Desde hace un año algo pasa en Washington con la Biblia

El Museo de la Biblia cumple su primer año en la capital de EE.UU.

Es el tercer museo más grande de Washington y el mayor dedicado a la Biblia en todo el mundo. Desde su apertura, personas agnósticas, ateas y de todas las creencias cruzan diariamente (no cierra nunca) sus puertas y se adentran en una de las aventuras museísticas más innovadoras del mundo.

No se trata sólo de la tecnología punta o de los manuscritos y piezas únicas que alberga, sino de la cantidad de posibilidades con las que se mira a la Biblia, el libro más famoso del mundo y el más traducido.

El Museo de la Biblia, un enorme edificio de varias plantas se encuentra en el centro de la capital de los Estados Unidos y no es el típico espacio expositivo clásico. En este edificio hay desde secciones dedicadas a la Biblia en la moda o en el deporte hasta curiosidades y ejemplares únicos.

Entre los más inspiradores para los visitantes destaca la Biblia de Elvis Presley, o un raro ejemplar de la Biblia de los Esclavos, un texto bíblico en el que se omitía el libro del Éxodo para que los esclavos no relacionaran la Palabra de Dios con la liberación.

El Museo tiene una sala dónde se puede escuchar la Biblia y al mismo tiempo seguir el texto, así como un teatro en el que con mappings uno queda “inmerso” en las historias bíblicas. También se exhiben artefactos tecnológicos que permiten saber en cada país qué palabras relacionadas con el texto bíblico son las más buscadas, desde esperanza, amor, libertad o Dios.

El Museo expone pero también es receptivo. Una cabina permite encerrarse y registrar ante una cámara la propia experiencia, contando qué pasaje bíblico ha cambiado la vida de la gente que visita este centro. Su director, Cary Summers, cree que acercar la Biblia es “un deber y una responsabilidad”, y celebra que sean personas de todo tipo las que se interesen por el Museo.

La presencia católica en el Museo es notable, y de hecho hay un espacio expositivo con piezas preciosas provenientes de los Museos Vaticanos. El centro quiere ser una entidad que invite a interaccionar con la Biblia y a conocerla, y por esto tiene un potente laboratorio de investigación que contrasta la autenticidad de las piezas que se exhiben.

El Museo no recibe ninguna contribución del gobierno y se sustenta con donaciones de sus visitantes.

El restaurante tiene un nombre de manjar bíblico, “Maná”, y en él se cocinan recetas inspiradas en la Biblia. También en el jardín del ático se cultivan hierbas que aparecen en las Sagradas Escrituras.

Sólo tiene un año y sus puertas no cesan de abrirse para recibir a personas de todo el mundo que sienten interés en saber cuál es el secreto de este libro, la Biblia, el más amado, el más perseguido, el más buscado y por ahora, el más traducido.

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