Perturbadores endocrinos: ¡atención, peligro!

Pocos candidatos a la campaña presidencial francesa abordaron seriamente este tema y manifestaron su intención de prohibir “los perturbadores endocrinos, las nanopartículas y los pesticidas peligrosos” en la alimentación.

Pero, ¿qué son exactamente estos perturbadores (o disruptores o alteradores) endocrinos? ¿Qué efectos tienen sobre nuestra salud y nuestro metabolismo? De ser posible, ¿cómo los evitamos? ¿Somos conscientes del peligro que representan diariamente, sobre todo para las embarazadas y los niños pequeños? ¿Los productos ecológicos tienen menos compuestos susceptibles de perturbar nuestro sistema hormonal? Os aclaramos las dudas:

Según la Organización Mundial de la Salud, un perturbador endocrino es “una sustancia o una mezcla exógena que altera la/s función/es del sistema endocrino de un individuo y, como consecuencia, provoca un efecto nocivo sobre la salud del individuo, de su descendencia o de subpoblaciones”.

Algunas moléculas químicas presentes en nuestro entorno, nuestra alimentación, nuestros cosméticos, bloquean por motivos a veces desconocidos la acción de hormonas sobre sus receptores o inducen respuestas hormonales inapropiadas.

Entre los perturbadores más conocidos está el Dietilestilbestrol, un estrógeno sintético que ha causado estragos, ya que los descendientes (segunda y tercera generación) de personas a quienes se había prescrito este medicamento habían resultado también afectados. Sin embargo, durante varias décadas, hasta 1977 en Francia (fecha de su prohibición), ha sido prescrito para evitar embarazos espontáneos.

Lejos de aprender de los errores, otros medicamentos han reemplazado (en el pódium de los perturbadores endocrinos) al Dietilestilbestrol, como es el Depakine (principio activo ácido valproico), un antiepiléptico que se prescribió en Francia desde 1967 pero cuyo prospecto no empezó a hacer mención a los peligros para las mujeres embarazadas hasta 2006.

Hay otros perturbadores endocrinos que son bien conocidos: bisfenol (A y S), triclosán, parabenos, algunos filtros para las radiaciones ultravioleta (benzofenona-1, benzofenona-3, etilhexil metoxicinamato), BHA, BHT, ftalatos, siloxanos, alquilfenoles, siliconas, aceites minerales derivados de la petroquímica, sulfatos, sales de aluminio, formaldehído, tolueno, PFOA…

Aunque son auténticas bombas de relojería, los perturbadores endocrinos empezaron a llamar la atención desde 1950. Aunque son nocivos en dosis elevadas, los estudios muestran también que algunos perturbadores son perjudiciales también en dosis bajas. Su influencia actúa como un auténtico cóctel de efectos negativos…

Hay tres periodos vitales que hacen a los individuos especialmente sensibles: la concepción, la vida intrauterina y la pubertad. Por tanto, es primordial estar muy atentos durante estos periodos críticos.

Otro producto muy empleado acusado de ser un perturbador endocrino: la píldora anticonceptiva. Estas hormonas sintéticas perturban el sistema hormonal (es su razón de ser) bloqueando la ovulación para evitar un embarazo. Es uno de sus componentes, el etinilestradiol, el que, asociado a otros componentes inactivos individualmente, resultaría tóxico. La cuestión levanta polémicas y divisiones.

Los perturbadores afectan a la función hormonal de los órganos: tiroides, ovarios, testículos, hipófisis… Pueden modificar la producción hormonal, minar o impedir la acción de las hormonas. Las consecuencias conocidas son catastróficas: malformaciones congénitas, cáncer, autismo, disfunciones intelectuales, pubertad precoz, disminución de la fertilidad, menor número de nacidos varones, diabetes, obesidad, trastornos de comportamiento… Son solo algunos ejemplos de los daños de los perturbadores endocrinos.

El BPA (bisfenol A) es un perturbador que ha estado omnipresente en los diferentes objetos de nuestro entorno, sobre todo en recipientes alimentarios, biberones, vajillas de plástico, aunque también en los recibos de la compra. En Francia, está prohibido su uso en los biberones desde 2010 y en los recipientes de alimentos desde el 1 de enero de 2015. No obstante, está autorizado en otros países de la Unión Europea.

Según la Agencia de Seguridad Sanitaria francesa (ANSES), esta sustancia aumentaría los riesgos de cáncer de pecho no a las mujeres expuestas durante su embarazo, sino a sus hijas. Provocaría también una pubertad más precoz. En el caso de los varones, los perturbadores endocrinos causarían cáncer de próstata, un descenso de la fertilidad y malformaciones urogenitales.

Existen numerosas fuentes de exposición a perturbadores endocrinos: aire, agua, alimentos, embalajes, latas de conservas, cosméticos, productos del hogar… De modo que pueden entrar en el organismo de múltiples formas. En la vida diaria, existen mil y una formas de limitar los perturbadores endocrinos. Algunas precauciones son gestos sencillos, unos reflejos que adoptar para tener una mejor calidad de vida.

Abrid las ventanas de vuestro apartamento, sobre todo en las habitaciones, incluso en invierno. Aunque es cierto que hay polución en el aire exterior, habrá menos que en el aire interior. Un estudio de 2015 realizado en Amiens revela que habría 70 perturbadores endocrinos en el aire exterior.

Los objetos que decoran nuestras casas emiten moléculas tóxicas a la atmósfera. Los materiales plásticos flexibles (la cortina de la ducha, por ejemplo) contienen ftalatos. Los plásticos duros (ordenador, televisión) y los textiles (cortinas, sofá, peluches…) contienen PDBE o compuestos polibromados denominados “retardantes de llama bromados”. Todos estos objetos emiten moléculas químicas principalmente durante los 3 primeros meses de su fabricación. En la medida de lo posible, evitad comprar objetos nuevos si hay un embarazo de por medio. Para la decoración de vuestra casa, pensad en lo “natural”. Una moqueta de fibras naturales será menos contaminante que una de fibras sintéticas.

Los productos de limpieza de cualquier tipo también son muy nocivos. Decid adiós a los detergentes domésticos convencionales (¡y a la lejía!) que os dan la impresión de tener un hogar limpio y sano; mejor optad por productos realmente saludables, cuya composición sea más natural. Vinagre blanco, jabón negro, limón o bicarbonato de sodio son viejas recetas de abuela que han demostrado su utilidad y su seguridad. Utilizad productos del hogar con las etiquetas Ecocert o Nature & Progrès, cuyos criterios son más estrictos que la etiqueta ecológica europea Ecolabel. Utilizad fregonas y textiles de microfibras que humedezcáis para atrapar el polvo y evitar así que las moléculas nocivas se extiendan por la atmósfera.

En la cocina, dad preferencia a los recipientes de cristal mejor que de plástico. Evitad las latas de conserva, cuyo revestimiento interior se hace en base a una resina epoxi. En cuanto a los alimentos, buscad en la medida de lo posible alimentos biológicos de calidad, sobre todo para los que no se pelan o se comen crudos. Lavad bien las frutas y las legumbres.

Consumid más productos de circuitos cortos de comercialización (baja o nula intermediación; cercanía geográfica; confianza y fortalecimiento de capital social) para evitar los agentes conservantes que se aplican a los alimentos que necesitan un transporte y una conservación más larga. Para reducir al máximo vuestra exposición a perturbadores endocrinos, volved a lo natural…

Para saber más sobre los perturbadores endocrinos

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