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miércoles, 20 de diciembre de 2017

¿La Iglesia ha impedido alguna vez el avance de la medicina?

En muchos libros de divulgación científica, documentales y libros de historia de la medicina, se han repetido mitos creados sobre la actitud de la Iglesia hacia la medicina, que no tienen ninguna base histórica. Los tres más extendidos son que la Iglesia prohibió la disección de cadáveres en la Edad Media, que prohibió la práctica de la medicina en el siglo XIII y que el Papado se opuso a las vacunas. Las tres son falsas, sin embargo, se han extendido como indiscutibles. 

Es significativo recordar que los primeros hospitales surgieron de la caridad cristiana, como obra de la Iglesia, haciendo posible el estudio sistemático de la medicina. Jamás la Iglesia prohibió el estudio ni el uso de la medicina, más bien todo lo contrario, la promovió.

En el siglo VI los monjes benedictinos comenzaron a estudiar obras de Hipócrates y Galeno, difundiendo sus conocimientos. Los monjes son los primeros en haber instalado hospitales en siglos difíciles y haber cuidado y preservado retazos de la literatura médica (Plinio,   Celio Aureliano, Celso, y resúmenes del Corpus hipocraticum, de Galeno y Dioscórides, entre otros).

Las versiones infundadas surgieron a partir del mal uso de una cita sacada de contexto del IV Concilio de Letrán (1215), donde se pide que cuando el enfermo llame al médico, se le persuada de que también llame al médico del alma, así como también que “nunca se le recomienden procesos curativos que pongan en peligro su alma”. ¿A qué se refería esto? Es conocido para los historiadores de la medicina que, en esa época, algunos médicos recomendaban intercambios sexuales con ellos como forma de curación. La Iglesia opuesta a estos abusos lo advertía con firmeza.

Hay también una cita que usan algunos autores, del Concilio de Clermont (1095) donde expresamente se pide que “los monjes no estudien para ganar dinero con la práctica de la medicina”, concluyendo que la Iglesia no quería que la gente estudiara medicina, lo cual es insostenible. Esta prohibición puntual es solo para los monjes y en un contexto determinado.

Haciendo un poco de historia, es importante recordar que las primeras disecciones de cadáveres se practicaron durante los siglos III y II a.C. en el mundo helenístico, aunque luego fueron prohibidas porque los griegos creían que el enterramiento de los cadáveres era voluntad de los dioses. Ya hacia finales del siglo II d.C.  el médico griego Galeno era partidario de esta práctica, pero solo lo hizo con algunos animales. La cuestión no se planteó hasta el siglo XIII, cuando comienza la revolución experimental en la Europa cristiana. En pleno siglo XIII el cirujano Henri de Mondeville y el anatomista Mondino de Luzzi, comenzaron a disecar cadáveres sin oposición alguna de la Iglesia. La llamada Anatomia Mondini de 1316, basada en sus disecciones, se enseñó en las universidades hasta el siglo XVI, donde luego le sucedieron obras más avanzadas. Es ampliamente sabido que Paracelso, Miguel Servet, Boticelli, Miguel Angel y Leonardo Da Vinci, entre otros, practicaron disecciones.

La Iglesia nunca se opuso a la disección de cadáveres. El único documento oficial de la Iglesia que existe cercano al tema es del Papa Bonifacio VIII (1299), la Decretal Detestanda Feritatis,  donde bajo pena de excomunión se prohíbe el desmembramiento del cadáver. Según los expertos en ciencia medieval, este documento pontificio es el único que existe sobre el tema y ha sido mal interpretado. Pero entendido en su contexto, lo que buscaba el documento era desterrar la costumbre de algunas personas de la nobleza que querían que sus restos fueran enterrados en algún santuario para su devoción, pero no impedir la investigación científica. 

La cirugía se practicó ininterrumpidamente tanto en la antigüedad como en la Edad Media, sin que hubiera prohibición alguna, aunque era una cirugía muy externa, hasta que en el siglo XVI se resolvieron algunos problemas de dolor y sepsia.

En varios libros de historia de la ciencia y en varios artículos en internet sobre el desarrollo de la medicina, se cita un supuesto documento del Concilio de Tours (1163) donde aparentemente el catolicismo se opone a práctica de la medicina, basado en el principio de que la Iglesia se opone al derramamiento de sangre (Ecclesia abhorret a Sanguine). Pero lo cierto es que no existe tal principio, ni en los documentos del Concilio de Tours, ni en ningún otro documento del Magisterio de la Iglesia.  Incluso se cita una supuesta encíclica de Inocencio III con el título Ecclesia abhorret a Sanguine, pero no solo no hay ningún documento con ese nombre, sino que tampoco en esa época se escribieron encíclicas.

Lo cierto es que esta expresión en latín aparece por primera vez en el siglo XVIII, no en un texto católico, sino en la “Historia de la Ciencia” de François Quesnay con la clara intención de desprestigiar a la Iglesia en plena Ilustración francesa.

Otro caso repetido es una cita atribuida al papa León XII (1829) que dice así: “Quien se hace vacunar, deja de ser hijo de Dios. La viruela es un juicio de Dios y por lo tanto la vacuna es una afrenta al cielo”. Muchos que usan esta cita no examinan su autenticidad y se han hecho múltiples referencias a la misma como auténtica. No es necesario imaginar las conclusiones que alguien puede sacar si se toma en serio esta cita.

Pero la verdad es que no solo no es cierta, sino que la postura de los papas fue la contraria a lo que se piensa.  El Papa León XII amparó con subsidios la atención médica en Roma y el Papa Pío VII se ocupó de que los romanos fueran vacunados, estableciendo un centro de vacunación en el hospital del Espíritu Santo. De hecho, la práctica de la vacunación fue alabada por los teólogos moralistas católicos y se practicó siempre con gran apoyo de la Iglesia en los hospitales romanos.

Los ejemplos resumidos en el artículo son ampliamente desarrollados por Ignacio Sols y sobre la historia de la ciencia y su relación con la Iglesia puede encontrarse un profundo desarrollo histórico en el amplio trabajo de J.M. Riaza Morales.

López Piñero, J. M. (2000). La Medicina en la Historia. Madrid: Alianza.

Riaza Morales, J.M. (1999). La Iglesia en la Historia de la Ciencia. Madrid: BAC.

Sols, I. “¿Se ha opuesto la Iglesia Católica a los avances de la Química, la Biología y la Medicina?”, en AA.VV. (2014). 60 preguntas sobre ciencia y fe respondidas por 26 profesores universitarios. Barcelona: Stella Maris.

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Articulo Revisado: ¿La Iglesia ha impedido alguna vez el avance de la medicina? Puntaje: 5 Reviesado por: Hermanos Franciscanos