mayo 2015
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Yo, Tobit, seguí los caminos de la verdad y de la justicia todos los días de mi vida. Hice muchas limosnas a mis hermanos y a mis compatriotas deportados conmigo a Nínive, en el país de los Asirios. Durante el reinado de Asaradón regresé a mi casa y me devolvieron a mi mujer Ana y a mi hijo Tobías. En nuestra fiesta de Pentecostés, que es la santa fiesta de las siete Semanas, me prepararon una buena comida y yo me dispuse a comer. Cuando me encontré con la mesa llena de manjares, le dije a mi hijo Tobías: "Hijo mío, ve a buscar entre nuestros hermanos deportados en Nínive a algún pobre que se acuerde de todo corazón del Señor, y tráelo para que comparta mi comida. Yo esperaré hasta que tú vuelvas". Tobías salió a buscar a un pobre entre nuestros hermanos, pero regresó, diciéndome: "¡Padre!". Yo le pregunté: "¿Qué pasa, hijo?". Y él agregó: "Padre, uno de nuestro pueblo ha sido asesinado: lo acaban de estrangular en la plaza del mercado, y su cadáver está tirado allí". Entonces me levanté rápidamente y, sin probar la comida, fui a retirar el cadáver de la plaza, y lo deposité en una habitación para enterrarlo al atardecer. Al volver, me lavé y me puse a comer muy apenado, recordando las palabras del profeta Amós contra Betel: "Sus fiestas se convertirán en duelo y todos sus cantos en lamentaciones". Y me puse a llorar. A la caída del sol, cavé una fosa y enterré el cadáver. Mis vecinos se burlaban de mi, diciendo: "¡Todavía no ha escarmentado! Por este mismo motivo ya lo buscaron para matarlo. ¡Apenas pudo escapar, y ahora vuelve a enterrar a los muertos!".

Feliz el hombre que teme al Señor y se complace en sus mandamientos. Su descendencia será fuerte en la tierra: la posteridad de los justos es bendecida. En su casa habrá abundancia y riqueza, generosidad permanecerá para siempre. Para los buenos brilla una luz en las tinieblas: es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo. Dichoso el que se compadece y da prestado, y administra sus negocios con rectitud. El justo no vacilará jamás, su recuerdo permanecerá para siempre.

Jesús se puso a hablarles en parábolas: "Un hombre plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. A su debido tiempo, envió a un servidor para percibir de los viñadores la parte de los frutos que le correspondía. Pero ellos lo tomaron, lo golpearon y lo echaron con las manos vacías. De nuevo les envió a otro servidor, y a este también lo maltrataron y lo llenaron de ultrajes. Envió a un tercero, y a este lo mataron. Y también golpearon o mataron a muchos otros. Todavía le quedaba alguien, su hijo, a quien quería mucho, y lo mandó en último término, pensando: 'Respetarán a mi hijo'. Pero los viñadores se dijeron: 'Este es el heredero: vamos a matarlo y la herencia será nuestra'. Y apoderándose de él, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros. ¿No han leído este pasaje de la Escritura: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?". Entonces buscaban la manera de detener a Jesús, porque comprendían que esta parábola la había dicho por ellos, pero tenían miedo de la multitud. Y dejándolo, se fueron.

Los pies de la vid se ligan, se escalonan, se doblan los sarmientos de arriba abajo, se les ata a algo sólido para sostenerlos. Por ahí se puede comprender la dulce y santa vida y la pasión de Nuestro Señor Jesucristo que, en todo, debe ser el sostén del hombre de bien. El hombre debe ser curvado, lo que en él hay de más alto debe ser abajado, y debe abismarse en una verdadera y humilde sumisión, desde lo profundo de su alma. Todas nuestras facultades, interiores y exteriores, tanto las de la sensibilidad y de la avidez como nuestras facultades racionales, deben ser ligadas, cada una en su lugar, en una verdadera sumisión a la voluntad de Dios. Seguidamente se remueve la tierra alrededor de los pies de la vid y se escardan las malas hierbas. También el hombre debe escardarse, profundamente atento a lo que pudiera haber todavía por arrancar en el fondo de su ser, para que el divino Sol pueda acercársele más inmediatamente y brillar en él. Si tú, entonces, dejas hacer que la fuerza de lo alto haga su obra, el sol aspira la humedad escondida en la tierra, en la fuerza vital del tronco y los racimos crecen magníficos. Después el sol, por su calor, actúa sobre los racimos y hace que se desarrollen las flores. Y estas flores tienen un perfume noble y benéfico... Entonces, el fruto llega a ser indeciblemente dulce. Que esta realidad nos sea dada a todos.

San Francisco de Asís dará el título a la nueva encíclica

El director de la Librería Editora Vaticana, padre Giuseppe Costa, adelantó que el documento papal dedicado a la protección de la creación se presentará a mediados de junio y se titulará "Laudato sii"

Roma, 31 de mayo de 2015 (ZENIT.org) Staff Reporter | 0 hits

“Laudato sii” (Alabado seas) podría ser el título de la próxima encíclica del papa Francisco dedicada a la protección de la creación, que se publicaría a mediados del mes de junio, dijo ayer por la tarde el director de la Librería Editora Vaticana (LEV), padre Giuseppe Costa, en declaraciones a la agencia SIR de la Conferencia Episcopal Italiana. “Muchas editoriales en el extranjero se han interesado ya por la publicación de la encíclica en sus países”, aseguró el sacerdote salesiano.

El posible nombre del documento papal está tomado del Cántico de las Criaturas de san Francisco de Asís, que fue escrito en dialecto de Umbria en torno al 1226, y es considerado el texto más antiguo de la literatura italiana. En este célebre poema, el Poverello glorifica al Señor y loa las maravillas de la creación.

El 13 de marzo del 2013, el cardenal Jorge Mario Bergoglio se convirtió en el primer pontífice que tomaba el nombre de Francisco, lanzando de ese modo un primer mensaje al mundo.“Para mí [Francisco de Asís] es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación; en este momento, también nosotros mantenemos con la creación una relación no tan buena, ¿no? Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre”, explicó a los periodistas.

En la homilía de la Misa de inauguración de su pontificado ante dignatarios de todo el planeta, el Santo Padre afirmó que el fundador de la Orden Franciscana “nos enseña a tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el medio ambiente en que vivimos”. En este sentido, invitó a los presentes a “ser custodios de la naturaleza creada, del proyecto de Dios inscrito en la naturaleza; custodios de los demás y custodios del medio ambiente”. Y pidió que “no dejemos que los signos de destrucción y de muerte se sumen al caminar de nuestro mundo”.

Durante el vuelo de regreso de Corea del Sur, el Pontífice comentó también a los periodistas que el primer borrador de la encíclica, elaborado por el equipo del cardenal Peter Turkson, resultaba demasiado voluminoso, pues incluía contribuciones de muchos expertos. Así, el Papa adelantó que el texto final sería mucho más breve y dejaría de lado las discusiones, porque “una encíclica debe ser magisterial, basada en certezas. Las hipótesis se pueden mencionar en las notas como tales hipótesis, pero no en el cuerpo de la encíclica, que es un documento doctrinal y requiere certeza”.

Francisco nunca ha ocultado su enorme preocupación ante el que considera uno de los más grandes desafíos de la humanidad, la custodia de la creación. En la audiencia general del 21 de mayo de 2014, subrayó que “la creación no es una propiedad, de la cual podemos disponer a nuestro gusto; ni, mucho menos, es una propiedad sólo de algunos, de pocos”. “La creación es un don, es un don maravilloso que Dios nos ha dado para que cuidemos de él y lo utilicemos en beneficio de todos, siempre con gran respeto y gratitud”, insistió entonces.

El propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, habló recientemente con el Papa sobre su esperada encíclica dedicada a la ecología. Tras su encuentro con el Santo Padre en el Vaticano, el dirigente de Naciones Unidas señaló que este documento “transmitirá al mundo que proteger nuestro medio ambiente es un imperativo moral urgente y un deber sagrado para toda la gente con fe y conciencia”.

Beato Juan Bautista Scalabrini - 1 de junio

«Mártir de la verdad, padre de los migrantes y apóstol del catecismo. Fue obispo de Piacenza, fundador de los Misioneros de San Carlos (Scalabrinianos), y cofundador de las Hermanas Apóstoles del Sagrado Corazón»

Madrid, 31 de mayo de 2015 (ZENIT.org) Isabel Orellana Vilches | 0 hits

Se definió a sí mismo diciendo que era: «uno que se pone de rodillas ante el mundo para implorar como una gracia el permiso de hacerle el bien». Perfecta descripción de este defensor de la «unidad en la verdad». Nació en Fino Mornasco, Como, Italia, el 8 de julio de 1839. Pertenecía a una familia de clase media. Era el tercero de ocho hermanos. El rezo comunitario del rosario, la devoción materna por Cristo crucificado y por María, entre otras, fueron lecciones inolvidables que aprendió en su hogar, aunque en sus hermanos calaron de forma desigual. Uno estuvo a punto de ser encarcelado por temas económicos, y otro tuvo que emigrar perdiendo la vida en la travesía. Los restantes destacaron en la política y en la universidad. Sus hermanas estuvieron cerca de él. Una alumbró a dos sacerdotes, y la benjamina respaldó generosamente sus proyectos y fue artífice de otros. Por su afán en compartir la fe con sus amigos, mientras estudiaba en el Instituto, se veía que estaba abocado a la consagración.

A los 18 años su padre le condujo al seminario. Fue ordenado en 1863 con un expediente impecable, impregnado de su grandeza humana y espiritual. Versado en ciencias modernas, políglota, inquieto e inteligente, cifró su afán evangelizador en el continente asiático. Contaba con la bendición materna que rogó hincándose de rodillas. Pero el prelado le disuadió diciéndole: «Tus Indias están en Italia». Comenzó siendo coadjutor de una modesta parroquia, misión breve porque el obispo pronto le encomendó otras. En 1867 se produjo una epidemia de cólera y por su heroica acción con los damnificados fue galardonado civilmente. Ese mismo año fue designado vicerrector del seminario; sería también su rector. Allí ejerció la docencia.

En esa época tomó contacto con el beato Luigi Guanella, que se ocupaba de los emigrantes, y con dos científicos: Serafino Balestra, admirable por su labor con los sordomudos, y Antonio Stoppani que era, además, escritor. Los tres dejaron su huella en él. Y otro tanto sucedió con Jeremías Bonomelli, entonces arcipreste de Lovere, que sería nombrado obispo. Ambos se influenciaron entre sí compartiendo similares afanes. En 1870 fue nombrado párroco de San Bartolomé. Su quehacer apostólico y formativo era extraordinario. Fundó un jardín de infantes, promovió la obra de San Vicente destinada a niños enfermos y creó un oratorio para jóvenes. Se ocupó de los sordomudos a los que ayudó de manera decisiva aplicando el método fonético de su amigo Balestra. También se implicó activamente en temas socio-laborales teniendo siempre como trasfondo el elemento espiritual. Allí escribió un catecismo para niños y dictó una serie de conferencias sobre el Concilio Vaticano I que no pasaron desapercibidas para Pío IX.

No tenía más que 36 años cuando ocupó la sede episcopal de Piacenza a la que fue elevado en 1876. Durante casi tres décadas actuó como un pastor infatigable, ejemplar. Tenía la agenda repleta con la administración de sacramentos, predicación, asistencia y educación al clero y a su grey. Visitó cinco veces las 365 parroquias de la diócesis a pie o a caballo, ya que aún no había llegado el progreso. Realizó tres sínodos, reformó los estudios eclesiásticos, consagró doscientas iglesias, etc. Y se preocupó por infundir en todos el amor por la comunión frecuente y la Adoración Perpetua. En 1895, junto al padre Giuseppe Marchetti, fundó la congregación de Hermanas Apóstoles del Sagrado Corazón.

Pero su acción más representativa la llevó a cabo con los emigrantes. Conocía perfectamente el drama del éxodo de los que partían de Italia con el ideal americano en sus corazones y la esperanza de una vida mejor. Muchos hallaron frustrados sueños y fe. Viendo el peligro que corrían de perderla, en 1887 instituyó la congregación de los Misioneros de San Carlos (Scalabrinianos), aprobada por León XIII, para darles asistencia religiosa y humana. A él se debe el traslado de santa Francisca Javier Cabrini a América en 1889 para socorrer a niños, huérfanos y enfermos italianos. El beato nunca abandonó a sus emigrantes. Visitó a los que se hallaban en América del Norte y del Sur en dos ocasiones.

Su consigna fue: «Hacerme todo a todos para ganarlos a todos para Cristo». Y ciertamente lo consiguió. Tuvo dilección por los pobres, especialmente los «vergonzosos» (personas que gozaron de gran posición venidos a menos por la crisis), así como por los prisioneros. Fundó un instituto para sordomudos, organizó la asistencia a las obreras del arroz, impulsó la sociedad de mutuo socorro, asociaciones de obreros, cajas rurales y cooperativas. Con sus propios bienes rescató del hambre a millares de campesinos y obreros. Para ello vendió sus caballos, así como el cáliz y la cruz pectoral obsequios de Pío IX. Fue el creador del primer Congreso catequético nacional, y fundador de la primera revista italiana de catequesis. ¿El secreto? Sus numerosas horas de adoración ante el Santísimo Sacramento. Decía que la oración «es la parte más viva, más fuerte, más poderosa del apostolado».

Era un apasionado de la cruz que solía apretar junto a su pecho suplicando: «Haz que me enamore de la cruz», y de María, de la que hablaba con vehemencia en las homilías que pronunciaba. Impulsor de las peregrinaciones a santuarios marianos, donó las joyas de su madre para coronar a la Virgen. A su paso fue dejando el sello de su amor por la Iglesia y el pontífice. Llevaba trazada en sus labios la bendición del perdón. Es memorable y profético el discurso que pronunció en el «Catholic Club» de Nueva York en 1901 sobre la emigración. El 1 de junio de 1905 falleció agotado por tantas fatigas. Antes exclamó: «¡Señor, estoy listo. Vamos!». Juan Pablo II lo beatificó el 9 de noviembre de 1997 denominándolo «mártir de la verdad», aunque ya era mundialmente conocido como el «padre de los Migrantes», y «apóstol del Catecismo», título otorgado por Pío IX. En 1961, alumbradas por su enseñanza, nacieron las Misioneras Seglares Escalabrinianas.

5/31/2015 10:40:00 a.m.
Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad
para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.
Amén

TEXTO BÍBLICO: Mateo 28, 16-20

28,16: Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que les había indicado Jesús. 28,17: Al verlo, se postraron, pero algunos dudaron.
  28,18: Jesús se acercó y les habló: 
   —Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. 28,19: Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, 28,20: y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.
BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

Este domingo celebramos la festividad de la Santísima Trinidad y de esta forma comenzamos el tiempo litúrgico ordinario.

El Evangelio de este domingo es del último capitulo de san Mateo, en donde Jesús habla sobre la misión universal de los apóstoles.  La Palabra comienza diciendo que los once discípulos fueron a la montaña en Galilea, porque Jesús los había citado. Es decir, Jesús mismo les había dicho dónde reunirse en algunas de sus apariciones en Jerusalén posteriores a su resurrección.

Esta vez son los discípulos que salen al encuentro del Maestro, y ese lugar de encuentro es la montaña; esta era considerada tanto para los antiguos como para los contemporáneos el lugar de comunión por excelencia, podemos repasar muchos ejemplos tanto del antiguo como del Nuevo Testamento sobre el Monte o la Montaña y su relación con Dios. 

Si bien el Evangelio no especifica qué montaña es, se presume que se trata del Monte Tabor ubicado en Galilea, lugar de la transfiguración del Señor.

La actitud de los discípulos es de reverencia y adoración absoluta; dice la palabra que al verlo se postraron ante Él. Pensemos en que los discípulos llegan hasta este lugar luego de haber acompañado a Jesús en su vida pública, como así también en los momentos de dificultad y dolor, y ahora con la alegría de saber a su Maestro y Señor resucitado, tal como lo había predicho.

Sus corazones estaban embargados de alegría por el encuentro tan esperado, este es el momento que tanto aguardaban. La duda también esta presente en la vida de los cristianos, ocurrió en este caso con algunos de sus discípulos, porque la fe requiere del ser humano una apertura de su corazón, de voluntad y de su inteligencia.

La fe hace posible el encuentro con Cristo que disipa toda oscuridad de nuestra vida. Por la fe, junto a nuestra capacidad racional podemos conocer plenamente a Cristo.

Jesús realiza un envío misionero empleando dos verbos: “Ir y Hacer”. Ir y hacer, en nombre de Dios, y no en nombre propio, muy claro lo dice Jesús: “para que sean mis discípulos”.

Este “IR” (conjugado en imperativo) es un mandato a “SALIR”, en este caso los discípulos debían salir del lugar de resguardo o comodidad, ante un contexto convulsionado con relación a los judíos, para dar testimonio gozoso de la salvación en Cristo.

El verbo “HACER” (también en imperativo), le inflige una dinámica a la salida; no se trata de un ir o salir comodista, sino de acompañar, escuchar, enseñar, llevar, de dar testimonio vivo de la presencia del Señor. El mandato del Señor es claro, invita a sus discípulos a salir de sí mismos, para ir al encuentro de los demás, guiándolos al encuentro con Dios.

La palabra discípulo tiene una gran importancia en el evangelio de san Mateo, y el término aparece utilizado en muchas oportunidades más que en cualquier otro evangelio.

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad
para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.
Amén

TEXTO BÍBLICO: Mateo 28, 16-20

28,16: Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que les había indicado Jesús. 28,17: Al verlo, se postraron, pero algunos dudaron.
  28,18: Jesús se acercó y les habló: 
   —Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. 28,19: Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, 28,20: y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.
BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Estudio Bíblico.

Este domingo celebramos la festividad de la Santísima Trinidad y de esta forma comenzamos el tiempo litúrgico ordinario.

El Evangelio de este domingo es del último capitulo de san Mateo, en donde Jesús habla sobre la misión universal de los apóstoles.  La Palabra comienza diciendo que los once discípulos fueron a la montaña en Galilea, porque Jesús los había citado. Es decir, Jesús mismo les había dicho dónde reunirse en algunas de sus apariciones en Jerusalén posteriores a su resurrección.

Esta vez son los discípulos que salen al encuentro del Maestro, y ese lugar de encuentro es la montaña; esta era considerada tanto para los antiguos como para los contemporáneos el lugar de comunión por excelencia, podemos repasar muchos ejemplos tanto del antiguo como del Nuevo Testamento sobre el Monte o la Montaña y su relación con Dios. 

Si bien el Evangelio no especifica qué montaña es, se presume que se trata del Monte Tabor ubicado en Galilea, lugar de la transfiguración del Señor.

La actitud de los discípulos es de reverencia y adoración absoluta; dice la palabra que al verlo se postraron ante Él. Pensemos en que los discípulos llegan hasta este lugar luego de haber acompañado a Jesús en su vida pública, como así también en los momentos de dificultad y dolor, y ahora con la alegría de saber a su Maestro y Señor resucitado, tal como lo había predicho.

Sus corazones estaban embargados de alegría por el encuentro tan esperado, este es el momento que tanto aguardaban. La duda también esta presente en la vida de los cristianos, ocurrió en este caso con algunos de sus discípulos, porque la fe requiere del ser humano una apertura de su corazón, de voluntad y de su inteligencia.

La fe hace posible el encuentro con Cristo que disipa toda oscuridad de nuestra vida. Por la fe, junto a nuestra capacidad racional podemos conocer plenamente a Cristo.

Jesús realiza un envío misionero empleando dos verbos: “Ir y Hacer”. Ir y hacer, en nombre de Dios, y no en nombre propio, muy claro lo dice Jesús: “para que sean mis discípulos”.

Este “IR” (conjugado en imperativo) es un mandato a “SALIR”, en este caso los discípulos debían salir del lugar de resguardo o comodidad, ante un contexto convulsionado con relación a los judíos, para dar testimonio gozoso de la salvación en Cristo.

El verbo “HACER” (también en imperativo), le inflige una dinámica a la salida; no se trata de un ir o salir comodista, sino de acompañar, escuchar, enseñar, llevar, de dar testimonio vivo de la presencia del Señor. El mandato del Señor es claro, invita a sus discípulos a salir de sí mismos, para ir al encuentro de los demás, guiándolos al encuentro con Dios.

La palabra discípulo tiene una gran importancia en el evangelio de san Mateo, y el término aparece utilizado en muchas oportunidades más que en cualquier otro evangelio.

Ya en el pueblo judío existían discípulos de uno u otro maestro; en el Evangelio aparecen citados por ejemplo los discípulos de Juan el Bautista. Ser discípulo es ser seguidor de un Maestro, en este caso de Cristo, para configurarse según su forma de vivir.

El Señor los llama a la misión, de esta forma los discípulos también deben ser misioneros. Discípulos capaces de hacer discípulos, para que otros puedan alcanzar y conocer al igual que ellos al Maestro, dador de vida.

El Apóstol Mateo escribe principalmente para los cristianos de origen judío, y su evangelio tiene una gran impronta eclesial, siendo el único que emplea la palabra Iglesia, del griego Ekklesía; es decir asamblea. La comunidad  y casa de los discípulos es la Iglesia, en ella permanece de una forma actualizada el misterio de Cristo, a través de los sacramentos.

“Entre todos los pueblos”, la historia de la salvación no tiene límite espacial, a igual modo que la evangelización, todos los hombres del mundo están llamados a ser discípulos.

Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo; Jesús no deja solo a sus discípulos, sino que cumple una nueva misión: estar presente en la Iglesia por medio del Espíritu Santo, y volver al final de los tiempos.

Reconstruimos el texto:

Al comienzo del relato, ¿cuántos discípulos se nombran?
¿A dónde se dirigieron? ¿Por qué?
¿Cómo reaccionan al ver a Jesús?
¿Qué ocurría con algunos de los discípulos aún?
¿En que lugares dice  Jesús tiene autoridad?
¿Cuál es el mandato misionero que proclama Jesús?, ¿Se refiere a un lugar en concreto?
¿Cuál es la formula bautismal
¿Qué debían enseñar los discípulos a quienes se bautizaban?
¿Cuáles son las últimas palabras de Jesús?

2.- MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios  en el texto?

Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

¿Somos como los once discípulos, que cuando el Señor los llamó salieron a su encuentro?
¿Cuál es mi actitud cuando estoy en presencia del Señor, cuando estoy en el templo o en algún lugar sagrado?
A pesar de haberme encontrado con Jesús, ¿Persiste la oscuridad de la duda en mi vida? ¿Qué hago cuando me ocurre esto? ¿Pido al Señor, para que ilumine mis sentidos y entendimiento para poder comprenderlo y amarlo?

¿Cómo me interpela a mí el mandato misionero del Señor? ¿Entiendo que para ello debo ser primero un buen discípulo?

Para “IR” debo salir, ¿De dónde? ¿Cuáles son esos lugares que me retienen en la comodidad, y el confort en mí vida, y no me permiten salir al encuentro de mis hermanos? Y en mi comunidad, ¿También nos proponemos ser una Iglesia en salida misionera?

¿Cuál es para mí el modo o la forma de hacer discípulos? ¿Entiendo que mi testimonio de vida, si es coherente puede crear en otros el deseo de vivir una vida cristiana?

Saber que no estoy solo, sino que Jesús permanece en la Iglesia de una forma muy especial, ¿Me da ánimo para seguir mi camino discipular?  ¿En que situaciones, o lugares siento esta presencia del Señor?

3.- ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?

Orar es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor.

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

 ¡Trinidad eterna! Tú eres un mar sin fondo en el que, cuanto más me hundo, más te encuentro; y cuanto más te encuentro, más te busco todavía. De ti jamás se puede decir: ¡basta! El alma que se sacia en tus profundidades, te desea sin cesar, porque siempre está sedienta de ti, Trinidad eterna; siempre está deseosa de ver tu luz en tu luz. Como el ciervo suspira por el agua viva de las fuentes, así mi alma ansía salir de la prisión tenebrosa del cuerpo, para verte de verdad…

¿Podrás darme algo más que darte a ti mismo? Tú eres el fuego que siempre arde, sin consumirse jamás. Tú eres el fuego que consume en sí todo amor propio del alma; tú eres la luz por encima de toda luz…

Tú eres el vestido que cubre toda desnudez, el alimento que alegra con su dulzura a todos los que tienen hambre. ¡Pues tú eres dulce, sin nada de amargor!

¡Revísteme, Trinidad eterna, revísteme de ti misma para que pase esta vida mortal en la verdadera obediencia y en la luz de la fe santísima, con la que tú has embriagado a mi alma!

 AMÉN

Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor. Hoy damos gracias por el envío misionero que nos hace.  Añadimos nuestras intenciones de oración.

4.- CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?

Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo  del  Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

Repetimos varias veces esta frase del Evangelio para que vaya entrando a nuestro corazón:

"Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo"

(Versículo 20)

Y así, vamos pidiéndole al Señor ser testigos de la resurrección para que otros crean.

5.- ACCION: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, vuelvo a leer detenidamente las lecturas. Hoy el Señor me invita a ser un discípulo misionero. Hago carne la Palabra de este día, pensando en personas concretas que considero están necesitadas de Dios, o que no lo conocen lo suficiente. Me acerco a ellos, entregándoles una cita del evangelio. Pienso en una actividad concreta que haré esta semana.

En el grupo, nos comprometemos a ser una Iglesia en salida misionera, capaz de salir de sí misma para encontrarse con los demás, anunciando lo bueno y bello que hay de vivir en Cristo. Pensamos una misión concreta en un barrio periférico o pobre para llevarles algo material que estén necesitando (comida, abrigo, medicamentos, etc.), y junto a ellos el tesoro precioso de leerles algunas o todas las Bienaventuranzas.

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5/31/2015 09:38:00 a.m.
A lo largo del año, cada día, cada minuto, los monasterios abrazamos todo el mundo con nuestra oración; hoy la Iglesia nos dedica este día y nos abraza con amor de Madre.

Pero, además, para nosotras hoy el día está marcado también por otro acontecimiento eclesial. Sor Carmen, una de las reteras, la actual Madre Priora de nuestro convento, termina su servicio como Madre Federal. En estos últimos seis años ha velado por los 40 monasterios que componen nuestra Federación. Hace unos días partió hacia Caleruega (Burgos), donde se ha reunido la Asamblea Federal electiva, y a lo largo de esta mañana tendrán lugar las votaciones para elegir a la nueva Madre Federal.

Como ves, hoy todo habla de oración, de Iglesia, de familia.

Y, hablando de familia... Nuestros hermanos dominicos nos han pedido que escribamos un pequeño comentario sobre la Solemnidad de la Trinidad. Si quieres leerlo, lo encontrarás en nuestra página web. Ahí también podrás ver una pequeña entrevista que le hicimos a sor Carmen antes de que se marchase a la Asamblea. ¡Oramos por ellas y por la nueva Madre Federal, para que el Espíritu Santo la ilumine en esta tarea!

(Comentario sobre la Solemnidad de la Trinidad:
http://www.dominicaslerma.es/index.php/monasterio/encuentros/110-sabed-que-yo-estoy-con-vosotros-todos-los-dias-hasta-el-fin-del-mundo.html

Entrevista a sor Carmen:
http://www.dominicaslerma.es/index.php/monasterio/experiencias-de-vida/107-mision-cumplida.html)

Hoy el reto del amor es orar en acción de gracias. En tu oración hoy da gracias a Cristo por todos los monasterios del mundo, por todas las personas de vida contemplativa que conozcas, y por aquellas que, sin conocerte, oran por ti. Da gracias por este don de Cristo a su Iglesia. Y, ¿por qué no?, hoy quiero invitarte a orar por nosotras, tus monjas del reto, para que cada mañana sigamos llevándote a Cristo, invitándote a amar. ¡Gracias por tu oración! Feliz día.

VIVE DE CRISTO
www.dominicaslerma.es

A lo largo del año, cada día, cada minuto, los monasterios abrazamos todo el mundo con nuestra oración; hoy la Iglesia nos dedica este día y nos abraza con amor de Madre.

Pero, además, para nosotras hoy el día está marcado también por otro acontecimiento eclesial. Sor Carmen, una de las reteras, la actual Madre Priora de nuestro convento, termina su servicio como Madre Federal. En estos últimos seis años ha velado por los 40 monasterios que componen nuestra Federación. Hace unos días partió hacia Caleruega (Burgos), donde se ha reunido la Asamblea Federal electiva, y a lo largo de esta mañana tendrán lugar las votaciones para elegir a la nueva Madre Federal.

Como ves, hoy todo habla de oración, de Iglesia, de familia.

Y, hablando de familia... Nuestros hermanos dominicos nos han pedido que escribamos un pequeño comentario sobre la Solemnidad de la Trinidad. Si quieres leerlo, lo encontrarás en nuestra página web. Ahí también podrás ver una pequeña entrevista que le hicimos a sor Carmen antes de que se marchase a la Asamblea. ¡Oramos por ellas y por la nueva Madre Federal, para que el Espíritu Santo la ilumine en esta tarea!

(Comentario sobre la Solemnidad de la Trinidad:
http://www.dominicaslerma.es/index.php/monasterio/encuentros/110-sabed-que-yo-estoy-con-vosotros-todos-los-dias-hasta-el-fin-del-mundo.html

Entrevista a sor Carmen:
http://www.dominicaslerma.es/index.php/monasterio/experiencias-de-vida/107-mision-cumplida.html)

Hoy el reto del amor es orar en acción de gracias. En tu oración hoy da gracias a Cristo por todos los monasterios del mundo, por todas las personas de vida contemplativa que conozcas, y por aquellas que, sin conocerte, oran por ti. Da gracias por este don de Cristo a su Iglesia. Y, ¿por qué no?, hoy quiero invitarte a orar por nosotras, tus monjas del reto, para que cada mañana sigamos llevándote a Cristo, invitándote a amar. ¡Gracias por tu oración! Feliz día.

VIVE DE CRISTO
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El Papa en el Ángelus: 'El misterio de la Trinidad abraza nuestra vida'

Texto completo. Francisco invita a elevar el tono, recordando para qué existimos, trabajamos, luchamos y sufrimos. Además, recuerda el testimonio de amor del nuevo beato Louis Edouard Cestac

Vatican City, 31 de mayo de 2015 (ZENIT.org) Staff Reporter | 0 hits

En la solemnidad de la Santísima Trinidad, el papa Francisco rezó este domingo la oración del Ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, ante una multitud que le atendía en la Plaza de San Pedro.

Dirigiéndose a los fieles y peregrinos venidos de todo el mundo, que le acogieron con un largo y caluroso aplauso, el Pontífice les dijo:

"Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! ¡Buen domingo!

Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, que nos recuerda el misterio del único Dios en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La Trinidad es comunión de personas divinas, las cuales son una con la otra, una para la otra y una en la otra: esta comunión es la vida de Dios, el misterio de amor del Dios Vivo. Y Jesús nos ha revelado este misterio. Él nos ha hablado de Dios como Padre; nos ha hablado del Espíritu; y nos ha hablado de sí mismo como Hijo de Dios. Y así nos ha revelado este misterio. Y cuando, resucitado, ha enviado a los discípulos a evangelizar a las gentes, les dijo que los bautizaran “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Este mandato, Cristo lo confía en todo tiempo a la Iglesia, que ha heredado de los Apóstoles el mandato misionero. Lo dirige también a cada uno de nosotros, que, gracias al Bautismo, formamos parte de su comunidad.

Por lo tanto, la solemnidad litúrgica de hoy, al tiempo que nos hace contemplar el misterio estupendo del cual provenimos y hacia el cual vamos, nos renueva la misión de vivir la comunión con Dios y vivir la comunión entre nosotros, basados en el modelo de esa comunión de Dios. Estamos llamados a vivir no los unos sin los otros, encima o contra los otros, sino los unos con los otros, por los otros y en los otros. Esto significa acoger y testimoniar concordes la belleza del Evangelio; vivir el amor recíproco y hacia todos, compartiendo alegrías y sufrimientos, aprendiendo a pedir y conceder el perdón, valorizando los diversos carismas, bajo la guía de los pastores. En una palabra, nos ha encomendado la tarea de edificar comunidades eclesiales que sean cada vez más familia, capaces de reflejar el esplendor de la Trinidad y de evangelizar, no sólo con las palabras, sino con la fuerza del amor de Dios, que habita en nosotros.

La Trinidad, como mencionaba, es también el fin último hacia el cual está orientada nuestra peregrinación terrenal. El camino de la vida cristiana es, en efecto, un camino esencialmente 'trinitario': el Espíritu Santo nos guía al conocimiento pleno de las enseñanzas de Cristo. Y también nos recuerda lo que Jesús nos ha enseñado. Y Jesús, a su vez, ha venido al mundo para hacernos conocer al Padre, para guiarnos hacia Él, para reconciliarnos con Él. Todo, en la vida cristiana, gira alrededor del misterio trinitario y se cumple en orden a este misterio infinito. Intentemos, por tanto, mantener siempre elevado el 'tono' de nuestra vida, recordándonos para qué fin, para cuál gloria existimos, trabajamos, luchamos, sufrimos. Y a cuál inmenso premio estamos llamados.

Este misterio abraza toda nuestra vida y todo nuestro ser cristiano. Lo recordamos, por ejemplo, cada vez que hacemos la señal de la cruz: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y ahora los invito a hacer todos juntos, y en voz alta, esta señal de la cruz ¡todos juntos! 'En nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo'.

En este último día del mes de mayo, el mes mariano, nos encomendamos a la Virgen María. Ella, que más que cualquier otra criatura, ha conocido, adorado, amado el misterio de la Santísima Trinidad, nos guíe de la mano; nos ayude a percibir, en los eventos del mundo, los signos de la presencia de Dios, Padre e Hijo y Espíritu Santo; nos obtenga amar al Señor Jesús con todo el corazón, para caminar hacia la visión de la Trinidad, meta maravillosa a la cual tiende nuestra vida. Le pedimos también que ayude a la Iglesia a ser, misterio de comunión, a ser siempre una Iglesia comunidad hospitalaria, donde toda persona, especialmente pobre y marginada, pueda encontrar acogida y sentirse hija de Dios, querida y amada.

Al término de estas palabras, el Santo Padre rezó la tradicional oración mariana:

Angelus Domini nuntiavit Mariae...

Al concluir la plegaria, el Pontífice recordó que este domingo es proclamado beato el sacerdote Louis-Edouard Cestac:

"Hoy en Bayonne, Francia, es proclamado beato el sacerdote Louis Edouard Cestac, fundador de las Religiosas Siervas de María; su testimonio de amor a Dios y al prójimo es para la Iglesia un nuevo aliciente para vivir con alegría el Evangelio de la caridad".

A continuación, llegó el turno de los saludos que tradicionalmente realiza el Santo Padre:

"Saludo a todos, queridos romanos y peregrinos: las familias, los grupos parroquiales, las asociaciones, las escuelas. De manera particular, saludo a los fieles de La Valletta (Malta); Cáceres (España) y Michoacán (México); los procedentes de Caltanissetta, Soave, Como, Malonno y Persico Dosimo; el grupo de Bovino, con los “Caballeros de Valleverde”. Saludo a los chicos que han recibido o se preparan para recibir la Confirmación, animándoles a ser gozosos testigos de Jesús".

El Obispo de Roma se refirió también a una peregrinación mariana en Polonia:

"Al término del mes de mayo me uno espiritualmente a las muchas expresiones de devoción a María Santísima; de modo particular menciono la gran peregrinación de los hombres al Santuario de Piekary, en Polonia, que tiene como tema: “La familia: casa acogedora”.  

Hoy hay muchos polacos en la Plaza, ¿eh? ¡Muchos! ¡Déjense ver!

La Virgen ayude a toda familia a ser 'casa acogedora'".

Asimismo, invitó a participar en la tradicional procesión del Corpus Chisti, que se llevará a cabo el próximo jueves en Roma:  

"El próximo jueves, en Roma, viviremos la tradicional procesión del Corpus Christi. A las 19, en la Plaza de San Juan de Letrán, celebraré la Santa Misa, y entonces adoraremos al Santísimo Sacramento caminando hasta la Plaza de Santa María la Mayor. Les invito desde ahora a participar en este solemne acto público de fe y amor a Jesús Eucaristía, presente en medio de su pueblo".

Al despedirse, el Papa invitó a los fieles presentes a santiguarse:

"Antes de terminar, hacemos una vez más el signo de la cruz en voz alta, todos, 'en nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo', recordando el misterio de la Santísima Trinidad".

Como de costumbre, Francisco concluyó su intervención diciendo:

"Les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!"

(Texto traducido y transcrito del audio por ZENIT)

© Copyright - Libreria Editrice Vaticana

Contemplativos en medio de nosotros

'Palabra y Vida' del arzobispo de Barcelona

Barcelona, 31 de mayo de 2015 (ZENIT.org) Staff Reporter | 0 hits

Los contemplativos viven entre nosotros. Por su estilo de vida los vemos muy poco. Han hecho una opción por el silencio y la oración en su entrega a Dios. La vida de los contemplativos y las contemplativas, es decir, la de los monjes y las monjas de clausura, suscita sorpresa y curiosidad en nuestro ambiente social, tan fuertemente marcado por la secularización. ¿Qué sentido tiene esta vida? Cuando estamos celebrando el quinto centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús, podemos afirmar que la vida de estas personas nos recuerda la primacía que debería tener Dios en la vida de cada uno de nosotros.

Julien Green, un novelista cristiano, hace años se preguntaba: "¿Cuántas personas hay entre nosotros que hayan experimentado el sentimiento de la presencia de Dios?" Al hombre de hoy, inmerso en la desazón y el ruido, apenas le queda tiempo para probar el gusto sabrosísimo de la oración y de la presencia de Dios en su vida. Sin embargo, hay hombres y mujeres que se sienten llamados a dedicar toda su vida a la oración, al trabajo y a la vida de comunidad en el seno de un monasterio contemplativo. Son personas que han tomado esta decisión para toda la vida y son muy felices.

En este tiempo nuestro de escasez de vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa activa o apostólica, es muy significativo que no faltan las peticiones de ingreso en la vida de los monasterios. Son jóvenes que aman la vida, son solidarios con los hermanos y están comprometidos en la transformación del mundo. Su vida contemplativa en un monasterio no es de ninguna manera una evasión del mundo, un desentenderse de la sociedad. La vida contemplativa es expresión del amor a Dios y no se puede amar auténticamente a Dios sin amar a la humanidad.

La vida contemplativa realiza plenamente a las personas que han recibido esta vocación, porque Dios llena maravillosamente todos nuestros anhelos. ¿Has visitado alguna vez una comunidad contemplativa? Es una buena experiencia, que interpela y suscita muchas preguntas como éstas: ¿Qué valor damos a Dios en nuestra vida? ¿Qué relación creemos que existe entre Dios y la creación, entre Dios y la vida? ¿Qué valor damos a la oración y al silencio en nuestra vida personal y familiar?

Los contemplativos y las contemplativas son muy necesarios para la Iglesia y para la sociedad. Aunque parece una paradoja, estas personas que han dejado el mundo son muy solidarias y están muy cerca de las necesidades eclesiales y de las inquietudes, las tristezas y los sufrimientos de los hombres y las mujeres, sus hermanos. Son personas que viven con los ojos puestos en Jesucristo y con el corazón abierto a las necesidades de los hermanos. Nos llevan a todos en su oración y en su impetración ante Dios. Este domingo dedicado a la Santísima Trinidad, la Iglesia nos propone recordar a estas personas que rezan y nos muestran la primacía que Dios debe tener en la vida de todos los cristianos.

+ Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona

La Limosna

Catequesis para la familia

Madrid, 31 de mayo de 2015 (ZENIT.org) Staff Reporter | 1 hit

La limosna o colecta en dinero o especies, forma parte de las ofrendas.

“También se puede presentar dinero y otras donaciones para los pobres o para la iglesia que los mismos fieles pueden presentar o que pueden ser recolectadas en la iglesia y que se colocarán en el sitio oportuno de la mesa eucarística”. (1)

Este momento es el más oportuno para enseñar a los más pequeños la solidaridad con los hermanos que sufren o que carecen de lo más indispensable para vivir.

En muchos templos es común que no solo se de limosnas en dinero sino también en alimentos, que reparte caritas de la Parroquia a los ancianos y enfermos o a las personas necesitadas.

Sería conveniente enseñar a los niños a privarse de pequeños gustos durante la semana, para que con lo ahorrado se entregue el domingo como limosna, durante la colecta, ya sea en comida que no se eche a perder o con dinero.

Se coloca cerca del altar una gran canasta para recolectar los donativos en comida, y los niños pasan a dejar su limosna en especie.

Esto es una respuesta a la pregunta que muchos pequeños se hacen, ¿Cómo puedo ayudar a los pobres o a la Iglesia si no trabajo, ni tengo dinero?

También se trata de enseñar a compartir de lo poco que tenemos y no solo dar lo que nos sobra. Recordemos el pasaje de la viuda: “En aquel tiempo, alzando Jesús la mirada, vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir”. (2)

Después los primeros cristianos también compartían sus bienes. “Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. (3)

Que este acto nos enseñe a vivir en comunión de bienes con la Santa Madre Iglesia y con los más necesitados.

(1) INSTRUCCIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO N° 73 párrafo 4°.

(2) San Lucas 21, 1-4.

(3) Hechos, 2, 44-45.

Por: Maria del Rayo

5/31/2015 05:39:00 a.m.
El Papa Francisco, durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro nos recordó la celebración de la Fiesta de la Santísima Trinidad, “que nos recuerda el misterio de un Dios en tres personas: padre, hijo y Espíritu Santo”.

En su intervención mostró como Jesús revela este misterio: “Él habló de Dios como padre. Nos habló del espíritu y nos habló de sí mismo como el hijo de Dios. Y cuando, una vez más, mandó a los discípulos a evangelizar a la gente, les dijo que fueran “en el nombre del padre y del hijo y del Espíritu Santo "(Mt 28,19)”.

Pero la llamada es para todos, para todos los que en virtud del bautismo, somos miembros de su comunidad y por eso mostró que “estamos llamados a vivir para otros y en el otro”: “Dar la bienvenida y ser testigos de la belleza del Evangelio; el amor mutuo y la vida a todos, compartiendo alegrías y sufrimientos, aprendiendo a pedir y dar Perdón, valorando los diferentes carismas bajo la dirección de los pastores”.

Para el Papa Francisco: “Evangelizar no sólo con palabras, sino con la fuerza del amor de Dios que habita en nosotros” y volvió a repetir que la trinidad es también “el objetivo hacia el cual está orientada nuestra peregrinación terrena”

“Todo en la vida cristiana, gira en torno al misterio de la Trinidad y se lleva a cabo en orden a este misterio infinito”, añadió el Papa que pidió confiar a la Virgen: “Ella, más que cualquier otra criatura ha conocido, amado, amado el misterio de la Santísima Trinidad”.

Finalizó pidiendo que la Virgen ayude a la Iglesia, “misterio de comunión, para ser siempre la comunidad hospitalaria, donde cada persona, especialmente pobre y marginado, puede encontrar la sensación de Dios, querido y amado”,

Tras el rezo del Angelus, el Papa Francisco recordó al nuevo beato sacerdote Louis-Edouard Cestac, fundador de las Hermanas Siervas de María “su testimonio de amor a Dios y al prójimo es la iglesia un nuevo incentivo para vivir con alegría el Evangelio de la caridad”.

En varias ocasiones el Papa Francisco animó a los presentes a hacer el signo de la cruz: “En nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo” pidió desde el balcón de la Plaza de San Pedro.

El Papa Francisco, durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro nos recordó la celebración de la Fiesta de la Santísima Trinidad, “que nos recuerda el misterio de un Dios en tres personas: padre, hijo y Espíritu Santo”.

En su intervención mostró como Jesús revela este misterio: “Él habló de Dios como padre. Nos habló del espíritu y nos habló de sí mismo como el hijo de Dios. Y cuando, una vez más, mandó a los discípulos a evangelizar a la gente, les dijo que fueran “en el nombre del padre y del hijo y del Espíritu Santo "(Mt 28,19)”.

Pero la llamada es para todos, para todos los que en virtud del bautismo, somos miembros de su comunidad y por eso mostró que “estamos llamados a vivir para otros y en el otro”: “Dar la bienvenida y ser testigos de la belleza del Evangelio; el amor mutuo y la vida a todos, compartiendo alegrías y sufrimientos, aprendiendo a pedir y dar Perdón, valorando los diferentes carismas bajo la dirección de los pastores”.

Para el Papa Francisco: “Evangelizar no sólo con palabras, sino con la fuerza del amor de Dios que habita en nosotros” y volvió a repetir que la trinidad es también “el objetivo hacia el cual está orientada nuestra peregrinación terrena”

“Todo en la vida cristiana, gira en torno al misterio de la Trinidad y se lleva a cabo en orden a este misterio infinito”, añadió el Papa que pidió confiar a la Virgen: “Ella, más que cualquier otra criatura ha conocido, amado, amado el misterio de la Santísima Trinidad”.

Finalizó pidiendo que la Virgen ayude a la Iglesia, “misterio de comunión, para ser siempre la comunidad hospitalaria, donde cada persona, especialmente pobre y marginado, puede encontrar la sensación de Dios, querido y amado”,

Tras el rezo del Angelus, el Papa Francisco recordó al nuevo beato sacerdote Louis-Edouard Cestac, fundador de las Hermanas Siervas de María “su testimonio de amor a Dios y al prójimo es la iglesia un nuevo incentivo para vivir con alegría el Evangelio de la caridad”.

En varias ocasiones el Papa Francisco animó a los presentes a hacer el signo de la cruz: “En nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo” pidió desde el balcón de la Plaza de San Pedro.

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5/31/2015 04:36:00 a.m.
«Estamos pasando momentos difíciles, y no sabemos dónde acudir para pedir ayuda. Este año han entrado varias veces a robarnos, hemos tenido gastos que no sabíamos cómo cubrir, sólo tenemos nuestro único ingreso de la repostería de Navidades. El horno nos ha explotado dos veces este año. Llamamos a su puerta para pedir una ayuda económica. Sólo les pido lo que puedan. El Banco de alimentos no nos falta, comemos de lo que hay. El horno es nuestro único medio de subsistencia. No tenemos para acabar el año. Son momentos duros para todos, pero les pedimos lo que puedan. Estas Hermanas pobres siempre les quedarán agradecidas con su oración y sacrificio»: cartas como ésta se reciben con cierta frecuencia en la sede de Claune, el Instituto Pontificio de ayuda a los Claustros Necesitados.

España es un país privilegiado: casi un millar de monasterios albergan la plegaria y la vida entregada en clausura de más de 11.000 monjas y 495 monjes, lo que nos convierte en el país con mayor presencia consagrada orante, hasta un tercio de la vida contemplativa de todo el mundo. Sin embargo, «a veces hemos recibido llamadas de Prioras llorando porque no pueden dar de comer a sus hijas; y hay muchas monjas que viven del Banco de alimentos, y no es infrecuente. Si conociéramos bien las cuentas de muchos conventos, nos quedaríamos espantados», lamenta el padre Eleuterio López, Director de Claune.

Aunque todas las contemplativas se ganan el sustento mediante trabajos de orfebrería, artesanía, repostería, bordado, en la huerta…, la mayoría de monasterios sólo cuenta como ingresos fijos con la pensión de las Hermanas más ancianas, que ronda los 600 euros. En muchos de ellos, una decena de monjas sobrevive con las pocas pensiones de las más mayores.

Y, cuando una de esas Hermanas fallece, la comunidad se queda sin esos ingresos…

Desde su sede en Madrid, Claune atiende como puede las peticiones de ayuda para las necesidades más imperiosas de la vida monástica: máquinas de coser, obradores, camas para las enfermas, salvaescaleras, materiales de artesanía, reparaciones urgentes de los monasterios…, además de cursillos de formación, materiales audiovisuales con Ejercicios espirituales y libros, así como asistencia en casos de enfermedad y otras necesidades, como las cuotas de la Seguridad Social de las Hermanas más jóvenes.
 

«No es la actividad lo que transforma la Iglesia»


Hay quien dice con humor que Claune debería significar Claustros Necesarios, porque si hay algo imprescindible en el Cuerpo de Cristo son los miembros que oran y ofrecen por el resto del Cuerpo. Sin oración, el alma se seca; sin orantes, la Iglesia quedaría irreconocible. «Las monjas –dice el padre Eleuterio– dan a la Iglesia lo más eficaz: la oración y la vida entregada a Dios. Debemos convencernos de que no es la actividad lo que transforma la Iglesia. La Iglesia sólo tiene necesidad de santos; y la Iglesia no puede ser santa sin oración».
 
Además –continúa el padre Eleuterio–, «las monjas tienen un amor a la Iglesia que no veo en otros sitios, con mucho amor sobre todo al sacerdocio; hay monjas que han ofrecido su vida por los sacerdotes. Y no sólo oración, sino muchas renuncias».

Junto a ello, la vida en clausura desdice la falsa impresión de una huida para escapar a los problemas habituales de todos los mortales. «A algunos les resulta difícil de entender la clausura. No es una prisión, sino que es más libertad para Dios. Las monjas son intercesoras para Dios en favor de los hombres. Ellas están muy al tanto de lo que pasa en el mundo, y rezan por todo lo que pasa fuera, no sólo en la Iglesia, sino en la sociedad en general. No hay problema fuera que ellas no lleven a la oración», dice el padre Eleuterio.

Hoy, sus problemas son nuestros problemas. Los contemplativos son el frente de batalla de la Iglesia y hoy necesitan ayuda. Nuestra ayuda.


Publicado en Alfa y Omega, por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
 
«Estamos pasando momentos difíciles, y no sabemos dónde acudir para pedir ayuda. Este año han entrado varias veces a robarnos, hemos tenido gastos que no sabíamos cómo cubrir, sólo tenemos nuestro único ingreso de la repostería de Navidades. El horno nos ha explotado dos veces este año. Llamamos a su puerta para pedir una ayuda económica. Sólo les pido lo que puedan. El Banco de alimentos no nos falta, comemos de lo que hay. El horno es nuestro único medio de subsistencia. No tenemos para acabar el año. Son momentos duros para todos, pero les pedimos lo que puedan. Estas Hermanas pobres siempre les quedarán agradecidas con su oración y sacrificio»: cartas como ésta se reciben con cierta frecuencia en la sede de Claune, el Instituto Pontificio de ayuda a los Claustros Necesitados.

España es un país privilegiado: casi un millar de monasterios albergan la plegaria y la vida entregada en clausura de más de 11.000 monjas y 495 monjes, lo que nos convierte en el país con mayor presencia consagrada orante, hasta un tercio de la vida contemplativa de todo el mundo. Sin embargo, «a veces hemos recibido llamadas de Prioras llorando porque no pueden dar de comer a sus hijas; y hay muchas monjas que viven del Banco de alimentos, y no es infrecuente. Si conociéramos bien las cuentas de muchos conventos, nos quedaríamos espantados», lamenta el padre Eleuterio López, Director de Claune.

Aunque todas las contemplativas se ganan el sustento mediante trabajos de orfebrería, artesanía, repostería, bordado, en la huerta…, la mayoría de monasterios sólo cuenta como ingresos fijos con la pensión de las Hermanas más ancianas, que ronda los 600 euros. En muchos de ellos, una decena de monjas sobrevive con las pocas pensiones de las más mayores.

Y, cuando una de esas Hermanas fallece, la comunidad se queda sin esos ingresos…

Desde su sede en Madrid, Claune atiende como puede las peticiones de ayuda para las necesidades más imperiosas de la vida monástica: máquinas de coser, obradores, camas para las enfermas, salvaescaleras, materiales de artesanía, reparaciones urgentes de los monasterios…, además de cursillos de formación, materiales audiovisuales con Ejercicios espirituales y libros, así como asistencia en casos de enfermedad y otras necesidades, como las cuotas de la Seguridad Social de las Hermanas más jóvenes.
 

«No es la actividad lo que transforma la Iglesia»


Hay quien dice con humor que Claune debería significar Claustros Necesarios, porque si hay algo imprescindible en el Cuerpo de Cristo son los miembros que oran y ofrecen por el resto del Cuerpo. Sin oración, el alma se seca; sin orantes, la Iglesia quedaría irreconocible. «Las monjas –dice el padre Eleuterio– dan a la Iglesia lo más eficaz: la oración y la vida entregada a Dios. Debemos convencernos de que no es la actividad lo que transforma la Iglesia. La Iglesia sólo tiene necesidad de santos; y la Iglesia no puede ser santa sin oración».
 
Además –continúa el padre Eleuterio–, «las monjas tienen un amor a la Iglesia que no veo en otros sitios, con mucho amor sobre todo al sacerdocio; hay monjas que han ofrecido su vida por los sacerdotes. Y no sólo oración, sino muchas renuncias».

Junto a ello, la vida en clausura desdice la falsa impresión de una huida para escapar a los problemas habituales de todos los mortales. «A algunos les resulta difícil de entender la clausura. No es una prisión, sino que es más libertad para Dios. Las monjas son intercesoras para Dios en favor de los hombres. Ellas están muy al tanto de lo que pasa en el mundo, y rezan por todo lo que pasa fuera, no sólo en la Iglesia, sino en la sociedad en general. No hay problema fuera que ellas no lleven a la oración», dice el padre Eleuterio.

Hoy, sus problemas son nuestros problemas. Los contemplativos son el frente de batalla de la Iglesia y hoy necesitan ayuda. Nuestra ayuda.


Publicado en Alfa y Omega, por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
 

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5/31/2015 04:36:00 a.m.
Hoy que la Iglesia celebra la Solemnidad de la Santísima Trinidad y la Jornada Proorantibus, es decir, de unidad con los contemplativos.

No pocos pensaran –desde fuera pero también desde dentro de la Iglesia- que tanto la fe en que Dios es uno y trino, como la vida misma de los hombres y las mujeres de las clausuras dedicados principalmente a la oración, tienen poco que ver con los avatares cotidianos en los que se desenvuelve el hombre de hoy.

Incluso sin caer en posiciones vitales mundanas o paganas, desde la urgente y permanente necesidad con la que comenzaba el texto de la Constitución sobre la Iglesia en el mundo del Concilio Vaticano II, a saber, que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”.

No hay nada más revolucionario en este mundo que la fe en la Santísima Trinidad, ni nadie que este por delante en la vanguardia de esta revolución que los contemplativos.

Ni hay nada más valioso para la política, es decir, para el desarrollo de la convivencia social, que la fe en la Trinidad y la práctica de la oración, unión personal con la Trinidad.

Dice Enrique Cambón, autor del libro “Vivir la Trinidad. Pistas para una nueva sociedad”, que “una actitud trinitaria no hace más que poner las condiciones para una verdadera comunicación y comunión entre las personas (…) y encuentra su más alto sentido cuando aumenta el amor a Dios entre los seres humanos y produce una mayor presencia de divino en la humanidad. Con palabras de Chiara Lubich, esta presencia es el más fuerte testimonio de Dios al mundo. Porque, según san Agustín, ves la Trinidad si ves el amor”.

Dos mil años después de que el Hijo Eterno de Dios nos revelase el secreto de la vida divina, el del infinito amor trinitario, y el del destino de la historia: participar de esa unidad en el amor; ya pueden surgir y fracasar cuantas ideologías vengan que, a la postre, la revolución de las revoluciones, aún por vislumbrar, aún por estallar, será la revolución trinitaria.

Pasará el viejo liberalismo al que ahora algunos quieren abrazarse desesperados de anomia. Pasará el no menos trasnochado laicismo que, en su desesperación por sobrevivir, se autodenomina progresismo. Pero la revolución del amor cristiano vendrá.

Por eso, hoy, además de hacer algo para renovar nuestro modo de creer y de rezar, que suele ser más monoteísta que trinitario, y de valorar y ayudar a nuestros contemplativos, podemos preguntarnos: ¿qué hago yo para que llevar la vida trinitaria a este mundo que pide a gritos más verdad, más justicia, más humanidad? ¿Qué hago yo para devolver este mundo a la imagen según la cual se creo, la de un amor sin límites que no uniformiza, sino que une en la diversidad

Hoy que la Iglesia celebra la Solemnidad de la Santísima Trinidad y la Jornada Proorantibus, es decir, de unidad con los contemplativos.

No pocos pensaran –desde fuera pero también desde dentro de la Iglesia- que tanto la fe en que Dios es uno y trino, como la vida misma de los hombres y las mujeres de las clausuras dedicados principalmente a la oración, tienen poco que ver con los avatares cotidianos en los que se desenvuelve el hombre de hoy.

Incluso sin caer en posiciones vitales mundanas o paganas, desde la urgente y permanente necesidad con la que comenzaba el texto de la Constitución sobre la Iglesia en el mundo del Concilio Vaticano II, a saber, que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”.

No hay nada más revolucionario en este mundo que la fe en la Santísima Trinidad, ni nadie que este por delante en la vanguardia de esta revolución que los contemplativos.

Ni hay nada más valioso para la política, es decir, para el desarrollo de la convivencia social, que la fe en la Trinidad y la práctica de la oración, unión personal con la Trinidad.

Dice Enrique Cambón, autor del libro “Vivir la Trinidad. Pistas para una nueva sociedad”, que “una actitud trinitaria no hace más que poner las condiciones para una verdadera comunicación y comunión entre las personas (…) y encuentra su más alto sentido cuando aumenta el amor a Dios entre los seres humanos y produce una mayor presencia de divino en la humanidad. Con palabras de Chiara Lubich, esta presencia es el más fuerte testimonio de Dios al mundo. Porque, según san Agustín, ves la Trinidad si ves el amor”.

Dos mil años después de que el Hijo Eterno de Dios nos revelase el secreto de la vida divina, el del infinito amor trinitario, y el del destino de la historia: participar de esa unidad en el amor; ya pueden surgir y fracasar cuantas ideologías vengan que, a la postre, la revolución de las revoluciones, aún por vislumbrar, aún por estallar, será la revolución trinitaria.

Pasará el viejo liberalismo al que ahora algunos quieren abrazarse desesperados de anomia. Pasará el no menos trasnochado laicismo que, en su desesperación por sobrevivir, se autodenomina progresismo. Pero la revolución del amor cristiano vendrá.

Por eso, hoy, además de hacer algo para renovar nuestro modo de creer y de rezar, que suele ser más monoteísta que trinitario, y de valorar y ayudar a nuestros contemplativos, podemos preguntarnos: ¿qué hago yo para que llevar la vida trinitaria a este mundo que pide a gritos más verdad, más justicia, más humanidad? ¿Qué hago yo para devolver este mundo a la imagen según la cual se creo, la de un amor sin límites que no uniformiza, sino que une en la diversidad

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5/31/2015 04:36:00 a.m.
El Papa Francisco concedió una entrevista al diario local de Tres Arroyos, al sur de la provincia de Buenos Aires, La Voz del Pueblo, que ha sido publicada esta semana. Histórico periódico de 112 años, obtuvo el privilegio de un “mano a mano” con el Papa, sueño de muchos medios de comunicación. El único pedido del Papa fue que el periodista Juan Berretta le “juegue limpio”. El periodista cumplió, y en 33 preguntas interrogó al Papa sobre su rutina diaria y su visión de la Iglesia y el mundo.

Francisco volvió a repasar, como en entrevistas anteriores, cómo “ni se le ocurría” la posibilidad de ser Papa en este cónclave: “Tanto era el asunto que ni una foto mía salió en los diarios, nadie pensaba en mí”.

Sobre el momento de la elección, volvió a insistir (a diferencia de lo que alguna vez malinterpretó un periodista italiano) en que sintió “mucha paz”. Francisco reveló además que, pese a que había estado en los diarios para el cónclave anterior, “adentro era claro que tenía que ser Benedicto y hubo casi unanimidad por él”, cosa que le “gustó mucho”.

Interrogado sobre el “magnetismo” que produce en la gente, Francisco explicó: “Yo trato de ser plástico en las audiencias, en las cosas que hablo, como hoy (por la audiencia pública del miércoles 20 de mayo) que conté una anécdota de cuando estaba en cuarto grado. Entonces es como que la gente entiende lo que quiero decir".

"Como cuando hablé del caso de los padres separados, que usan de rehenes a los hijos, algo muy triste, los victimizan, el papá le habla mal de la mamá, o al revés, y al pobre chico se le arma un corso a contramano en la cabeza -añadió-. Trato de ser concreto y eso que vos llamás magnetismo, ciertos cardenales me dicen que tiene que ver con que la gente me entiende”.

El Papa reconoció que disfruta las audiencias públicas, “en un sentido humano y espiritual”. “La gente me hace bien, me tira buena onda, como se dice”, contó Francisco, y aclaró que no puede vivir sin gente: “no sirvo para monje (…) yo me hice cura para estar con la gente”.

Por eso, Francisco extraña “caminar por las calles, o ir a una pizzería a comer una buena pizza”. “Acá tengo el apelativo de indisciplinado, el protocolo mucho no lo sigo”, reconoció el Papa, aunque desmintió que vaya a recorrer la ciudad.

En cuanto a su rutina diaria, confesó que se duerme fácilmente, lee una hora antes dormirse a las 22, y se levanta sin despertador a las 4. “Eso sí, después necesito la siesta”, admitió.

Además, aclaró que sólo ojea el diario italiano La Repubblica, y no ve televisión desde hace casi 25 años: “Es una promesa que le hice a la Virgen del Carmen en la noche del 15 de julio de 1990. “Me dije: esto no es para mí”, aseguró Francisco, e insistió, ante la pregunta del periodista, que ni siquiera ve los partidos de San Lorenzo o de la selección argentina.

Incluso admitió que al saludar a Marcelo Tinelli, el conductor de mayor rating de la televisión argentina, no sabía quién era. Sí se enteró de los incidentes producidos en el último encuentro entre Boca y River, y los calificó como una salvajada: “Son esas salvajadas propias de la persona que la pasión lo desborda, y también la prepotencia y la no sociabilidad, la incapacidad de vivir en sociedad. La verdad que es lamentable que en nuestro pueblo existan cosas como las barras bravas, sé que en otros países también existen”. Los barras, para Francisco, “son mercenarios”.

El Papa confesó que no sigue la evolución de la política en la Argentina, e incluso admitió: “No sé cómo son las elecciones ni quiénes son los candidatos. Me imagino quiénes deben ser los principales, pero no sé cómo van las tensiones”.

El Papa Francisco concedió una entrevista al diario local de Tres Arroyos, al sur de la provincia de Buenos Aires, La Voz del Pueblo, que ha sido publicada esta semana. Histórico periódico de 112 años, obtuvo el privilegio de un “mano a mano” con el Papa, sueño de muchos medios de comunicación. El único pedido del Papa fue que el periodista Juan Berretta le “juegue limpio”. El periodista cumplió, y en 33 preguntas interrogó al Papa sobre su rutina diaria y su visión de la Iglesia y el mundo.

Francisco volvió a repasar, como en entrevistas anteriores, cómo “ni se le ocurría” la posibilidad de ser Papa en este cónclave: “Tanto era el asunto que ni una foto mía salió en los diarios, nadie pensaba en mí”.

Sobre el momento de la elección, volvió a insistir (a diferencia de lo que alguna vez malinterpretó un periodista italiano) en que sintió “mucha paz”. Francisco reveló además que, pese a que había estado en los diarios para el cónclave anterior, “adentro era claro que tenía que ser Benedicto y hubo casi unanimidad por él”, cosa que le “gustó mucho”.

Interrogado sobre el “magnetismo” que produce en la gente, Francisco explicó: “Yo trato de ser plástico en las audiencias, en las cosas que hablo, como hoy (por la audiencia pública del miércoles 20 de mayo) que conté una anécdota de cuando estaba en cuarto grado. Entonces es como que la gente entiende lo que quiero decir".

"Como cuando hablé del caso de los padres separados, que usan de rehenes a los hijos, algo muy triste, los victimizan, el papá le habla mal de la mamá, o al revés, y al pobre chico se le arma un corso a contramano en la cabeza -añadió-. Trato de ser concreto y eso que vos llamás magnetismo, ciertos cardenales me dicen que tiene que ver con que la gente me entiende”.

El Papa reconoció que disfruta las audiencias públicas, “en un sentido humano y espiritual”. “La gente me hace bien, me tira buena onda, como se dice”, contó Francisco, y aclaró que no puede vivir sin gente: “no sirvo para monje (…) yo me hice cura para estar con la gente”.

Por eso, Francisco extraña “caminar por las calles, o ir a una pizzería a comer una buena pizza”. “Acá tengo el apelativo de indisciplinado, el protocolo mucho no lo sigo”, reconoció el Papa, aunque desmintió que vaya a recorrer la ciudad.

En cuanto a su rutina diaria, confesó que se duerme fácilmente, lee una hora antes dormirse a las 22, y se levanta sin despertador a las 4. “Eso sí, después necesito la siesta”, admitió.

Además, aclaró que sólo ojea el diario italiano La Repubblica, y no ve televisión desde hace casi 25 años: “Es una promesa que le hice a la Virgen del Carmen en la noche del 15 de julio de 1990. “Me dije: esto no es para mí”, aseguró Francisco, e insistió, ante la pregunta del periodista, que ni siquiera ve los partidos de San Lorenzo o de la selección argentina.

Incluso admitió que al saludar a Marcelo Tinelli, el conductor de mayor rating de la televisión argentina, no sabía quién era. Sí se enteró de los incidentes producidos en el último encuentro entre Boca y River, y los calificó como una salvajada: “Son esas salvajadas propias de la persona que la pasión lo desborda, y también la prepotencia y la no sociabilidad, la incapacidad de vivir en sociedad. La verdad que es lamentable que en nuestro pueblo existan cosas como las barras bravas, sé que en otros países también existen”. Los barras, para Francisco, “son mercenarios”.

El Papa confesó que no sigue la evolución de la política en la Argentina, e incluso admitió: “No sé cómo son las elecciones ni quiénes son los candidatos. Me imagino quiénes deben ser los principales, pero no sé cómo van las tensiones”.

El llanto y los temores

Francisco reconoció conmoverse, en especial ante las enfermedades de los niños y las visitas a las prisiones. “Me digo: ¿por qué Dios permitió que yo no esté aquí? Y siento dolor por ellos y le agradezco a Dios no estar, pero a la vez siento que ese agradecimiento es de conveniencia también, porque ellos no tuvieron la oportunidad que tuve yo de no hacer una macana digna de estar encarcelado. Eso me lleva al llanto interior. Eso lo siento mucho”, confesó. Además, admitió intentar evitar llorar en público, aunque en dos ocasiones estuvo al límite.

Interrogado sobre sus temores, aseguró que en general no tiene miedo pero “el dolor moral” lo resiste, “pero el físico, no”. “Soy muy cobarde en eso, no es que le tenga miedo a una inyección, pero prefiero no tener problemas con el dolor físico”, confesó entre risas.

Pobreza, corrupción y trata de personas son los peores males que aquejan al mundo hoy, sintetizó Francisco. “La pobreza es el centro del Evangelio. Jesús vino a predicar a los pobres, si vos sacás la pobreza del Evangelio no entendés nada, le sacás la médula”, aseguró al explicar, también entre risas, que no le molestaría que se le recuerde como el Papa Pobre.

Al concluir la entrevista, explicó que necesita que la oración del pueblo le “sostenga”, y por eso pide siempre su oración, y que le gustaría que le recuerden como “un buen tipo que trató de hacer el bien”.

Esta es la tercera entrevista que Francisco concede a un medio gráfico argentino. Sin ninguna coyuntura especial, y ante un abanico de preguntas respetuosas que deambularon entre su vida privada y su visión del mundo, se mostró muy cómodo. Poco a poco, como reconoció, le perdió el “pánico” al periodismo.

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5/31/2015 04:36:00 a.m.
La Virgen María (después de la encarnación del Verbo en su seno, visita a su prima Isabel que esperaba un niño (San Juan Bautista). Isabel reconoce a la Virgen como "la madre de mi Señor".
 
Lucas 1:39-46
En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá;  entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
 
Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo;  y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno;  y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?  Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno.  ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
 
Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor...
 
La celebración de la fiesta es iniciativa de San Buenaventura, franciscano, en el 1263. El Papa Urbano VI (reinó del 1378-89), la extendió a toda la Iglesia, pidiendo el fin del cisma que sufría la Iglesia.
 
En el misterio de la Visitación, el preludio de la misión del Salvador
Catequesis mariana
Santo Padre Juan Pablo II
2 de octubre de 1996

 
En el relato de la Visitación, san Lucas muestra cómo la gracia de la Encarnación, después de haber inundado a María, lleva salvación y alegría a la casa de Isabel. El Salvador de los hombres oculto en el seno de su Madre, derrama el Espíritu Santo, manifestándose ya desde el comienzo de su venida al mundo.
 
El evangelista, describiendo la salida de María hacia Judea, use el verbo anístemi, que significa levantarse, ponerse en movimiento. Considerando que este verbo se use en los evangelios pare indicar la resurrección de Jesús (cf. Mc 8, 31; 9, 9. 31; Lc 24, 7.46) o acciones materiales que comportan un impulso espiritual (cf. Lc 5, 27¬28; 15, 18. 20), podemos suponer que Lucas, con esta expresión, quiere subrayar el impulso vigoroso que lleva a María, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a dar al mundo el Salvador.
 
El texto evangélico refiere, además, que María realice el viaje "con prontitud" (Lc 1, 39). También la expresión "a la región montañosa" (Lc 1, 39), en el contexto lucano, es mucho más que una simple indicación topográfica, pues permite pensar en el mensajero de la buena nueva descrito en el libro de Isaías: "¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: 'Ya reina tu Dios'!" (Is 52, 7).
 
Así como manifiesta san Pablo, que reconoce el cumplimiento de este texto profético en la predicación del Evangelio (cf. Rom 10, 15), así también san Lucas parece invitar a ver en María a la primera evangelista, que difunde la buena nueva, comenzando los viajes misioneros del Hijo divino.
 
La dirección del viaje de la Virgen santísima es particularmente significativa: será de Galilea a Judea, como el camino misionero de Jesús (cf. Lc 9, 51).
 
En efecto, con su visita a Isabel, María realiza el preludio de la misión de Jesús y, colaborando ya desde el comienzo de su maternidad en la obra redentora del Hijo, se transforma en el modelo de quienes en la Iglesia se ponen en camino para llevar la luz y la alegría de Cristo a los hombres de todos los lugares y de todos los tiempos.
 
El encuentro con Isabel presenta rasgos de un gozoso acontecimiento salvífico, que supera el sentimiento espontáneo de la simpatía familiar. Mientras la turbación por la incredulidad parece reflejarse en el mutismo de Zacarías, María irrumpe con la alegría de su fe pronta y disponible: "Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel" (Lc 1, 40).
La Virgen María (después de la encarnación del Verbo en su seno, visita a su prima Isabel que esperaba un niño (San Juan Bautista). Isabel reconoce a la Virgen como "la madre de mi Señor".
 
Lucas 1:39-46
En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá;  entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
 
Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo;  y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno;  y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?  Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno.  ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
 
Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor...
 
La celebración de la fiesta es iniciativa de San Buenaventura, franciscano, en el 1263. El Papa Urbano VI (reinó del 1378-89), la extendió a toda la Iglesia, pidiendo el fin del cisma que sufría la Iglesia.
 
En el misterio de la Visitación, el preludio de la misión del Salvador
Catequesis mariana
Santo Padre Juan Pablo II
2 de octubre de 1996

 
En el relato de la Visitación, san Lucas muestra cómo la gracia de la Encarnación, después de haber inundado a María, lleva salvación y alegría a la casa de Isabel. El Salvador de los hombres oculto en el seno de su Madre, derrama el Espíritu Santo, manifestándose ya desde el comienzo de su venida al mundo.
 
El evangelista, describiendo la salida de María hacia Judea, use el verbo anístemi, que significa levantarse, ponerse en movimiento. Considerando que este verbo se use en los evangelios pare indicar la resurrección de Jesús (cf. Mc 8, 31; 9, 9. 31; Lc 24, 7.46) o acciones materiales que comportan un impulso espiritual (cf. Lc 5, 27¬28; 15, 18. 20), podemos suponer que Lucas, con esta expresión, quiere subrayar el impulso vigoroso que lleva a María, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a dar al mundo el Salvador.
 
El texto evangélico refiere, además, que María realice el viaje "con prontitud" (Lc 1, 39). También la expresión "a la región montañosa" (Lc 1, 39), en el contexto lucano, es mucho más que una simple indicación topográfica, pues permite pensar en el mensajero de la buena nueva descrito en el libro de Isaías: "¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: 'Ya reina tu Dios'!" (Is 52, 7).
 
Así como manifiesta san Pablo, que reconoce el cumplimiento de este texto profético en la predicación del Evangelio (cf. Rom 10, 15), así también san Lucas parece invitar a ver en María a la primera evangelista, que difunde la buena nueva, comenzando los viajes misioneros del Hijo divino.
 
La dirección del viaje de la Virgen santísima es particularmente significativa: será de Galilea a Judea, como el camino misionero de Jesús (cf. Lc 9, 51).
 
En efecto, con su visita a Isabel, María realiza el preludio de la misión de Jesús y, colaborando ya desde el comienzo de su maternidad en la obra redentora del Hijo, se transforma en el modelo de quienes en la Iglesia se ponen en camino para llevar la luz y la alegría de Cristo a los hombres de todos los lugares y de todos los tiempos.
 
El encuentro con Isabel presenta rasgos de un gozoso acontecimiento salvífico, que supera el sentimiento espontáneo de la simpatía familiar. Mientras la turbación por la incredulidad parece reflejarse en el mutismo de Zacarías, María irrumpe con la alegría de su fe pronta y disponible: "Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel" (Lc 1, 40).
 
San Lucas refiere que "cuando oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno" (Lc 1, 41). El saludo de María suscita en el hijo de Isabel un salto de gozo: la entrada de Jesús en la casa de Isabel, gracias a su Madre, transmite al profeta que nacerá la alegría que el Antiguo Testamento anuncia como signo de la presencia del Mesías.
 
Ante el saludo de María, también Isabel sintió la alegría mesiánica y "quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: 'Bendita tu entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno'" (Lc 1, 41¬42).
En virtud de una iluminación superior, comprende la grandeza de María que, más que Yael y Judit, quienes la prefiguraron en el Antiguo Testamento, es bendita entre las mujeres por el fruto de su seno, Jesús, el Mesías.
 
La exclamación de Isabel "con gran voz" manifiesta un verdadero entusiasmo religioso, que la plegaria del Avemaría sigue haciendo resonar en los labios de los creyentes, como cántico de alabanza de la Iglesia por las maravillas que hizo el Poderoso en la Madre de su Hijo.
 
Isabel, proclamándola "bendita entre las mujeres" indica la razón de la bienaventuranza de María en su fe: "¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!" (Lc 1, 45). La grandeza y la alegría de María tienen origen en el hecho de que ella es la que cree.
 
Ante la excelencia de María, Isabel comprende también qué honor constituye pare ella su visita: "De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lc 1, 43). Con la expresión "mi Señor", Isabel reconoce la dignidad real, más aun, mesiánica, del Hijo de María. En efecto, en el Antiguo Testamento esta expresión se usaba pare dirigirse al rey (cf. IR 1, 13, 20, 21, etc.) y hablar del rey-mesías (Sal 110, 1). El ángel había dicho de Jesús: "EI Señor Dios le dará el trono de David, su padre" (Lc 1, 32). Isabel, "llena de Espíritu Santo", tiene la misma intuición. Más tarde, la glorificación pascual de Cristo revelará en qué sentido hay que entender este título, es decir, en un sentido trascendente (cf. Jn 20, 28; Hch 2, 34-36).
 
Isabel, con su exclamación llena de admiración, nos invita a apreciar todo lo que la presencia de la Virgen trae como don a la vida de cada creyente.
 
En la Visitación, la Virgen lleva a la madre del Bautista el Cristo, que derrama el Espíritu Santo. Las mismas palabras de Isabel expresan bien este papel de mediadora: "Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo saltó de gozo el niño en mi seno" (Lc 1, 44). La intervención de María produce, junto con el don del Espíritu Santo, como un preludio de Pentecostés, confirmando una cooperación que, habiendo empezado con la Encarnación, esta destinada a manifestarse en toda la obra de la salvación divina.
 
Artículo publicado originalmente por corazones.org

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5/31/2015 03:33:00 a.m.
Día litúrgico: La Santísima Trinidad (B)

Texto del Evangelio (Mt 28,16-20): En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Comentario: Mons. F. Xavier CIURANETA i Aymí Obispo Emérito de Lleida (Lleida, España)

Haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy, la liturgia nos invita a adorar a la Trinidad Santísima, nuestro Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un solo Dios en tres Personas, en el nombre del cual hemos sido bautizados. Por la gracia del Bautismo estamos llamados a tener parte en la vida de la Santísima Trinidad aquí abajo, en la oscuridad de la fe, y, después de la muerte, en la vida eterna. Por el Sacramento del Bautismo hemos sido hechos partícipes de la vida divina, llegando a ser hijos del Padre Dios, hermanos en Cristo y templos del Espíritu Santo. En el Bautismo ha comenzado nuestra vida cristiana, recibiendo la vocación a la santidad. El Bautismo nos hace pertenecer a Aquel que es por excelencia el Santo, el «tres veces santo» (cf. Is 6,3).

El don de la santidad recibido en el Bautismo pide la fidelidad a una tarea de conversión evangélica que ha de dirigir siempre toda la vida de los hijos de Dios: «Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1Tes 4,3). Es un compromiso que afecta a todos los bautizados. «Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad» (Concilio Vaticano II, Lumen gentium, n. 40).

Si nuestro Bautismo fue una verdadera entrada en la santidad de Dios, no podemos contentarnos con una vida cristiana mediocre, rutinaria y superficial. Estamos llamados a la perfección en el amor, ya que el Bautismo nos ha introducido en la vida y en la intimidad del amor de Dios.

Con profundo agradecimiento por el designio benévolo de nuestro Dios, que nos ha llamado a participar en su vida de amor, adorémosle y alabémosle hoy y siempre. «Bendito sea Dios Padre, y su único Hijo, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros» (Antífona de entrada de la misa).
 

Día litúrgico: La Santísima Trinidad (B)

Texto del Evangelio (Mt 28,16-20): En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Comentario: Mons. F. Xavier CIURANETA i Aymí Obispo Emérito de Lleida (Lleida, España)

Haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy, la liturgia nos invita a adorar a la Trinidad Santísima, nuestro Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un solo Dios en tres Personas, en el nombre del cual hemos sido bautizados. Por la gracia del Bautismo estamos llamados a tener parte en la vida de la Santísima Trinidad aquí abajo, en la oscuridad de la fe, y, después de la muerte, en la vida eterna. Por el Sacramento del Bautismo hemos sido hechos partícipes de la vida divina, llegando a ser hijos del Padre Dios, hermanos en Cristo y templos del Espíritu Santo. En el Bautismo ha comenzado nuestra vida cristiana, recibiendo la vocación a la santidad. El Bautismo nos hace pertenecer a Aquel que es por excelencia el Santo, el «tres veces santo» (cf. Is 6,3).

El don de la santidad recibido en el Bautismo pide la fidelidad a una tarea de conversión evangélica que ha de dirigir siempre toda la vida de los hijos de Dios: «Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1Tes 4,3). Es un compromiso que afecta a todos los bautizados. «Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad» (Concilio Vaticano II, Lumen gentium, n. 40).

Si nuestro Bautismo fue una verdadera entrada en la santidad de Dios, no podemos contentarnos con una vida cristiana mediocre, rutinaria y superficial. Estamos llamados a la perfección en el amor, ya que el Bautismo nos ha introducido en la vida y en la intimidad del amor de Dios.

Con profundo agradecimiento por el designio benévolo de nuestro Dios, que nos ha llamado a participar en su vida de amor, adorémosle y alabémosle hoy y siempre. «Bendito sea Dios Padre, y su único Hijo, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros» (Antífona de entrada de la misa).
 

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