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jueves, 8 de marzo de 2018

María de Nazaret, el unico modelo en el Día Mundial de la Mujer Trabajadora


Redacción

En una época donde la vida se vive demasiado de prisa y esta forma de vivir ha modificado radicalmente la concepción de la familia, podríamos preguntarnos si la Virgen María puede seguir siendo invocada como el modelo de la mujer, siendo que ella vivió en una época muy lejana y en una sociedad donde el papel de la mujer era radicalmente diferente al que actualmente tiene en la sociedad, en la empresa, en la política, y en la misma familia.

Sin embargo, cuando nos detenemos a reflexionar un poco en el sentido trascendental de la vida, encontramos que necesitamos pensar sobre aquello que permanece en el fondo del alma humana y que no se modifica nunca, pese a todos los cambios externos y las modas que provocaron cambios en la forma de vida de una sociedad.

La necesidad de conocer los grandes misterios de la existencia humana, como son: de dónde venimos y a dónde vamos. Lo que significan los sentimientos que se mantienen presentes en todas las épocas y en todos los hombres, independientemente de su condición social, económica, estado de salud, formación intelectual y lugar de nacimiento, como son: el amor, el dolor, el temor, la felicidad, la alegría, la duda, la paz interior, y muchos otros, y que nosotros mismos experimentamos a cada momento.

Recordemos algunos pasajes de la historia de María, aquella joven que vivía en uno de los lugares más pequeños y de menos importancia en su tiempo en que empezamos. María aparece en una escena verdaderamente sorprendente, ya que al mismo tiempo que parece muy sencilla, significa el anuncio del mayor suceso de la historia de la humanidad, en el que un enviado de Dios se le aparece para anunciarle algo verdaderamente increíble: Ella ha sido escogida para ser la madre de Jesús, que vendrá para salvar no solamente a su pueblo, sino toda la humanidad.

La Iglesia, a través del entonces Papa Benedicto XVI, en un mensaje en Loreto, Italia, el primero de septiembre de 2007 nos dice que “nada es imposible para quien se fía de Dios y se entrega a Dios. Mirad a la joven María. El ángel le propuso algo realmente inconcebible: participar del modo más comprometedor posible en el más grandioso de los planes de Dios, la salvación de la humanidad. Como hemos escuchado en el Evangelio, ante esa propuesta María se turbó, pues era consciente de la pequeñez de su ser frente a la omnipotencia de Dios, y se preguntó: ¿Cómo es posible? ¿Por qué precisamente yo? Sin embargo, dispuesta a cumplir la voluntad divina, pronunció prontamente su “sí”, que cambió su vida y la historia de la humanidad entera. Gracias a su “sí” hoy también nosotros nos encontramos reunidos esta tarde”.

María aparecerá en pocos pasajes de las Sagradas Escrituras, pero en todos ellos tendrá siempre un papel muy importante. Así, la vemos en el nacimiento de Jesús, marchando a Egipto con José para salvar al niño y a su regreso llevándolo a Jerusalén a los doce años, y ya tiempo después cuando, José ha ido al reposo eterno, la encontramos en una escena familiar, donde Jesús y ella han sido invitados a una boda, e interviene por iniciativa propia para que Jesús realice su primer milagro, lo que significa que ella ya sabía que su Hijo estaba destinado a una obra maravillosa; y este primer milagro está orientado a ayudar a la nueva familia que se estaba formando; y, en este sentido, podemos darnos cuenta que la Virgen se preocupaba por aquellas cosas aparentemente sencillas, pero que significaban mucho para sus amigos.

María, como dicen también las Escrituras, guardaba todo en su corazón, lo que significa que en realidad estaba siempre pendiente de todo lo que su Hijo enseñaba, y esto nos lleva a reflexionar sobre la importancia de estar siempre pendientes de las enseñanzas de Jesús, independientemente de todos los deberes que nos envuelven en otras actividades diarias.

Por ello el Papa Francisco nos dice que "en el contexto del Evangelio de Lucas, la mención del corazón noble y generoso, que escucha y guarda la Palabra, es un retrato implícito de la fe de la Virgen María. El mismo evangelista habla de la memoria de María, que conservaba en su corazón todo lo que escuchaba y veía, de modo que la Palabra diese fruto en su vida. La Madre del Señor es icono perfecto de la fe, como dice santa Isabel: “Bienaventurada la que ha creído”.

María estará siempre presente en los momentos más importantes, acompañará a Jesús en el Cenáculo, en el camino a la Cruz, y después, junto con los apóstoles, se ve llena del Espíritu Santo y los animará en la gran misión que su hijo les encomendaría.

El ejemplo de María, que es de fe, obediencia, compromiso, trabajo y aceptación del dolor, es una enseñanza que trasciende al tiempo y a las situaciones que el contexto de cada etapa histórica va imponiendo, porque estas virtudes son las que deberíamos tener todos los hombres y mujeres de esta época que presume de mucha ciencia y de logros tecnológicos, pero que está llena de injusticias, de violencia y de lo más peligroso, que son las trampas intelectuales que pretenden confundir el bien con el mal, y aun presenta atrocidades, como el aborto, como si fueran un derecho.

Si todos y cada uno de nosotros y la sociedad en su conjunto actuáramos como lo hizo María, sin grandes aspavientos, pero con apego total a las enseñanzas de Jesús, se podría afirmar, sin lugar a dudas, que todos trabajaríamos porque nuestras familias fueran felices, nuestros hijos se sintieran amados por Dios, nuestros amigos estuvieran seguros de que siempre contarían con nosotros; los políticos, empresarios, y todos que tienen autoridad, la usarían para asegurar que la justicia y las oportunidades llegan a todos.

Miremos a María en su fidelidad y virtudes, y ya que Jesús nos la dejó como madre al pie de la cruz encomendémonos ella y pidámosle fortaleza para caminar siempre cercanos a Jesús.

Las doce virtudes de la Virgen María

María es la mujer por excelencia de la humanidad, pues como lo dice la Constitución Lumen Gentium: “María brilla como modelo de virtud ante toda la comunidad de los elegidos”.

 Los Evangelios presentan a María adorna da de sólidas virtudes evangélicas; las virtudes que vamos a considerar resplandecieron muy notablemente en María, son dignas de cultivar en las personas de todos los tiempos como remedio a todas las situaciones de pecado.

1. Humildad de María.

La humildad es anonadarnos y confesar nuestra pequeñez en la presencia de Dios.

Que un pecador arrepentido se humille es un acto de justicia, pero que María lo haga, sin pensar en su alta dignidad, es un prodigio de humildad. (San Bernardo)

Ella siempre tuvo presente que el Hijo, al cual había llevado en su seno, había sido reducido por este hecho al último grado de abatimiento.

Tampoco olvidó las humillaciones que padeció este Dios salvador, el ejemplo del Hijo perfeccionó la humildad de la madre.

El primer carácter de humildad de María era formar un concepto verdadero de sí misma; sin embargo al hallarse llena de gracia, jamás pensó sobreponerse a ninguna criatura; pues la humildad es la verdad.

La Virgen estaba segura de no haber ofendido a Dios, pues en previsión de los méritos de Cristo, había sido preservada del pecado original; del mismo modo conocía que ella había recibido más gracias que todas las criaturas juntas, porque un corazón humilde considera los favores especiales. Al paso que la luz le descubría la infinita grandeza de Dios, la hacía conocer más su propia bajeza.

Nunca hubo criatura más elevada y perfecta que María, porque nunca hubo una que fuese más humilde.

Es acto de humildad tener ocultas las gracias del cielo, María quiso ser tan humilde que hasta a San José quiso ocultarle la gracia de ser la madre de Dios.

Es acto de humildad no presumir de las gracias dadas por Dios. María quiso ser tan humilde que no le dijo a San José, inmediatamente, que sería la madre de Dios.

Los que son humildes sirven a otros, María sirvió a Isabel por tres meses.

Los humildes no buscan ser ensalzados. Nunca se lee en el Evangelio que María se presentase en público, cuando Jesús era recibido en triunfo, mas sí lo acompañó, incluso en el calvario.

Dada la corrupción de nuestra naturaleza, no hay virtud más difícil de practicar que la humildad. Por lo cual no podemos ser hijos de María, si no somos humildes.

2. Fe y aceptación de la palabra de Dios.

 Fe es un don de Dios que el Espíritu Santo nos comunica para iluminar nuestro entendimiento y animar nuestro corazón.

Es necesaria para la salvación del hombre la obediencia de la fe a las cosas sobrenaturales:

-Para la gloria de Dios; porque es un medio de glorificarle y adorarle el creer los misterios que sobrepasan a la inteligencia.

-Por razón de la misma naturaleza humana, pues es una ventaja ser conducido por la luz de la fe, pues donde la razón no alcanza ahí comienza la fe.

-Porque el fin para que el hombre ha sido creado es sobrenatural, el trascender hacia Dios.

 Ella creyó el misterio de la Trinidad; el ángel le dijo que el niño que concebiría en su ceno, por gracia del Espíritu Santo, sería Hijo del Altísimo y ella abriendo su corazón dijo: “He aquí la esclava del Señor…”; estas palabras unen al cielo con la tierra, se da un paso más hacia nuestra salvación, pues Jesucristo toma entonces nuestra débil naturaleza.

María fue perpetua en su fe y constante en confesarla.

Llena de fortaleza no se apartó su Hijo durante la pasión y postrada ante la cruz le reconoció con la esperanza de la resurrección. Por eso le decimos: “Oh, mujer, que grande es tu fe”. (Mt. 15,28)

Esta fe de María, firme en sus principios y constante en todas las pruebas, sea modelo en nuestra fe cuando sea tambaleada por las tentaciones y dudas que nos presenta el enemigo para alejarnos del camino del Hijo de María.

Con el auxilio de la fe el hombre descubre el camino que Dios tiene para su salvación y este lo puede tomar libremente; si el hombre es infeliz es porque no ha sabido hacer lo que Jesús nos dice en su Evangelio.

María propicia con su fe el primer milagro de Jesús, María sigue repitiendo hoy: “Hagan lo que Él les diga”. (Jn. 2,5)

3. Obediencia generosa de María.

 María al conocer el plan de Dios, solo responde: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra” (Lc. 1,38)

Por orgullo decidimos no obedecer a otros, la obediencia a los hombres por respeto a Dios, es prueba de un corazón sumiso a la voluntad Divina.

 María desde su infancia se mostró obediente a la voluntad de sus padres, al desposarse con José, aunque ella era la reina del cielo y la madre de Dios, decidió obedecer a un sencillo artesano.

 Con resignación obedeció el edicto de Augusto, dejo su habitación y aunque estaba en vísperas de dar a luz, partió a Belén.

 La ley exceptuaba a María de labores comunes a las mujeres, por ser la madre de Dios, pero ella las realizaba como un deber para enseñarnos a respetar la ley.

 La virtud de la obediencia es más sublime cuando obedecemos a alguien inferior a nosotros.

La obediencia impide los malos efectos del egoísmo y los errores a los que nos llevan los lazos del demonio.

“La obediencia es de gran mérito a los ojos de Dios, es cierta manera iguala los méritos de los mártires”. (Tomás de Kempis)

4. Caridad solícita de María.

 María pronta a servir va a visitar a su prima Isabel.

El amor de María es el amor de Jesús.

El amor que Dios infunde a fin de que le amemos es el mismo que nos impulsa a amar a nuestro prójimo.

“El que ama al prójimo cumple toda la ley” (San Pablo)

 ¿No nos dio la prueba más grande de su amor al consentir ser la madre de nuestro Dios redentor?

   Algunos creen amar a su prójimo porque no les desean algo malo, ¡Qué amor tan defectuoso!, el amor perfecto es hacerles el bien, incluso a los que nos aborrecen y persiguen.

   Una madre no tiene mayores enemigos que los que atormentan y dan muerte a su Hijo, María al pie de la cruz ruega a Dios por los verdugos de su Hijo e implora la conversión, el perdón y la gracia de Dios para ellos.

    Y a nosotros nos cuesta tanto perdonar la ofensa más ligera.

  Jesucristo nos regaló como madre a la Virgen. Si una madre se interesa tanto por sus hijos, que no hará la Santísima Virgen por nuestro bien.

5. Sabiduría reflexiva.

 Hoy se ha perdido el amor al silencio y a la reflexión profunda, así el hombre no puede encontrarse con Dios ni consigo mismo; María en la anunciación “se inquietó por estas palabras y pensaba que significaría aquel saludo” (Lc. 1,29) y ella “guardaba todas estas cosas en su corazón”. (Lc. 2, 19); Así nos invita a no dejarnos llevar por los sentimientos sin antes tener una reflexión profunda.

Cuando el ángel fue a anunciarle la encarnación, la encontró en oración.

Para que en corazón se a puro, los ojos deben de ser reservados, apartándonos de todo aquello que sabemos puede poner en peligro nuestra pureza.

 La gracia de Dios la podemos dejar actuar más fácilmente si voluntariamente evitamos caer en el riesgo de perderla.

 Como María procuremos el silencio para poder así escuchar la voz de Dios en vez de la voz del mundo.

6. Piedad de María.

 La piedad es tener la voluntad pronta y fervorosa por todo aquello que nos encamina al servicio de Dios.

Después de que el ángel le dio el anuncio a la Virgen, ella profundizó más en su recogimiento e hizo más fervorosa su oración.

Si no hubiera sido por la fuerza que le daba la oración que hacía, ella también hubiera muerto al estar al pié de la cruz.

María es modelo en todos los estados; enseña a las vírgenes el amor que deben tener a la virginidad y el cuidado con que deben conservar este precioso tesoro, a las casadas, la obediencia y respeto a su santo esposo y a las viudas el espíritu de recogimiento, retiro y oración.

La verdadera devoción no consiste solamente en sentir consuelo, gusto y atractivo por las cosas espirituales, sino una voluntad dispuesta a entregarse a Dios haciendo el bien en la práctica de las virtudes en cada momento de nuestra vida ordinaria; así también lograremos mantener, conservar y aumentar nuestra piedad.

7. Paciencia y fortaleza en el destierro y en el dolor: 

María con fortaleza afronta las penalidades, no duda en huir a Egipto por su hijo, permanece firme en el dolor. Ejemplo de paciencia y serenidad.

La paciencia nos hace soportar con resignación y calma los males de esta vida, persecuciones, injurias, pérdida de bienes, enfermedades y hasta la muerte (San Agustín).

Siendo las penas el patrimonio de las almas amadas por Dios, no es regular que hubiese dejado sin ellas a ala que escogió por madre.

Sus trabajos sobrepasaron a los de todos los mártires.

¡Qué dolor cuando San José quiso abandonar a María!

¡Qué dolor cuando vio nacer a su hijo en un establo!

¡Que dolor cuando vio derramarse la sangre de su hijo en la circuncisión, anuncio de su sangre que iba a derramar en la Cruz!

¡Qué fatiga al buscar asilo en Egipto, entre pueblos desconocidos e idólatras!

¡Cuál su desasosiego cuando tuvo noticias de la crueldad de Herodes!

¡Cuantas las aflicciones en los años de vida pública de su hijo!

¡Qué sentimiento al oír las imprecaciones  y blasfemias contra su hijo, las trabas para perderle!

¡Qué situación al ver próximo el sacrificio de su hijo, al verlo abandonado al poder de las tinieblas, rodeado de gente armada, atado como un malhechor, golpeado, burlado, lleno de escarnio, de tribunal en tribunal, con oprobios, maldiciones y blasfemias!

¡Inundada de dolor al ver moribundo al hijo, al escuchar “he ahí a tu hijo”, si no por una gracia especial en ese instante hubiera expirado!

Sufrió un tormento superior al dolor de todos los mártires juntos, siempre grabó en sus ojos y su corazón el recuerdo de la Pasión de su hijo.

Y nosotros nos quejamos de sufrimientos inferiores cuando bien los merecemos

 8. Pobreza llevada con dignidad y confianza en el Señor

 María entendió el “si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes y sígueme” (Lc. 19,21).

 Ella se entrega sin reservas a plan de Dios, su corazón es del Señor, por ello es sagrario de la Trinidad. María es rica en su pobreza, ella lo manifiesta en el Magnificat.    Su pobreza fue voluntaria, tomó por esposo a un descendiente de David pero que se sostenía con el trabajo de sus manos, dio a luz en un establo por obedecer una orden injusta, su hijo es envuelto en pañales entre animales. A los cuarenta días de su alumbramiento ofrece en el Templo lo que los pobres: palomas.

 Ciertamente el oro regalado por os magos pudieron enriquecerla, pero dice San Buenaventura que éste ya había pasado a manos de los pobres por la sensibilidad de María ante la miseria.

En Egipto se halló falta de recursos, en país extranjero, desconocidos, igual a su retorno.

 Después de la Ascensión de Cristo vivió en casa de San Juan. Ella nació pobre, vivió pobre y exhaló pobre, había dejado todo como los Apóstoles para seguir el camino de la Cruz.

 A sus seguidores, Dios les recomienda la pobreza para librarlos de los lazos terrenos y el afecto a las cosas para ser libres en la entrega a Dios, para apartaros del abuso de las riquezas, para que amen con pureza a Dios..

Los que tienen bienes poseerlos como si no los tuvieran, desprenderse de todo afecto, usarlo conforme a las máximas del Evangelio, derramarlos entre los pobres, y nunca adquirir un bien ilícitamente, cuando algo perdemos conformarnos con la Voluntad de Dios. Hacer de los bienes medios y no impedimentos para llegar a Dios.

9. Esperanza de María:

“Yo soy la madre de la Santa Esperanza” (Eclo. 24,24)

María vive en Jesús hasta las últimas consecuencias. Se esmera en el servicio de su hijo.

Esperanza es: virtud sobrenatural que Dios infunde en el alma cristiana para confiar en el auxilio del cielo y mediante las buenas obas alcanzar la vida eterna.

Debe ser firme y constante para que sea virtud cristiana, no excluye el temor o incertidumbre de nuestra salvación, pero cuanto mayor la virtud, menor el temor.      Produce confianza.

María se entregó en manos de Dios cuando José quiso dejarla por ignorar lo de su embarazo, no dudó que esto fuera para mayor gloria de Dios.

Ella esperó que su hijo salvaría al linaje humano y reinaría en cielo y tierra aún viéndolo en manos de los verdugos y la muerte, nunca dudó que su hijo resucitaría.

-Ella nunca sintió que Dios se alejaba de ella en la tribulación.

-Nunca abandonó la oración y la penitencia y adhesión a la voluntad divina.

10. Amor ardiente de María a Dios:

 El amor a Dios fue incomparable del amor de María a otras personas, conoció la bondad, hermosura y perfección de Dios, cuanto más las conocía más las amaba, no hubo criatura que hubiese conocido más perfectamente a Dios que María, nadie recibió tantas gracias como María y nadie es tan agradecido con Dios como Ella, el amor era sin límites ni medida de ambas partes.

Prueba de su amor a Dios que la consumía es las alabanzas del Magnificat. Su amor se reflejaba en la exacta observancia de los preceptos y consejos, jamás cometió la falta mas leve, siempre con la intención de agradar y servir a Dios, de allí su paciencia ante tantas dificultades. El que ama sufre siempre voluntariamente y con gusto por el objeto de su amor, ni su sueño interrumpía su amor a Dios, sus ocupaciones lejos de apartarla de ese amor, la acercaban. Hizo solo lo que más agradable había para Dios. El amor es o mismo que la caridad, es la virtud más excelente que de ella debemos aprender.

 No hay que desear nada que se oponga a la Divina Voluntad, el amor ha de ser nuestro motor de conducta, observando os mandamientos, viviendo una entrega total al Señor.

11. Modestia de María:

 Modestia: Virtud que arregla el exterior el hombre y emana de un interior bien arreglado. El vestido, el reír, el andar, dice la Sagrada Escritura anuncian lo que hay en el interior del hombre, así como la sabiduría que reina en su corazón. Los actos exteriores son muestra de os interiores y si éstos están arreglados, son prueba del orden que tiene el hombre en su interior.

La Virgen María fue un perfecto modelo de modestia; sus sentidos los guiaba por la razón, los modales de su cuerpo eran serios y decentes, San Epitafio dice: “su modestia parecía ante los hombres un prodigio que hacía decir que no se había visto otro semejante”.

Todo parecía en Ella algo sobrehumano y celestial dando a entender que el  Creador la preparaba para grandes cosas haciéndola la más perfecta de todas las criaturas.

¿Quién podrá ser tan modesto, pudoroso y decente como María en sus discursos y acciones? Todas éstas virtudes concurrían a darle un imperio sobre sí misma, felices nosotros si adquirimos las virtudes que le dieron la perfección a María.

La falta de modestia debilita las demás virtudes así que nos pide dominar nuestra lengua mediante la prudencia. La cordura exige buscar la oportunidad adecuada para hablar. La prudencia trata de evitar palabras vanas, la caridad prohíbe herir al prójimo pues la palabra puede causar daños irreparables, si éstas virtudes las aunamos a la modestia les aumentará su mérito y brillo. Por el contrario sin modestia se doblarán las virtudes y se puede caer en vicio.

Ésta virtud resplandeció en María, sobre todo en su amor al silencio, a fin de entregarse solo a Dios; sin embargo, algunas veces interrumpía este silencio para glorificar a Dios en el prójimo.

Imitemos a María que después de Jesucristo es el modelo más perfecto.

12.Pureza virginal de María:

María desde pequeña se consagró enteramente al Señor mediante la virginidad. Pues sabía que Dios es la misma pureza por esencia.

Este sacrifico resalta su generosidad, pues las mujeres estériles estaban marcadas por la ignominia, a María no le importaba el que dirán, solo le interesa la aprobación de Dios, pues Él es superior a todos los hombres.

Por esto al anunciarle el ángel que sería madre del Hijo de Dios, aceptó luego de saber que su maternidad no menoscabaría su voto de virginidad.

“María será virgen y madre a un mismo tiempo; será bendita entre todas las mujeres y bendito el Fruto de sus castas entrañas” (San Bernardo).

Dos cosas propuso Dios a María en su voto de virginidad; quiso que María le sirviera con toda perfección dando así a LA Iglesia el mejor modelo de una pureza sin mancha; así mismo quiso que María fuera la primera en presentar a los hombres este hermoso ejemplo de virginidad.

La Iglesia vio pronto la belleza de las virtudes de continencia y virginidad profesadas por muchas personas que vivían el la tierra a imagen de la pureza de las ángeles.

Dios nos manda ser santos como Él es Santo por eso hemos de trabajar para adquirir la pureza con ayuda de la divina gracia.

Para imitar a María hemos de evitar todo lo que puede manchar LA PUREZA, lo cual podremos lograr mediante la mortificación de nuestros sentidos y pasiones, entregándonos constantemente a la oración, huyendo de ocasiones y peligros que pueden menoscabar esta virtud, así como desconfiar e nosotros mismos y confiar plenamente en la gracia de Dios.
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Articulo Revisado: María de Nazaret, el unico modelo en el Día Mundial de la Mujer Trabajadora Puntaje: 5 Reviesado por: Diocesis de Celaya