El inicio de muchos males: la superficialidad



Por Hermanas Misioneras Servidoras de la Palabra

Vivimos tiempos de mucha confusión e inversión de valores tremenda, a las personas que defienden la vida y la institución matrimonial les llaman: retrogradas, dogmáticos en sentido despectivo y poco incluyentes.

Hoy se cree importante defender a los “animales” aunque en sentido estricto les estemos destruyendo su medio ambiente; se hace  importante difundir información sobre la salud  y el cuidado nutricional y se permite que en el mercado se vendan productos altos en conservadores, azúcares y químicos  energéticos.

Otro aspecto que revela nuestra superficialidad, en muchos casos, es el uso de las redes sociales como facebook, instagram, twitter... en donde se puede exhibir actividades cotidianas que, en muchos casos, está muy alejada de la realidad o bien ilustran situaciones meramente superficiales como: la chica bonita que no da una en la escuela; el joven guapo que es perezoso; la familia feliz que en realidad están al borde de la separación…

Este estilo de vida deja como resultado relaciones efímeras, que tienen como inicio el retrato falaz de quienes no tienen el valor de mostrarse tal cual son.

Lo que implica un verdadero problema en el momento de querer establecer sólidas relaciones. Además los medios publicitarios engrandecen la calidad de determinados productos o servicios que al adquirirse no dan los resultados que se esperan. Y podríamos seguir poniendo ejemplos.

La superficialidad nos hace caer en el engaño a la hora de comprar un producto o establecer relaciones con personas; en el primer caso se pierde dinero, pero en el segundo caso se pierde más pues muchas personas no muestras lo que realmente son por estos medios y ahí tenemos desde los noviazgos virtuales que al conocerse personalmente decepcionan; hasta el engaño para actividades de trata de personas e incluso asesinatos y otro tipo de situaciones extremas.

En la Biblia Jesús dice a quienes se quedan sólo con los actos externos: “Bien habló el profeta Isaías acerca de lo hipócritas que son ustedes, cuando escribió: ‘Este pueblo me honra con la boca, pero su corazón está lejos de mí.

De nada sirve que me rinda culto: sus enseñanzas son tradiciones de hombres” (Mc 7, 1-7). 
El que vive de apariencias, de entrada es hipócrita miente con palabras  y acciones; podrá engañar a otro en algún momento, y en el peor de los casos, terminará cayendo en los engaños de otros.
Tal como ha pasado en numerosos casos.

Muchos de nuestros fracasos tienen su raíz en la superficialidad que magnifica el valor de lo pasajero y esconde la grandeza de lo trascendente.

Vivir  en al verdad, requiere el valor  de decir:
no puedo, no está  en mis posibilidad, debo trabajar más para obtener algo más valioso.
Dado que las cosas VALIOSAS REQUIEREN  MAYOR  ESFUERZO Y TIEMPO.

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