3 pistas para que tu hijo sea lo más feliz posible

Todo padre y madre desea que sus hijos sean felices. Y cualquier padre y madre sabe hacer feliz a sus hijos momentáneamente. Sin embargo, construir una felicidad duradera… eso es más complicado. Por un lado, porque no existe una educación perfecta, ni tampoco padres o hijos perfectos, y por otro lado porque cada niño tiene su propio carácter, más o menos optimista. No obstante, aquí tienen 3 consejos que propone el doctor Alain Braconnier que, si los exploran, contribuirán a hacer que sus hijos sean verdaderamente felices.

El doctor Alain Braconnier es especialista en infancia y adolescencia. Es fundador de la unidad para adolescentes y jóvenes adultos del Servicio de Psiquiatría del Centro hospitalario universitario Pitié-Salpêtrière y la Asociación de Salud Mental del distrito XIII de París. Aleteia ForHer se reunió con el doctor el pasado 15 de junio durante una conferencia en el CPAS (centro psicosocial y de acompañamiento escolar) en Luxemburgo. Entrevista.

“Es fácil alegrar a un niño, basta con darle una piruleta, permitirle jugar como quiera o, en el caso de un adolescente, consentir a sus deseos en relación a las salidas. Pero el problema es que no siempre podemos hacer feliz a un hijo como él desearía. Porque hay obligaciones, realidades, relaciones con los demás, respeto por los demás, etc. La cuestión es hacer feliz al niño de manera que acepte los límites de aquello que desea”.

Alain Braconnier subraya la necesidad de enseñar al niño o niña a proyectarse en el futuro: “El niño vive en el momento, así que hay que enseñarle que el pasado y el futuro existen” y que una frustración en el presente tendrá su justificación en el futuro. “Los niños comprenden estupendamente las cosas; es nuestra tarea como padres y educadores explicarles por qué establecemos los límites y de qué les servirá eso más adelante”.

Alain Braconnier invita a los padres a que traten de conocer mejor el carácter de los hijos y aceptar las particularidades de cada uno; a que reconozcan los intereses que manifiestan los hijos hacia el mundo que les rodea, a que favorezcan sus actividades de ocio y sus pasiones. Este interés refuerza la identidad del hijo, su confianza en sí mismo, su relación con los demás, su optimismo y su combatividad frente a los desafíos de la vida, porque el niño tendrá necesidad de luchar para llevar a cabo los proyectos que potencialmente le traerán felicidad.

“Hay que valorar sus facultades, sus centros de interés, su curiosidad; valorarlos en aquello que hacen. Hay que mostrarles que existen dificultades, límites, desafíos, pero, al mismo tiempo, hacerles ver que pueden tener éxito, aunque haya que hacer esfuerzos”.

¿Hacer que un niño sea lo más feliz posible no depende también de la capacidad de los adultos de transmitir alegría, esperanza y optimismo? “Es más fácil hacer feliz a un niño si el padre o madre también es suficientemente feliz, positivo y si sabe transmitir alegría, si sabe reír. ¡La risa es importante!”.

En su libro L’enfant optimiste en famille et à l’école [El niño optimista en la familia y en la escuela; ed. Odile Jacob, 2015], Alain Braconnier afirma que la educación en el optimismo es una necesidad. Y precisa: “No se trata de cultivar un optimismo alelado, sino de estimular sus recursos interiores de manera que puedan reconocer su potencial y afrontar las dificultades con lucidez, energía y voluntad. Para mí, el optimismo es el punto de partida de una educación que alimenta una buena autoestima”.

El doctor también constata que el niño es más optimista que el adulto. Todo el eje de la educación está, pues, en mantener ese optimismo, e incluso desarrollarlo, porque un niño optimista está más motivado, más seguro de sí mismo, es más atrevido y más feliz.

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