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sábado, 20 de octubre de 2018

No es la vida la que tiene que ser más fácil, sino tú más fuerte

Cuando me sometí a una cirugía, cuando mi camilla era empujada a la sala de operaciones, el enfermero me preguntó: “¿Tienes miedo?” y al responder “un poco”, él prosiguió: “Estate tranquila, ¡todo va a ir bien!”. Sonreí con timidez, y pensé en la situación que vivía en ese momento.

Yo, que acostumbro a mostrar poesía y delicadeza, tenía que asumir una postura de dureza y fortaleza. Así es la vida.

Hay momentos en los que seremos sonrisas, sensibilidad y suavidad, mientras que en otras situaciones tendremos que mostrar dureza, frialdad, fuerza y equilibrio.

El cine está repleto de situaciones así, pero me acuerdo particularmente de una película: “Brooklyn”. La película, basada en la novela del escritor contemporáneo Colm Tóibín, cuenta la historia de una inmigrante irlandesa que, en 1935, deja su país para vivir en Nueva York.

Cuando ella baja de la nave y se dirige hacia la aduana, se acuerda de las palabras de una paisana con más experiencia: “Ponte erguida. Limpia tus zapatos. Y no tosas de ninguna forma. No seas maleducada o insistente, pero tampoco te muestres nerviosa. Piensa como una americana. Tienes que saber a dónde vas…”

Intentar novelar algunas situaciones o dejarnos sensibilizar demasiado por ellas no nos ayudan en esos momentos en los que tenemos que cerrar ciclos, romper antiguos modelos, tomar un camino diferente, asumir otro empleo, vencer una nostalgia o emprender algo nuevo, que causa miedo e inseguridad.

De vez en cuando tenemos que plantar los pies con bastante fuerza en la existencia y afrontar nuestros miedos con disposición y valor, sin mucho lloriqueo, nostalgia o emotividad.

Porque si las personas sucumben, no progresan. Si se doblan, no vencen. Si se dejan dominar por la emoción, se desequilibran. Si vacilan, la vida avanza y se quedan atrás.

A veces no es la vida la que tiene que ser más fácil, sino tu el que tienes que ser más fuerte. Pues todo el mundo tiene que beber tragos amargos, pero no es actuando con autocompasión, haciendo drama o conmoviéndose más de la cuenta como uno minimiza los daños.

Quizás tengas que comprender que no puedes ser sonrisas y delicadeza todos los días. Algunos días te piden que seas duro y fuerte.

Pienso en las madres que tienen que guardarse el llanto en el bolso para lograr colocar a sus hijos en un omnibus o en un avión, y transmitirles ánimo para que puedan ser felices lejos de ellas.

En esos momentos no es posible dejarse llevar por el sentimentalismo, la delicadeza y la nostalgia al mismo tiempo que se nos empuja fuera de la puerta. En esos momentos hay que hacer lo que hay que hacer, y punto final.

Y aunque el llanto venga enseguida, lejos de sus ojos, será ese estímulo seguro que permitirá el siguiente paso, y no un lamento lloroso.

Porque las emociones a flor de piel y las lágrimas no siempre son ingredientes bienvenidos, y pueden hacer las cosas aún más difíciles cuando se trata de madurar, de empezar de nuevo y de “hacer lo que hay que hacer”.

A veces es necesario quitar la clave de la emoción para que podamos afrontar la vida y sus imperfecciones.

No todos los días serán días buenos, y aprender a lidiar con ellos, sin resentimientos o victimizaciones, sino arremangándose y actuando con valor y determinación, hace que los días peores no definan nuestra vida, sino que sean el reflejo de eso que nos hace más fuertes.

Hoy, ya en casa, pensé en el enfermero y en su cariñosa preocupación. Él estuvo a mi lado en un momento de dureza y austeridad.

Y aunque no pudiese dejarme llevar por la emoción, él consiguió ser amable y ligero en un momento tan delicado. Éramos completos desconocidos el uno para el otro, y eso tal vez me facilitara las cosas.

Siendo así, solo puedo agradecer a la vida y a sus agradables sorpresas, pues la dulzura no existe solo para recordarnos el lado dulce de la vida, sino también para amenizar lo que nos espera de amargo…

(via Soma de todos os afetos)

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Articulo Revisado: No es la vida la que tiene que ser más fácil, sino tú más fuerte Puntaje: 5 Reviesado por: Hermanos Franciscanos