sentir que pertenecemos. Los esposos son “el recuerdo permanente para la Iglesia de lo que acaeció en la Cruz; son uno para el otro y para los hijos, testigos de la salvación, de la que el sacramento les hace participes” (n. 72).

Si la familia de Nazaret fue la escuela donde se inició la vida de Jesús, es decir, fue la escuela del Evangelio… porque ahí todo era importante, lo mismo debe suceder en todo hogar, si es que de verdad se quiere educar para la vida. Jesús, María y José nos enseñan que el amor, el respeto, el estudio, la convivencia, el trabajo, el silencio y cada elemento por ordinario que parezca, son algo fundamental para la familia y, desde ahí, para la humanidad.

Que resurja la familia, bajo el ejemplo de Jesús, José y María. ¡Que ellos sean las estrellas de nuestra esperanza, que sean la luz que ilumine a las familias!
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Articulo Revisado: La familia no es algo opcional Puntaje: 5 Reviesado por: Diocesis de Celaya