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martes, 6 de noviembre de 2018

En China, la contaminación mata

Durante décadas, China ha sacrificado el medio ambiente y el clima por el crecimiento económico, es más “el crecimiento estaba por encima de cualquier otra cosa”. Lo escribe la Neue Zürcher Zeitung en un artículo publicado el 8 de octubre, sobre los retos medioambientales que el gigante asiático está afrontando.

Que Pequín se está tomando en serio el tema lo demuestra el discurso pronunciado en otoño de 2017 por el presidente de la República popular y secretario general del Partido Comunista Chino (PCC), Xi Jinping, con ocasión del XIX Congreso del partido. En su alocución, el hombre fuerte de Pekín, reelegido por otros cinco años a la cabeza del PCC, usó 89 veces la palabra “ambiente” y en cambio sólo 70 veces el término “economía”, observa el diario suizo.

Aire tóxico

El reto quizás más obvio es el de la contaminación del aire. Sobre todo en la Jingjinji Metropolitan Region, es decir, la región capital que comprende Pekín, la ciudad portuaria de Tianjin y la provincia de Hebei, la espesa capa de smog hace el aire a menudo irrespirable.

Según la NZZ, en la región, el valor medio anual de PM2,5, o sea, el particulado fino con un diámetro menor de 2,5 micras, que puede ser respirado y llegar a los bronquios, supera con creces, con 90 microgramos (µg) por m3 de aire, el límite de 10 µg establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En febrero de 2014, la concentración de PM2,5 alcanzaba incluso los 505 µg en Pekín…

Para mejorar la calidad del aire – se calcula que el particulado PM2,5 provoca más de un millón de fallecimientos prematuros al año en el país -, las autoridades chinas han tomado ya toda una serie de medidas, entre ellas una disminución del consumo de carbón – la fuente de energía fósil más contaminante – y la promoción de las energías renovables.

A diferencia de EE.UU., que se retiraron del Acuerdo de París sobre el clima, China lo hace con tanto empeño que dominará el sector de las renovables en las próximas décadas, sostiene un informe del IEEFA (Institute for Energy Economics and Financial Analysis), citado por el Guardian (10 enero). Mientras que China se está afirmando como líder tecnológico global, “el gobierno de los Estados Unidos mira hacia otro lado”, declaraba el director del organismo y autor del informe, Tim Buckley.

China aprieta también el acelerador de la movilidad eléctrica, prosigue NZZ. Para 2025, un automóvil chino de cada cinco (el 20%) vendido en el país usará tecnologías de propulsión alternativas. El año pasado, el porcentaje era solo del 3%, observa el diario suizo. Actualmente, el 40% de los aproximadamente 3,1 millones de autos eléctricos vendidos en todo el mundo viajan por carreteras chinas.

Suelo agrícola contaminado

No solo el aire, también el suelo de China está fuertemente contaminado, consecuencia también de la falta de políticas adecuadas para la gestión y/o reciclaje de los desperdicios. Es preocupante, por ejemplo, la contaminación de los terrenos agrícolas.

En diciembre de 2013, una fuente oficial hablaba de aproximadamente 3,3 millones de hectáreas de suelo agrícola contaminado, del que la mayor parte está destinado al cultivo de cereales, según informaba el Guardian (23 enero 2014). Según las estimaciones del ministerio competente, cada año aproximadamente 12 millones de toneladas de cereales acaban pudriéndose, porque están contaminadas por metales pesados y por tanto no son aptas para el consumo.

Según las autoridades chinas, una superficie agrícola casi comparable a la extensión de Bélgica (unos 30.500 km²) no puede utilizarse, porque está demasiado contaminada. El objetivo de Pekín es sanear para finales de 2020 la casi totalidad de los terrenos agrícolas contaminados, el 90%, según hizo saber el pasado mes de febrero el ministro del Ambiente, Li Ganjie.

La cuestión del agua

De importancia crucial es también la cuestión del agua en China. Ante todo porque escasea en varias zonas del enorme país. Tres cuartas partes de los recursos hídricos, el 80%, están situados en el sur del país, pero un chino de cada dos vive en el norte, que es una zona muy árida: la cantidad de agua disponible para ciudades como Pekín y Tianjin es solo poco superior a Arabia Saudí, recuerda NZZ.

Por este motivo, China puso en marcha desde hace décadas toda una serie de grandes obras hidráulicas, entre ellas pantanos, que permiten, no sólo la generación de energía hidroeléctrica, sino también la acumulación de grandes cantidades de agua en pantanos artificiales.

Según recuerda Brahma Chellaney en el South China Morning Post, China cuenta actualmente en total con 86.000 pantanos, lo que significa che que de media el país ha construido una al día desde 1949, el año del nacimiento de la República popular.

Según el autor, la construcción de todos estos pantanos tuvo no sólo un impacto devastador en el medio ambiente – han desaparecido unos 350 lagos – sino que se ha convertido también en un instrumento en las manos de Pekín para hacer presión a los países cercanos. Muchos pantanos se construyeron sobre los grandes ríos transnacionales, entre ellos el Mekong y el Brahmaputra, vitales para millones de habitantes de varias naciones asiáticas, como Birmania y Vietnam (Mekong), e India (Brahmaputra).

China ha realizado ocho enormes pantanos sobre el Mekong poco antes de que el río entre en el sudeste asiático, y está construyendo o proyectando otras 20, explica el autor, el cual denuncia la política de los “hechos consumados” por parte de Pekín. Con su control de los recursos hídricos transfronterizos a través del creciente número de proyectos de hidroingeniería, China “está arrastrando a sus vecinos ribereños a juegos de póquer geopolítico de alto riesgo”, sostiene Chellaney.

Tibet: el castillo de agua de Asia

Emblemática es la situación en el Tíbet, donde Pequín pretende crear una enorme red de cámaras de combustión — se habla de decenas de miles de quemadores – con el objetivo de hacer aumentar las lluvias en la región hasta 10.000 millones de m³ al año, o lo que es lo mismo, el 7% aproximadamente del consumo hídrico del país. El megaproyecto fue revelado por el South China Morning Post.

Aunque el método no es nuevo – fue experimentado por ejemplo en EE.UU. –, sorprenden en el caso de China las proporciones colosales. Según el diario de Hong Kong, los quemadores se instalarían en una superficie grande como tres veces España. En teoría, la red de quemadores podría influenciar en el tiempo y por tanto también en el clima del altiplano tibetano – llamado también “el castillo de agua de Asia”, pues ríos como el Yangtsé y el Brahmaputra nacen justo allí -, ya puesto a dura prueba por la explotación minera, también esta en fuerte aumento.

Lo que preocupa a los expertos, entre ellos Brahma Chellaney, es además el hecho de que el agua tibetana ha acabado en el punto de mira de la industria china de aguas minerales. El agua de los glaciares tibetanos gusta a los consumidores chinos, que tienen muy poca confianza en el agua que sale de los grifos de las grandes ciudades y por tanto prefieren el agua embotellada, si es posible, procedente precisamente de los altiplanos del Tíbet.

Aguas contaminadas

De hecho, también el agua de superficie – como la del subsuelo – en China está dramáticamente contaminada. Según el sitio Facts and Details, cerca de un tercio de las aguas residuales industriales y más del 90% de las domésticas acaban en los ríos y en los lagos sin ningún tipo de tratamiento previo. Por ello, también los niveles de contaminación de los ríos más icónicos del país, el Río Azul (Yangtsé), el Río Amarillo y el Río de las Perlas, son dramáticos.

Casi el 80% de las ciudades chinas no tienen instalaciones para el tratamiento de las aguas residuales, y en el 90% de las ciudades chinas, las reservas hidrológicas subterráneas resultan contaminadas, prosigue el sitio. En Pekín, escribe a su vez el Guardian (2 junio 2017), el 39,9% del agua está tan contaminada que es completamente inutilizable.

La mitad de la población china no tiene acceso a agua potable segura, y casi dos tercios de la población rural del país, es decir, más de 500 millones de ciudadanos, consumen agua contaminada por desechos industriales y humanos, recuerda el sitio Fact and Details.

No hay que sorprenderse, por tanto, de que Xi Jinping haya usado 89 veces la palabra “medio ambiente” el pasado otoño. La protección del medio ambiente es de hecho una cuestión de vida o muerte para millones de ciudadanos chinos, y hasta cierto punto también al propio PCC, que teme el descontento, tanto de sus funcionarios como de la población en general.

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