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martes, 19 de diciembre de 2017

Una vida a lo grande: Si quieres que el mundo cambie, empieza por ti

¿Qué sucedería si fuese posible reducir la materia orgánica, y con ella al hombre, a proporciones minúsculas creando una nueva realidad en miniatura con la que se solucionaría, a priori, problemas como el calentamiento global, el reparto de todo tipo de recursos y la superpoblación, entre otros males que aquejan a nuestro mundo?

Alexander Payne, junto a su habitual coguionista, Jim Taylor, propone la anterior premisa en Una vida a lo grande, película de ciencia ficción en su arranque que, sin embargo, acaba introduciéndose poco a poco en los contornos de la fábula moral y, desde luego, didáctica, alrededor de un hombre, Paul (Matt Damon), quien aquejado por una vida subyugante tras la crisis económica, decide junto a su esposa, Audrey (Kristen Wiig), reducirse para comenzar una nueva vida. Lástima para Paul que ella, finalmente, tome otro camino.

Payne propone en Una vida a lo grande una especie de reescritura de cierta narración que remite a un cine clásico, con ecos sin ir más lejos de Frank Capra, en un contexto contemporáneo. Así, la premisa de ciencia ficción, que ocupa una primera parte de la película, y que posee momentos brillantes, nos sitúa en esa confrontación entre dos mundos, el que conocemos y aquel creado en miniatura, para introducir a Paul en este último.

Después, una vez reducido y solo, descubrirá que el problema, quizá, es bien otro. Conocerá a personajes singulares como la activista vietnamita Ngoc Lan Tran (Hong Chau) y al cínico y aprovechado Dusan (Christoph Walwz), con quienes, finalmente se introducirá en un extraño viaje hacia una comunidad primigenia que vive de manera alternativa, también dentro de ese mundo en miniatura.

El director norteamericano, en Una vida a lo grande, como ocurre en gran parte de su filmografía, introduce a su personaje, y con él al espectador, en un itinerario de fábula moral y de aprendizaje que tiene como fin último una suerte de epifanía final, en este caso concretado en unas imágenes finales verdaderamente emocionantes y bellas, por su sencillez y por aquello que contienen.

Se basan en un simple plano contraplano que explica el proceso de Paul, también su llegada a un punto de reconsideración y revalorización de aquellos valores morales y éticos que han sustentado su vida, y que sirven a Payne para, a su vez, hablar de una sociedad que, como Paul, debería detenerse para, simplemente, mirar, o, mejor dicho, aprender a mirar de forma nueva a su alrededor. Algo tan sencillo, en teoría, y, sin embargo, tan complicado.

Payne se encarga a lo largo de la película de ir mostrando aquello que rodea a Paul, ya sea en miniatura o en tamaño real, como un paisaje humano y social en apariencia normal y que esconde los trazos de un mundo amoral, construido en la opulencia y en un egoísmo apenas disimulado. Un vacío existencial que Paul descubre y, poco a poco, remedia. En este sentido, Una vida a lo grande se erige como una película de profunda mirada humanista, cuyo carácter inocente es, en verdad, mucho menor de lo que su apariencia esconde.

Tan divertida como agria, la nueva película de Payne quizá adolece de una cierta irregularidad en su trayecto, pero logra establecer un diálogo con cierta tradición del cine norteamericano con total naturalidad para adoptar, o apropiarse, de ese tipo de fábula de buenos sentimientos e intenciones para lanzar una visión sobre nuestra realidad basada en una idea muy particular: para cambiar las cosas, para tener un mundo mejor y más humano, todo empieza por uno mismo y nuestra relación con la realidad y los demás. Como Paul al final, comenzar a mirar a quienes nos rodean.

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Articulo Revisado: Una vida a lo grande: Si quieres que el mundo cambie, empieza por ti Puntaje: 5 Reviesado por: Hermanos Franciscanos