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domingo, 14 de enero de 2018

Paz y bien: La llave del corazón



Fr. Arturo Ríos Lara, ofm
Guardián del Templo de
San Francisco en Celaya, Gto.



¡Buenos días, gente buena!

Domingo Ordinario II B
Evangelio según san Juan 1, 35-42:

Estaba Juan Bautista con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Éste es el Cordero de Dios». Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.

Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?» Ellos le respondieron: «Rabbí —que traducido significa Maestro— ¿ dónde vives?». «Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con Él…

La llave del corazón, que abre también la puerta del Reino… Las primeras palabras de Jesús que el Evangelio de san Juan registra están en forma de pregunta.

Es la pedagogía de este joven rabí, que parece casi olvidarse de sí mismo para poner en primer plano a los dos jóvenes casi diciéndoles: primero vengan ustedes. El amor verdadero pone siempre el tú antes que el yo.

También en el amanecer de la Pascua, en el huerto afuerita de Jerusalén, Jesús se volverá a María de Magdala con las mismas palabras: Mujer, ¿a quién buscas?

 Las primeras palabras del Jesús histórico y las primeras del Cristo resucitado, dos preguntas iguales, revelan que el Maestro de la existencia no quiere imponerse, no le interesa impresionar o someter, ni adoctrinar, sino que su pasión es hacerse cercano, ponerse al lado, aminorar el paso para hacerse compañero de camino de todo corazón que busca.
¿Qué buscan?

 Con esta pregunta Jesús no se dirige a la inteligencia, a la cultura o a las competencias de los dos discípulos que dejan a Juan, no cuestiona la teología de Magdalena, sino su humanidad. Se trata de un interrogante al cual todos están en grado de responder, los cultos y los ignorantes, los laicos y los religiosos, los justos y los pecadores. Porque él, el maestro del corazón, hace las preguntas verdaderas, las que hacen vivir: se dirige sobre todo al deseo profundo, al tejido secreto del ser.

¿Qué buscan? Significa: ¿cuál es su deseo más fuerte? ¿Qué es lo que más desean en la vida? Jesús, que es el verdadero maestro y exegeta del deseo, nos enseña a no conformarnos, enseña hambre de cielo, el anhelo de más…, salva la grandeza del deseo, lo salva de la depresión, del achicamiento, de la banalización.

Con esta simple pregunta: ¿qué buscan? Jesús hace entender que nuestra identidad más humana es ser creaturas de búsqueda y de deseo. Porque a todos hace falta algo: y pues, la búsqueda nace de una ausencia, de un vacío que pide ser llenado.

¿Qué me hace falta? ¿De qué me siento pobre? Jesús no pide como primera cosa renuncias o penitencias, no impone sacrificios sobre el altar del deber o del esfuerzo, pide antes que nada que entres en tu corazón, lo comprendas, conocer que deseas más que nada, qué te hace feliz, qué sucede en tu intimidad.

Escuchar el corazón. Y después abrazarlo, “acercar los labios a la fuente del corazón y beber” (San Bernardo).

Los antiguos padres definieron este movimiento como “la vuelta al corazón”: “encuentra la llave del corazón.

Esta llave, lo verás, abre también la puerta del Reino”.
¿Qué buscan? ¿Por qué caminan?
Yo lo se: camino por uno que hace feliz el corazón.

¡Feliz Domingo!
¡Paz y Bien!
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Articulo Revisado: Paz y bien: La llave del corazón Puntaje: 5 Reviesado por: Diocesis de Celaya