¿Existen de verdad los fantasmas? ¿Hay que tenerles miedo?

Ya que actualmente nos encontramos analizando el misterioso mundo de las criaturas espirituales, vendría bien examinar el popular tema de los “fantasmas”.

¿Existen realmente? ¿O es una absurda superstición?

Cuando se habla sobre ángeles y demonios, normalmente surge la cuestión de los fantasmas. ¿Qué son? ¿Ángeles, demonios, almas del purgatorio, algún otro tipo de criatura espiritual?

Los fantasmas son tremendamente populares y son tema de innumerables películas y programas de televisión. Hay incluso autodenominados “cazafantasmas” que convierten en un trabajo la búsqueda de casas encantadas para tratar de capturar aunque sea una pequeña imagen de “fantasmas” de verdad.

Aunque la Iglesia no aclara oficialmente nada en relación a la concepción moderna de lo que es un fantasma, podemos deducir fácilmente qué son:

(Para mayor claridad, voy a hablar principalmente de la definición moderna/popular de fantasma. Son los “fantasmas” que a menudo encontramos en películas de terror o en programas de televisión. No clasifico a las almas del purgatorio como “fantasmas” según el sentido moderno de la palabra).

Para empezar, los testimonios sobre fantasmas siempre giran en torno a algo que asusta al individuo, ya sea un objeto en movimiento o una casa encantada. En ocasiones se trata de una silueta que alguien vio y que causa terror. A menudo, la persona que cree haber visto un fantasma, tan sólo ha advertido un atisbo y es la experiencia del momento lo que le produce escalofríos de miedo por el todo cuerpo. ¿Haría un ángel algo así?

Los ángeles no se nos aparecen de forma aterradora.

Cada vez que un ángel se aparece a alguien en la Biblia, es posible que la persona sienta temor al principio, pero al instante el ángel habla para apaciguar el miedo. El ángel sólo se muestra para entregar un mensaje específico de ánimo o para ayudar a una persona en particular a acercarse a Dios.

Además, un ángel no busca el engaño ni acecha tras las esquinas intentando esconderse de alguien. Su misión es muy específica y a menudo nos ayudan sin que nos percatemos de que son ángeles.

En segundo lugar, los ángeles no mueven los objetos de una habitación para asustarnos.

Por otro lado, los demonios quieren exactamente eso: atemorizarnos. Los demonios quieren engañarnos y hacernos creer que son más poderosos, buscan asustarnos para conseguir sumisión. Es una vieja táctica. El diablo quiere tentarnos para alejarnos de Dios y quiere hacernos sentir fascinación por lo demoniaco.

Quiere que le sirvamos a él. Al aterrarnos, confía en que estaremos lo suficientemente asustados como para hacer su voluntad y no la de Dios. De la misma forma que los ángeles pueden “disfrazarse” para no asustarnos (a menudo aparecen como seres humanos ordinarios), los demonios pueden hacer lo mismo, salvo que sus intenciones son muy diferentes. Los demonios pueden aparecer bajo alguna imagen supersticiosa, como un gato negro, o fantasmal para conseguir intimidarnos.

Lo más probable es que si alguien ve un fantasma o ha experimentado algo en el contexto de una caza de fantasmas, de lo que se trata en realidad es de un demonio.

La última opción de lo que podía ser un fantasma es un alma del purgatorio, alguien que termina sus días de purificación en la tierra.

Las almas del purgatorio visitan a las personas en la tierra, pero es típico que lo hagan para pedir que se rece por ellas o para agradecer a alguien por sus oraciones. Durante siglos, los santos han dado testimonio de las almas del purgatorio, pero estas almas sólo deseaban las oraciones de aquellos a los que visitaban o mostrar agradecimiento tras haber sido admitidas en el Paraíso. Las almas del purgatorio tienen un propósito y no tratan de asustarnos o intimidarnos.

En resumen, ¿existen los fantasmas? Sí.

Sin embargo, no son amables como Casper. Son demonios que quieren que vivamos una vida de miedo para intentar que nos rindamos a ellos.

¿Debemos temerles? No.

Aunque los demonios puedan hacer uso de bastantes tretas, como mover objetos de una habitación o aparecerse a alguien de forma horripilante, sólo tienen poder sobre nosotros si se lo permitimos. Cristo es infinitamente más poderoso y los demonios huyen ante la única mención del nombre de Jesús.

Y no sólo eso. A todos nosotros se nos ha asignado un ángel de la guardia que está siempre a nuestro lado para protegernos de amenazas espirituales. Nuestro ángel de la guardia puede defendernos de los ataques de demonios, pero sólo lo harán si pedimos su ayuda.

Artículo de Philip Koloski publicado en su blog. Traducido y publicado por Aleteia con permiso expreso de su autor

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