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sábado, 13 de enero de 2018

¿Dónde vives, Maestro?


Pbro. Carlos Sandoval Rangel


Segundo domingo del tiempo ordinario

Pasó la navidad, pero Jesús no. Él ya no está en el pesebre, por lo que ahora tenemos que preguntarle, como los discípulos: “¿dónde vives?” Démonos tiempo para preguntarle ¿dónde vives, Maestro? Démonos tiempo para estar con Él. De hecho, “la fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con Él. Y ese estar con Él nos lleva a comprender las razones por las que se cree” (Benedicto XVI, Porta Fidei n. 10).

Jesús ya no está en el pesebre, pero ahora ha escogido lugares predilectos para vivir: en la Eucaristía y, en general, en los sacramentos, en cualquier espacio de la oración, en su palabra, en el hermano, en los pobres, enfermos, encarcelados, en los niños y en los ancianos. Pero también desea estar, de modo vivo, en nuestro corazón.

No tengamos miedo de ir a Jesús para estar con Él, para decirle como Samuel: “Habla Señor, que tu siervo escucha” (1 Samuel, 3, 3-10). Que de verdad lo escuchemos, pues en realidad ¡cuánto podemos aprender de Jesús! No tengamos miedo a decirle: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. No sólo quiero saber, teóricamente, dónde vives. Quiero estar contigo, quiero escucharte y deseo hacer tu voluntad.

Encontrar a Jesús en esas realidades concretas y dejarnos interpelar por Él, es lo que sigue del pesebre. Sólo así, Dios, mostrado en Jesús, deja de ser el Dios ambiguo, lejano e impersonal. Sin esas realidades concretas que nos permiten palpar a Jesús, la navidad se queda reducida una vez más a un sentimentalismo religioso o a una intensa tradición que nos cansa y nos deja vacíos.

Reconocer a Jesús y darnos tiempo de estar con Él, para aprender y hacer nuestros sus beneficios, nos permitirá descubrirlo también como el “Codero de Dios”, como lo señala Juan el Bautista. Pues, la imagen del cordero hace alusión a su mansedumbre, su inocencia y a la misericordia que viene a compartirnos. Precisamente, eso es lo que nos ofrece Jesús. Él es el Cordero que viene a ofrecer misericordia. Está con nosotros que somos pecadores, para ofrecernos su misericordia. Hasta sus enemigos se quejaban de él diciendo: “recibe a los pecadores y come con ellos”.

Señor, yo también soy pecador, permíteme sentarme a tu mesa, estar contigo y nutre mi corazón.
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Articulo Revisado: ¿Dónde vives, Maestro? Puntaje: 5 Reviesado por: El Evangelio del día