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5/11/2021 10:38:00 a. m.
, 11 May. 21 (ACI Prensa).- El Director del Foro de la Familia aseguró que la decisión del Gobierno de España de dejar de expedir el Libro de Familia desde el pasado 1 de mayo supone “un nuevo asalto ideológico en contra de la familia” y precisó que “resulta evidente el interés de este Gobierno por menospreciar a la Familia en cada ocasión que se le presenta".

El pasado 1 de mayo España dejaba de expedir el Libro de Familia, un documento que acredita las relaciones de parentesco en España y que se sustituye por un registro individual que se abre a cada recién nacido al que le corresponde un código personal y en el que se le inscriben los datos personales de la vida del individuo.

En ese registro individual figurarán los datos personales de la vida del individuo así como los hechos relativos a la identidad, el estado civil y se anotarán “continuada, sucesiva y cronológicamente” todos los hechos y actos que tengan acceso al Registro Civil. 

Esta decisión podría interpretarse como un mero trámite pero que esconde un concepto de la sociedad individualista. Mons. Luis Argüello, portavoz de la Conferencia Episcopal Española aseguró entonces que aunque podría parecer “sólo un cambio burocrático” es “síntoma y símbolo de la falta de reconocimiento institucional de la familia”. 

Una opinión que Javier Rodríguez, Director del Foro de la Familia comparte, porque aseguró a ACI Prensa que "con la excusa de la necesaria transformación digital, el Gobierno ha optado por el individualismo, el desarraigo y la ruptura de todo lo relacionado con la institución familiar en lugar de pasar el Libro de Familia tal cual a formato electrónico, con un sistema de accesibilidad fácil para cada miembro de la misma familia, asociado al DNI de cada uno”.

“Después de años atendiendo a las propuestas del Ejecutivo actual, no es aventurado afirmar que esta medida supone un nuevo asalto ideológico en contra de la Familia, es decir, que es una medida coherente con el resto de las actuaciones de este Gobierno”, destacó Rodríguez. 

Cabe recordar que el Gobierno de España está liderado por Pedro Sánchez y formado por una coalición entre el PSOE (socialistas) y Podemos (extrema izquierda). 

El Director del Foro de la Familia también explicó que “la digitalización del Libro de Familia con acceso individualizado al mismo para cada miembro de la familia hubiese sido igual de práctico, aligerando anticuadas cargas burocráticas y problemas derivados de la necesidad de guardar de por vida un único documento en papel”.

Y que "las únicas implicaciones para el futuro que vemos no en la digitalización del Libro de Familia, sino en su eliminación, son las de ahondar más en el individualismo y en la deriva de ruptura con todo lo heredado, resulte esto último beneficioso para el conjunto de la sociedad -como es el caso- o no”. 

En ese sentido Rodríguez precisa que esta decisión del Gobierno de España está en consonancia con otras normas que también atacan a la familia, como la eliminación de la ayuda por hijo a cargo o la posibilidad de presentar la declaración conjunta del IRPF; inspiradas en la merma de derechos y libertades básicas de familias en los que también incurre la "Ley Celaá (LOMLOE). 

“Presentan a la Familia como maltratadora en potencia, y al Estado como salvador, en el espíritu de la Ley de Protección A La Infancia y la Adolescencia; las que borran de la ecuación a los padres con hijos menores a cargo y dificultades económicas cuando les niegan ayudas y hablan exclusivamente de pobreza infantil; etc”, aseguró. 

“Resulta evidente el interés de este Gobierno por menospreciar a la Familia en cada ocasión que se le presenta, en pro de una "ciudadanía" individualista, desarraigada, consumidora de corrientes de moda y, no tan a la larga, más fácilmente manipulable”, declaró. 

Además adelantó que con motivo del Día de la Familia, el próximo 15 de mayo, el Foro de la Familia llevará a cabo la campaña #FUERADEMICASA. 

5/11/2021 09:38:00 a. m.
VATICANO, 11 May. 21 (ACI Prensa).- En la presentación del ministerio laical de catequista instituido por el Papa Francisco con el Motu proprio “Antiquum ministerium”, el presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Mons. Rino Fisichella, señaló que el nuevo ministerio laical no debe confundirse con otros ministerios -como el del lectorado y del acolitado- ni mucho menos abarcará tareas específicas del orden diaconal, presbiteral o episcopal.

Al describir que el nuevo ministerio de catequista tiene una dimensión vocacional y que estará al servicio del obispo de cada Diócesis, Mons. Fisichella pidió no caer en ninguna forma de clericalismo ya que se trata de un ministerio instituido para los fieles laicos.

“No cabe duda de que la institución de este ministerio, junto con el del acolitado y del lectorado, permitirá tener un laicado mejor formado y preparado en la transmisión de la fe”, advirtió el prelado.

Por ello, el arzobispo indicó que “este servicio, sin embargo, debe vivirse de forma ‘secular’ sin caer en formas de clericalismo que empañen la verdadera identidad del ministerio, que debe expresarse no principalmente en el ámbito litúrgico, sino en el ámbito específico de la transmisión de la fe mediante el anuncio y la enseñanza sistemática”.

En esta línea, la autoridad vaticana destacó la importancia de la formación de los catequistas que “no pueden ser improvisados, porque el compromiso de transmitir la fe, además del conocimiento de sus contenidos, requiere un encuentro personal previo con el Señor” y que se debe tener siempre presente que “quien ejerce el ministerio de catequista sabe que habla en nombre de la Iglesia y transmite la fe de la Iglesia”.

De este modo, Mons. Fisichella reconoció que “es evidente que no todos los que hoy son catequistas podrán acceder al ministerio de catequista” ya que este ministerio “está reservado a quienes cumplen ciertos requisitos que el Motu proprio enumera” como el de la “dimensión vocacional para servir a la Iglesia donde el obispo lo considere más cualificado”.

“El ministerio no se da para la gratificación personal, sino para el servicio que se pretende prestar a la Iglesia local y a servicio de donde el obispo considere necesaria la presencia del catequista”, agregó el presidente del Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva Evangelización, oficina vaticana que tiene la competencia de monitorear la catequesis en todo el mundo.

En esta línea, Mons. Fisichella subrayó que este Pontificio Consejo se pone a disposición de las Conferencias Episcopales para asesorar, pero remarcó que el proceso directo de institución y formación del ministerio del catequista será de responsabilidad de cada Diócesis.

“La institución del catequista a través del rito se llevará a cabo directamente por parte del obispo porque el catequista estará al servicio del obispo, estará al servicio de la Diócesis. Esto significa que, si el obispo necesita del ministro catequista en otra parroquia, en otra zona de la Diócesis, lo llamará, y no solo para realizar la instrucción catequística, sino para organizar la catequesis, formar a los catequistas, etc. Es necesario respetar la dimensión vocacional de la institución del ministerio laical”, reiteró el prelado.

Además, la autoridad vaticana recordó que la Iglesia Católica cuenta con “un ejército real” de millones y millones de catequistas que “con buena voluntad, todos los días y en el cansancio cotidiano, llevan adelante la transmisión de la fe a través de la instrucción de la catequesis, a través de la formación de los catecúmenos adultos, la preparación de las parejas al matrimonio” así como también existen “catequistas que acompañan a las jóvenes parejas cuando se preparan antes del Bautismo de los hijos, también experiencias de catequesis a los padres cuando acompañan a sus hijos a recibir la Primera Comunión y la Confirmación”.

Al referirse a la preparación al Matrimonio, el arzobispo pidió no utilizar el término “curso prematrimonial” porque “no se hacen ‘cursos prematrimoniales’, sino que es una catequesis para prepararse a recibir el Sacramento del Matrimonio”.

Ante la pregunta que relacionaba el nuevo ministerio laical con el debate sobre el diaconado femenino y la ordenación de los viri probati, Mons. Fisichella resaltó que “cada carisma en la Iglesia, cada ministerio en la Iglesia tiene su peculiaridad” y pidió por lo tanto “no confundir los ámbitos” como si uno supliera o limitara al otro y recordó que “existe una teología de los ministerios que ayuda a descubrir la peculiaridad de cada ministerio, no solamente aquel ordenado (episcopado, presbiterado y diaconado) sino también aquel típicamente laical”.

En este sentido, la autoridad vaticana dijo que “la institución del ministerio del catequista quiere valorizar la figura del catequista” y se enmarca “históricamente en este momento, después de la publicación del Directorio de la Catequesis”. Es decir, “se trata de un ulterior paso, que da mayor identidad a un ministerio reconocido en el interior de la comunidad cristiana”.

Finalmente, Mons. Fisichella relató que la institución del nuevo ministerio del catequista se realiza después de un proceso de estudio que duró más de cinco años en el cual se consultaron también a diferentes conferencias episcopales y en el que realizaron momentos de estudio entre expertos.

Por su parte, el delegado para la catequesis del Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva Evangelización, Mons. Franz-Peter Tebartz-van Elst, subrayó que “el ministerio del catequista se opone a una clericalización de los laicos y a una laicización del clero” y que el Motu proprio del Papa “se refiere claramente al peligro de que la definición del perfil del ministerio del catequista lleve a una nueva forma de clericalización”.

Por último, Mons. Tebartz-van Elst describió que “el ministerio del catequista es un servicio que se adquiere con una formación específica y sólida” por lo que “la calidad del ministerio catequética se garantiza solo cuando el catequista está acompañado y cualificado para esta vocación y tarea específica”.

“En el sexto punto del nuevo Motu proprio, el Papa Francisco subraya que el catequista no debe asumir principalmente tareas o litúrgicas o pastorales o responsabilidades de otros ministerios, sino que él mismo es en su testimonio maestro y mistagogo, compañero y pedagogo de su propia vocación y talento, evangelicamente entendido”, concluyó el delegado para la catequesis del Vaticano quien recordó también la publicación del Motu proprio de San Pablo VI “Ministeria quaedam” sobre los ministerios laicos instituidos.

5/11/2021 06:38:00 a. m.
, 11 May. 21 (ACI Prensa).- El papa Francisco ha nombrado a Mons. Joseba Segura Etxezarraga, Obispo de Bilbao (España).  

Mons. Segura era hasta ahora Obispo auxiliar y administrador diocesano de la diócesis de Bilbao, que se encontraba vacante tras el traslado de Mons. Mario Iceta a la diócesis de Burgos, sede de la que tomó posesión el 5 de diciembre de 2020.

Mons. Joseba Segura nombrado obispo de Bilbao https://t.co/XNKGF9NgVJ

— Bilboko Elizbarrutia (@DiocesisBilbao) May 11, 2021

Mons. Segura agradeció al Papa Francisco por la confianza depositada en él y declaró que “no están los tiempos ni para aplausos, ni para alegrarse en dignidades”. 

También precisó que “espero que esta sea una buena noticia, no para mí, sino para esta comunidad de fe a la que siempre he pertenecido y que ahora me recibe como Obispo”, aseguró Mons. Segura, según recoge la web de la Diócesis de Bilbao. 

Además manifestó su “deseo sincero de imitar cada vez más y mejor al corazón transparente y generoso de Jesús” y su confianza en Cristo “que me ha traído hasta aquí” y a la Virgen de Begoña “que protege y acompaña a nuestra Iglesia”. 

Según informa la Diócesis de Bilbao, la toma de posesión será el próximo 3 de julio a las 11:00 am en la catedral de Santiago Apóstol, en Bilbao. 

Será el séptimo obispo de Bilbao, desde la creación de la diócesis en 1950. 

Breve biografía

Mons. Joseba Segura nació en Bilbao el 10 de mayo de 1958 en Rekalde, Bilbao (España). Ingresó en el seminario de Bilbao a los 17 años. Fue ordenado sacerdote el 4 de enero de 1985. Es licenciado en Psicología (1983) y doctor en Teología (1989) por la Universidad de Deusto, Bilbao (España). Entre 1992 y 1996 realizó un Máster en Economía en el Boston College de Estados Unidos.

Desarrolló su ministerio sacerdotal en la diócesis de Bilbao, aunque entre 2006 y 2017 estuvo en Ecuador, trabajando pastoralmente en Quito y como miembro de Cáritas nacional de Ecuador. 

El 12 de febrero de 2019 se hizo público su nombramiento como Obispo auxiliar de Bilbao y el 6 de abril del mismo año fue ordenado obispo. Desde el 6 de diciembre de 2020 es también administrador diocesano.

En la Conferencia Episcopal Española Mons. Segura es miembro del Consejo de Economía desde marzo de 2020, también pertenece a la Comisión Episopcal para las Misiones y la Cooperación con las Iglesias desde noviembre de 2019.

5/11/2021 06:38:00 a. m.
VATICANO, 11 May. 21 (ACI Prensa).- El Papa Francisco instituyó el ministerio laical de catequista con la carta apostólica en forma Motu proprio “Antiquum ministerium” (antiguo ministerio) en la que también solicitó la elaboración de un itinerario de formación, los criterios normativos para acceder al ministerio y publicar el rito de institución de tal ministerio laical.

Este nuevo Motu proprio fue firmado por el Santo Padre en la fiesta memoria litúrgica de San Juan de Ávila y fue difundido por el Vaticano este 11 de mayo.

En la carta apostólica “Antiquum ministerium” el Papa Francisco describió cómo el ministerio de catequista en la Iglesia es muy antiguo pues “los primeros ejemplos se encuentran ya en los escritos del Nuevo Testamento” y destacó que “desde sus orígenes, la comunidad cristiana ha experimentado una amplia forma de ministerialidad que se ha concretado en el servicio de hombres y mujeres que, obedientes a la acción del Espíritu Santo, han dedicado su vida a la edificación de la Iglesia”.

“Una mirada a la vida de las primeras comunidades cristianas que se comprometieron en la difusión y el desarrollo del Evangelio, también hoy insta a la Iglesia a comprender cuáles puedan ser las nuevas expresiones con las que continúe siendo fiel a la Palabra del Señor para hacer llegar su Evangelio a toda criatura”, indicó.

En esta línea, el Papa subrayó que “toda la historia de la evangelización de estos dos milenios muestra con gran evidencia lo eficaz que ha sido la misión de los catequistas” ya que “obispos, sacerdotes y diáconos, junto con tantos consagrados, hombres y mujeres, dedicaron su vida a la enseñanza catequética a fin de que la fe fuese un apoyo válido para la existencia personal de cada ser humano”.

Además, el Santo Padre advirtió que “no se puede olvidar a los innumerables laicos y laicas que han participado directamente en la difusión del Evangelio a través de la enseñanza catequística. Hombres y mujeres animados por una gran fe y auténticos testigos de santidad que, en algunos casos, fueron además fundadores de Iglesias y llegaron incluso a dar su vida”.

En este sentido, el Papa recordó que “la larga lista de beatos, santos y mártires catequistas ha marcado la misión de la Iglesia, que merece ser conocida porque constituye una fuente fecunda no solo para la catequesis, sino para toda la historia de la espiritualidad cristiana”.

Asimismo, el Santo Padre subrayó que “la misión propia del Obispo es la de ser el primer catequista en su Diócesis junto al presbiterio, con el que comparte la misma cura pastoral, y a la particular responsabilidad de los padres respecto a la formación cristiana de sus hijos” y añadió que también “es necesario reconocer la presencia de laicos y laicas que, en virtud del propio bautismo, se sienten llamados a colaborar en el servicio de la catequesis”.

Ante esto, el Papa describió que el catequista “está llamado en primer lugar a manifestar su competencia en el servicio pastoral de la transmisión de la fe, que se desarrolla en sus diversas etapas: desde el primer anuncio que introduce al kerygma, pasando por la enseñanza que hace tomar conciencia de la nueva vida en Cristo y prepara en particular a los sacramentos de la iniciación cristiana, hasta la formación permanente que permite a cada bautizado estar siempre dispuesto a dar respuesta a todo el que les pida dar razón de su esperanza”.

Al mismo tiempo, el Santo Padre destacó que el catequista también es “testigo de la fe, maestro y mistagogo, acompañante y pedagogo que enseña en nombre de la Iglesia” por lo que es necesario que se realice “con coherencia y responsabilidad mediante la oración, el estudio y la participación directa en la vida de la comunidad”.

Sobre el nuevo ministerio laical de catequesis, el Papa señaló que “da mayor énfasis al compromiso misionero propio de cada bautizado, que en todo caso debe llevarse a cabo de forma plenamente secular sin caer en ninguna expresión de clericalización”.

Por ello, el Santo Padre indicó que este ministerio “posee un fuerte valor vocacional que requiere el debido discernimiento por parte del Obispo y que se evidencia con el Rito de Institución” y agregó que se trata de “un servicio estable que se presta a la Iglesia local según las necesidades pastorales identificadas por el Ordinario del lugar, pero realizado de manera laical como lo exige la naturaleza misma del ministerio”.

“Es conveniente que al ministerio instituido de catequista sean llamados hombres y mujeres de profunda fe y madurez humana, que participen activamente en la vida de la comunidad cristiana, que puedan ser acogedores, generosos y vivan en comunión fraterna, que reciban la debida formación bíblica, teológica, pastoral y pedagógica para ser comunicadores atentos de la verdad de la fe, y que hayan adquirido ya una experiencia previa de catequesis”, explicó.

De este modo, el Papa advirtió que se requiere que los catequistas “sean fieles colaboradores de los sacerdotes y los diáconos, dispuestos a ejercer el ministerio donde sea necesario, y animados por un verdadero entusiasmo apostólico”.

Finalmente, el Santo Padre pidió a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicar en breve el Rito de Institución del ministerio laical de catequista; a las Conferencias Episcopales “a hacer efectivo el ministerio de catequista, estableciendo el necesario itinerario de formación y los criterios normativos para acceder a él, encontrando las formas más coherentes para el servicio que ellos estarán llamados a realizar en conformidad con lo expresado en esta carta apostólica”.

Para leer el texto completo del Motu proprio “Antiquum ministerium”  haga click AQUÍ.

5/11/2021 05:38:00 a. m.
VATICANO, 11 May. 21 (ACI Prensa).- El Papa Francisco instituyó el ministerio laical de catequista con la carta apostólica en forma de Motu proprio titulada Antiquum ministerium (antiguo ministerio).

“El Catequista, en efecto, está llamado en primer lugar a manifestar su competencia en el servicio pastoral de la transmisión de la fe, que se desarrolla en sus diversas etapas: desde el primer anuncio que introduce al kerygma, pasando por la enseñanza que hace tomar conciencia de la nueva vida en Cristo y prepara en particular a los sacramentos de la iniciación cristiana, hasta la formación permanente que permite a cada bautizado estar siempre dispuesto a dar respuesta a todo el que les pida dar razón de su esperanza”, destacó el Santo Padre.

A continuación, el texto completo del Motu Proprio “Antiquum ministerium”:

1. El ministerio de Catequista en la Iglesia es muy antiguo. Entre los teólogos es opinión común que los primeros ejemplos se encuentran ya en los escritos del Nuevo Testamento. El servicio de la enseñanza encuentra su primera forma germinal en los “maestros”, a los que el Apóstol hace referencia al escribir a la comunidad de Corinto: «Dios dispuso a cada uno en la Iglesia así: en primer lugar están los apóstoles; en segundo lugar, los profetas, y en tercer lugar, los maestros; enseguida vienen los que tienen el poder de hacer milagros, luego los carismas de curación de enfermedades, de asistencia a los necesitados, de gobierno y de hablar un lenguaje misterioso. ¿Acaso son todos apóstoles?, ¿o todos profetas?, ¿o todos maestros?, ¿o todos pueden hacer milagros?, ¿o tienen todos el carisma de curar enfermedades?, ¿o hablan todos un lenguaje misterioso?, ¿o todos interpretan esos lenguajes? Prefieran los carismas más valiosos. Es más, les quiero mostrar un carisma excepcional» (1 Co 12,28-31).

El mismo Lucas al comienzo de su Evangelio afirma: «También yo, ilustre Teófilo, investigué todo con cuidado desde sus orígenes y me pareció bien escribirte este relato ordenado, para que conozcas la solidez de las enseñanzas en que fuiste instruido» (1,3-4). El evangelista parece ser muy consciente de que con sus escritos está proporcionando una forma específica de enseñanza que permite dar solidez y fuerza a cuantos ya han recibido el Bautismo. El apóstol Pablo vuelve a tratar el tema cuando recomienda a los Gálatas: «El que recibe instrucción en la Palabra comparta todos los bienes con su catequista» (6,6). El texto, como se constata, añade una peculiaridad fundamental: la comunión de vida como una característica de la fecundidad de la verdadera catequesis recibida.

2. Desde sus orígenes, la comunidad cristiana ha experimentado una amplia forma de ministerialidad que se ha concretado en el servicio de hombres y mujeres que, obedientes a la acción del Espíritu Santo, han dedicado su vida a la edificación de la Iglesia. Los carismas, que el Espíritu nunca ha dejado de infundir en los bautizados, encontraron en algunos momentos una forma visible y tangible de servicio directo a la comunidad cristiana en múltiples expresiones, hasta el punto de ser reconocidos como una diaconía indispensable para la comunidad.

El apóstol Pablo se hace intérprete autorizado de esto cuando atestigua: «Existen diversos carismas, pero el Espíritu es el mismo. Existen diversos servicios, pero el Señor es el mismo. Existen diversas funciones, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos. A cada uno, Dios le concede la manifestación del Espíritu en beneficio de todos. A uno, por medio del Espíritu, Dios le concede hablar con sabiduría, y a otro, según el mismo Espíritu, hablar con inteligencia. A uno, Dios le concede, por el mismo Espíritu, la fe, y a otro, por el único Espíritu, el carisma de sanar enfermedades. Y a otros hacer milagros, o la profecía, o el discernimiento de espíritus, o hablar un lenguaje misterioso, o interpretar esos lenguajes. Todo esto lo realiza el mismo y único Espíritu, quien distribuye a cada uno sus dones como él quiere» (1 Co 12,4-11).

Por lo tanto, dentro de la gran tradición carismática del Nuevo Testamento, es posible reconocer la presencia activa de bautizados que ejercieron el ministerio de transmitir de forma más orgánica, permanente y vinculada a las diferentes circunstancias de la vida, la enseñanza de los apóstoles y los evangelistas (cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Dei Verbum, 8). La Iglesia ha querido reconocer este servicio como una expresión concreta del carisma personal que ha favorecido grandemente el ejercicio de su misión evangelizadora. Una mirada a la vida de las primeras comunidades cristianas que se comprometieron en la difusión y el desarrollo del Evangelio, también hoy insta a la Iglesia a comprender cuáles puedan ser las nuevas expresiones con las que continúe siendo fiel a la Palabra del Señor para hacer llegar su Evangelio a toda criatura.

3. Toda la historia de la evangelización de estos dos milenios muestra con gran evidencia lo eficaz que ha sido la misión de los catequistas. Obispos, sacerdotes y diáconos, junto con tantos consagrados, hombres y mujeres, dedicaron su vida a la enseñanza catequética a fin de que la fe fuese un apoyo válido para la existencia personal de cada ser humano. Algunos, además, reunieron en torno a sí a otros hermanos y hermanas que, compartiendo el mismo carisma, constituyeron Órdenes religiosas dedicadas completamente al servicio de la catequesis.

No se puede olvidar a los innumerables laicos y laicas que han participado directamente en la difusión del Evangelio a través de la enseñanza catequística. Hombres y mujeres animados por una gran fe y auténticos testigos de santidad que, en algunos casos, fueron además fundadores de Iglesias y llegaron incluso a dar su vida.

También en nuestros días, muchos catequistas capaces y constantes están al frente de comunidades en diversas regiones y desempeñan una misión insustituible en la transmisión y profundización de la fe. La larga lista de beatos, santos y mártires catequistas ha marcado la misión de la Iglesia, que merece ser conocida porque constituye una fuente fecunda no sólo para la catequesis, sino para toda la historia de la espiritualidad cristiana.

4. A partir del Concilio Ecuménico Vaticano II, la Iglesia ha percibido con renovada conciencia la importancia del compromiso del laicado en la obra de la evangelización. Los Padres conciliares subrayaron repetidamente cuán necesaria es la implicación directa de los fieles laicos, según las diversas formas en que puede expresarse su carisma, para la “plantatio Ecclesiae” y el desarrollo de la comunidad cristiana. «Digna de alabanza es también esa legión tan benemérita de la obra de las misiones entre los gentiles, es decir, los catequistas, hombres y mujeres, que llenos de espíritu apostólico, prestan con grandes sacrificios una ayuda singular y enteramente necesaria para la propagación de la fe y de la Iglesia. En nuestros días, el oficio de los Catequistas tiene una importancia extraordinaria porque resultan escasos los clérigos para evangelizar tantas multitudes y para ejercer el ministerio pastoral» (CONC. ECUM. VAT. II, Decr. Ad gentes, 17).

Junto a la rica enseñanza conciliar, es necesario referirse al constante interés de los Sumos Pontífices, del Sínodo de los Obispos, de las Conferencias Episcopales y de los distintos Pastores que en el transcurso de estas décadas han impulsado una notable renovación de la catequesis. El Catecismo de la Iglesia Católica, la Exhortación apostólica Catechesi tradendae, el Directorio Catequístico General, el Directorio General para la Catequesis, el reciente Directorio para la Catequesis, así como tantos Catecismos nacionales, regionales y diocesanos, son expresión del valor central de la obra catequística que pone en primer plano la instrucción y la formación permanente de los creyentes.

5. Sin ningún menoscabo a la misión propia del Obispo, que es la de ser el primer catequista en su Diócesis junto al presbiterio, con el que comparte la misma cura pastoral, y a la particular responsabilidad de los padres respecto a la formación cristiana de sus hijos (cf. CIC c. 774 §2; CCEO c. 618), es necesario reconocer la presencia de laicos y laicas que, en virtud del propio bautismo, se sienten llamados a colaborar en el servicio de la catequesis (cf. CIC c. 225; CCEO cc. 401. 406).

En nuestros días, esta presencia es aún más urgente debido a la renovada conciencia de la evangelización en el mundo contemporáneo (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 163-168), y a la imposición de una cultura globalizada (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 100. 138), que reclama un auténtico encuentro con las jóvenes generaciones, sin olvidar la exigencia de metodologías e instrumentos creativos que hagan coherente el anuncio del Evangelio con la transformación misionera que la Iglesia ha emprendido. Fidelidad al pasado y responsabilidad por el presente son las condiciones indispensables para que la Iglesia pueda llevar a cabo su misión en el mundo.

Despertar el entusiasmo personal de cada bautizado y reavivar la conciencia de estar llamado a realizar la propia misión en la comunidad, requiere escuchar la voz del Espíritu que nunca deja de estar presente de manera fecunda (cf. CIC c. 774 §1; CCEO c. 617). El Espíritu llama también hoy a hombres y mujeres para que salgan al encuentro de todos los que esperan conocer la belleza, la bondad y la verdad de la fe cristiana. Es tarea de los Pastores apoyar este itinerario y enriquecer la vida de la comunidad cristiana con el reconocimiento de ministerios laicales capaces de contribuir a la transformación de la sociedad mediante «la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico» (Evangelii gaudium, 102).

6. El apostolado laical posee un valor secular indiscutible, que pide «tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios» (CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 31). Su vida cotidiana está entrelazada con vínculos y relaciones familiares y sociales que permiten verificar hasta qué punto «están especialmente llamados a hacer presente y operante a la Iglesia en aquellos lugares y circunstancias en que sólo puede llegar a ser sal de la tierra a través de ellos» (Lumen gentium, 33). Sin embargo, es bueno recordar que además de este apostolado «los laicos también pueden ser llamados de diversos modos a una colaboración más inmediata con el apostolado de la Jerarquía, al igual que aquellos hombres y mujeres que ayudaban al apóstol Pablo en la evangelización, trabajando mucho por el Señor» (Lumen gentium, 33).

La particular función desempeñada por el Catequista, en todo caso, se especifica dentro de otros servicios presentes en la comunidad cristiana. El Catequista, en efecto, está llamado en primer lugar a manifestar su competencia en el servicio pastoral de la transmisión de la fe, que se desarrolla en sus diversas etapas: desde el primer anuncio que introduce al kerygma, pasando por la enseñanza que hace tomar conciencia de la nueva vida en Cristo y prepara en particular a los sacramentos de la iniciación cristiana, hasta la formación permanente que permite a cada bautizado estar siempre dispuesto a «dar respuesta a todo el que les pida dar razón de su esperanza» (1 P 3,15). El Catequista es al mismo tiempo testigo de la fe, maestro y mistagogo, acompañante y pedagogo que enseña en nombre de la Iglesia. Una identidad que sólo puede desarrollarse con coherencia y responsabilidad mediante la oración, el estudio y la participación directa en la vida de la comunidad (cf. PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN, Directorio para la Catequesis, 113).

7. Con clarividencia, san Pablo VI promulgó la Carta apostólica Ministeria quaedam con la intención no sólo de adaptar los ministerios de Lector y de Acólito al nuevo momento histórico (cf. Carta ap. Spiritus Domini), sino también para instar a las Conferencias Episcopales a ser promotoras de otros ministerios, incluido el de Catequista: «Además de los ministerios comunes a toda la Iglesia Latina, nada impide que las Conferencias Episcopales pidan a la Sede Apostólica la institución de otros que por razones particulares crean necesarios o muy útiles en la propia región. Entre estos están, por ejemplo, el oficio de Ostiario, de Exorcista y de Catequista». La misma apremiante invitación reapareció en la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi cuando, pidiendo saber leer las exigencias actuales de la comunidad cristiana en fiel continuidad con los orígenes, exhortaba a encontrar nuevas formas ministeriales para una pastoral renovada: «Tales ministerios, nuevos en apariencia pero muy vinculados a experiencias vividas por la Iglesia a lo largo de su existencia —por ejemplo, el de catequista [...]—, son preciosos para la implantación, la vida y el crecimiento de la Iglesia y para su capacidad de irradiarse en torno a ella y hacia los que están lejos» (SAN PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 73).

No se puede negar, por tanto, que «ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia. Se cuenta con un numeroso laicado, aunque no suficiente, con arraigado sentido de comunidad y una gran fidelidad en el compromiso de la caridad, la catequesis, la celebración de la fe» (Evangelii gaudium, 102). De ello se deduce que recibir un ministerio laical como el de Catequista da mayor énfasis al compromiso misionero propio de cada bautizado, que en todo caso debe llevarse a cabo de forma plenamente secular sin caer en ninguna expresión de clericalización.

8. Este ministerio posee un fuerte valor vocacional que requiere el debido discernimiento por parte del Obispo y que se evidencia con el Rito de Institución. En efecto, éste es un servicio estable que se presta a la Iglesia local según las necesidades pastorales identificadas por el Ordinario del lugar, pero realizado de manera laical como lo exige la naturaleza misma del ministerio. Es conveniente que al ministerio instituido de Catequista sean llamados hombres y mujeres de profunda fe y madurez humana, que participen activamente en la vida de la comunidad cristiana, que puedan ser acogedores, generosos y vivan en comunión fraterna, que reciban la debida formación bíblica, teológica, pastoral y pedagógica para ser comunicadores atentos de la verdad de la fe, y que hayan adquirido ya una experiencia previa de catequesis (cf. CONC. ECUM. VAT. II, Decr. Christus Dominus, 14; CIC c. 231 §1; CCEO c. 409 §1). Se requiere que sean fieles colaboradores de los sacerdotes y los diáconos, dispuestos a ejercer el ministerio donde sea necesario, y animados por un verdadero entusiasmo apostólico.

En consecuencia, después de haber ponderado cada aspecto, en virtud de la autoridad apostólica Instituyo el ministerio laical de Catequista.

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos se encargará en breve de publicar el Rito de Institución del ministerio laical de Catequista.

9. Invito, pues, a las Conferencias Episcopales a hacer efectivo el ministerio de Catequista, estableciendo el necesario itinerario de formación y los criterios normativos para acceder a él, encontrando las formas más coherentes para el servicio que ellos estarán llamados a realizar en conformidad con lo expresado en esta Carta apostólica.

10. Los Sínodos de las Iglesias Orientales o las Asambleas de los Jerarcas podrán acoger lo aquí establecido para sus respectivas Iglesias sui iuris, en base al propio derecho particular.

11. Los Pastores no dejen de hacer propia la exhortación de los Padres conciliares cuando recordaban: «Saben que no han sido instituidos por Cristo para asumir por sí solos toda la misión salvífica de la Iglesia en el mundo, sino que su eminente función consiste en apacentar a los fieles y reconocer sus servicios y carismas de tal suerte que todos, a su modo, cooperen unánimemente en la obra común» (Lumen gentium, 30). Que el discernimiento de los dones que el Espíritu Santo nunca deja de conceder a su Iglesia sea para ellos el apoyo necesario a fin de hacer efectivo el ministerio de Catequista para el crecimiento de la propia comunidad.

Lo establecido con esta Carta apostólica en forma de “Motu Proprio”, ordeno que tenga vigencia de manera firme y estable, no obstante, cualquier disposición contraria, aunque sea digna de particular mención, y que sea promulgada mediante su publicación en L’Osservatore Romano, entrando en vigor el mismo día, y sucesivamente se publique en el comentario oficial de las Acta Apostolicae Sedis.

Dado en Roma, junto a San Juan de Letrán, el día 10 de mayo del año 2021, Memoria litúrgica de san Juan de Ávila, presbítero y doctor de la Iglesia, noveno de mi pontificado.

5/11/2021 12:38:00 a. m.
REDACCIÓN CENTRAL, 11 May. 21 (ACI Prensa).- San Francisco de Gerónimo fue un misionero jesuita al que llamaban "el apóstol de Nápoles"; célebre por su incansable trabajo en favor de la conversión de los pecadores, a quienes buscó a ejemplo del Buen Pastor que va en busca de la oveja perdida. Francisco abrió su corazón para que Dios infunda en él amor por los pobres, los enfermos y los oprimidos. Ese corazón que el Señor moldeó anunció su Palabra a tiempo y a destiempo, mediante la palabra y la acción.

Francisco de Gerónimo nació el 17 de diciembre de 1642 en Grottaglie, una ciudad del sur de Italia. A los 16 años entró al colegio de Tarento, donde permaneció bajo la tutela de la Compañía de Jesús. En aquel lugar estudió humanidades y filosofía, y tuvo tanto éxito con los estudios que el obispo lo envió a Nápoles para que asistiera a conferencias de Teología Canónica en el famoso colegio Gesu Vecchio, que por aquel entonces rivalizaba con las más grandes universidades de Europa.

El 1 de julio de 1670 ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús. Al final de su primer año de prueba, fue enviado como misionero a un lugar cercano al municipio italiano de Otranto, para poner en práctica su habilidad para la oratoria o la predicación. Allí confirmó su llamado a ser una voz que anuncie la alegría del Evangelio.

Después de 4 años de predicación en pequeños pueblos y de culminar sus estudios de teología, sus superiores lo nombraron predicador de la iglesia del Gesú Nuovo en Nápoles. Sus sermones elocuentes, breves y enérgicos, llegaron a conmover a muchos, removiendo las conciencias estancadas y despertando el sentido de la fe. Muchas conversiones obró el Señor a través de sus palabras, especialmente de personas que tenían el corazón endurecido y no sentían culpa alguna por sus malas obras.

En algunas ocasiones pasó por no menos de 5 aldeas en un solo día, predicando en calles, plazas públicas e iglesias. La gente que lo conocía llegó a decir que convertía por lo menos a unos 400 pecadores al año.

Una de sus obras de caridad habituales fueron visitar hospitales y cárceles. Y más de una vez fue en busca de algún alma perdida en algún antro. Eso le valió más de una paliza o maltrato, pero no por eso dejó de insistir en el llamado a la conversión, sabiéndose él mismo un pecador perdonado.

San Francisco murió a los 74 años de edad y fue sepultado en la Iglesia de la Compañía de Nápoles. Fue beatificado en 1758 por Benedicto XIV y canonizado en 1839 por el Papa Gregorio XVI.

Diocesis de Celaya

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