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domingo, 31 de diciembre de 2017

Storm: Letter of fire: enamorarse con toda diferencia

El pasado noviembre el Vaticano lanzó un sello de correos con la imagen de Lutero adorando, con su Biblia, a Cristo crucificado. ¡Qué cosas! 500 años antes, el 31 de octubre de 1517, Lutero clavaba una retahíla de protestas en la puerta de la iglesia de Wittenberg; eran sus 95 tesis.

Y lo hacía con la intención de debatir hasta qué punto la Iglesia se había alejado del mensaje nuclear del cristianismo. A saber: en esos momentos se pagaba por el perdón de los pecados, el clero andaba un poco suelto y no paraba quieto en sus sedes, los vicios morales y la corrupción eran frecuentes, etc.

¿Consecuencia? Reforma Protestante,  concilio católico de Contrareforma, nacimiento de los jesuitas, devociones populares, y sobre todo herida a la unidad de la Iglesia por parte de todos, acentuada por los intereses políticos del momento…

El sello se enmarca en la celebración de la Reforma Protestante que el papa Francisco ha querido festejar por todo lo alto. Los actos del Papa suelen descolocar a muchos por su frescura y novedad.

Ejemplo: El papa jesuita hizo colocar una estatua provisional del fraile excomulgado en el aula Pablo VI, donde se clausuró otro concilio, el Vaticano II. Parece que 500 años después católicos y protestantes pueden mirarse de nuevo y salvar las distancias para reencontrarse en el amor común a Cristo.

Pues de esta mirada renovada de amor entre unos y otros va Storm: Letter of Fire, la película holandesa estrenada este año. Y por ello vale la pena que la busquen, la vean y la comenten, más allá de las anécdotas con las que podría quedarse cualquiera: que si la Inquisición, que si el poder, que si Lutero, que si la Iglesia… Esto no le interesa lo más mínimo a la cinta.

De películas sobre Lutero hay unas cuantas, pero esta es distinta, y no es un tópico. Aquí no se presenta al teólogo protestante; el foco cae sobre Storm, un niño, hijo de un impresor. Estamos en 1521 en Amberes, hay guerras de religión en Europa y cuatro años antes Lutero había publicado sus 95 tesis.

Ahora una carta suya llama a la puerta de Klaas Voeten, un impresor de literatura prohibida. El emperador visitará pronto la ciudad; de modo que la Inquisición está dispuesta a impedir a toda costa que la carta del reformador vea la luz pública: sus palabras serían un atentado al sistema, serían una carta de fuego. De modo que la Inquisición captura a Klaas y le condena a pena de muerte.

Para impedirlo, Storm buscará a toda costa salvar a su padre. Y lo hará gracias a la ayuda de Marieke, una niña huérfana, pobre y católica que vive en las alcantarillas, y que es devota de la Virgen María y del Sagrado Corazón.

No es la primera vez que Dennis Bots (Secretos de guerra) trata temas de adultos a través de las aventuras de niños. Si no os hacéis como niños… En este caso, las aventuras de Storm desvían la teología del filme no hacia la reflexión y las razones, sino hacia la acción. Y no porque la razón no sea buena, sino porque sin movimiento del corazón las razones no sirven para salvar al otro.

Fíjense que aquí dos niños, católico y protestante, huyen del rigor de una Iglesia poco evangélica cruzando las cloacas de la ciudad. Y lo hacen para salvar al padre. Es casi imposible un mensaje más claro: ambos son de algún modo huérfanos de la Iglesia, pero su viaje por las catacumbas y la suciedad les lleva a dar la vida por el padre bondadoso (léase «Dios») que es apartado de la vida eclesial.

Hay que trabajar juntos, católicos y protestantes, para salvar a ese padre común. En la cinta, justo en el momento en el que los niños discuten por culpa de sus diferencias religiosas, la vida se vuelve literalmente un infierno, con su fuego abrasador. Storm: Letter of Fire nos resitúa ante la pobreza: el otro es un bien donde reconocer a Cristo que me saca de mi mismo. Yo, Storm o Marieke, me voy con el otro no porque me dé la razón, sino por ese punto de verdad que lleva en el bolsillo. No hay que descartar a nadie, sino acoger al otro.

Storm: Letter of fire nos propone, como se ve explícitamente, enamorarse nuevamente del otro, católico, protestante, lo que sea. Es la revolución de la ternura. Y esa es la revolución de la cinta, su carta de fuego. En un mundo en el que la división hace mucho ruido, la unidad entre cristianos es un bien más grande que cualquier juego de las razones.

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Articulo Revisado: Storm: Letter of fire: enamorarse con toda diferencia Puntaje: 5 Reviesado por: Hermanos Franciscanos