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miércoles, 5 de diciembre de 2018

Jesús, “el mejor de los chamanes”

“Serán como Dios...”. Esta frase de la serpiente a Adán y Eva no ha parado de resonar al común de los mortales y tentarlos. María, una mujer colombiana, la escuchó antes de decidir seguir decididamente a Cristo. Desde la New Age hasta el budismo pasando por la ayahuasca, Aleteia te propone conocer la búsqueda de Dios que ha emprendido esta joven

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María acaba de alcanzar la treintena. Esta joven enérgica de origen colombiano ha crecido en una familia cristiana.
Una fe y un entorno de los que se alejó para vivir sus propias experiencias: quiromancia, astrología, chamanismo o budismo, entre otras técnicas, para intentar encontrar las respuestas cuando se aspira a comprender el mundo e integrarse en él, con la ilusión de poder controlarlo tanto como su propia vida.
Pero ¿sabrá el hombre ser suficiente por sí mismo? Conforme vivía las experiencias, María se dio cuenta de la necesidad de confiar en algo más grande que ella. Nos confía en Aleteia su testimonio, auténtico y profundo. 
Aun siendo joven, te has hecho muchas preguntas sobre el sentido de la vida y la forma de crecer gracias a las experiencias espirituales. ¿Qué buscabas?
Cuando era joven, buscaba las respuestas a través de diferentes vías espirituales porque sentía un hueco, un vacío en mi existencia. Podía llenarlo varios días o semanas, pero enseguida lo sentía de nuevo.
Me producía una tremenda curiosidad el mundo espiritual. Desde muy joven comencé a intentar varias prácticas ocultas como la quiromancia, el Yijing y la astrología. También me adentré en el calendario maya.
He vivido una vida basada en las historias de la New Age y en muchas definiciones del yo, de la autoidentificación con mi propio signo y mi posición planetaria.
Todo esto parecía haberse convertido en algo normal en mi vida, pero en realidad estaba fuera de control. Cada vez que conocía a alguien le preguntaba por su fecha de nacimiento y hacía un análisis completo.
Más tarde, con el tarot, estaba constantemente “preguntando” este tipo de cosas para tomar decisiones o apreciar mis relaciones.
Me creía más inteligente que el resto porque me dedicaba a cosas que la gente “normal” no sabía. De hecho, pensaba que era mejor que el resto y solo quería a mi alrededor a las personas que hablaban el mismo idioma que yo. En el fondo, no quería a nadie, aunque aparentemente dijera que les apreciaba.
En cuanto a mí, rechazaba el mundo tal como era y estaba muy implicada en el activismo político que mezclaba con la New Age.
Otras técnicas que me encantaba practicar eran la meditación profunda y la vipassana (camino al budismo) que más tarde completaba con sustancias indígenas, como la ayahuasca.
¿Te sentías feliz con tu vida?
Toda mi búsqueda era una voluntad desesperada por cambiar mi realidad, porque no me gustaba. Pero, a ojos de los demás, quería ser una persona espiritual que sabía muchas cosas que otros ignoraban.
Pensaba que tenía algún tipo de poder. He practicado mucho yoga, he hecho rituales, he pagado mucho dinero para ir a ver a chamanes especiales y terapeutas para asistir a ceremonias que tenían como objetivo hacerme sentir que había alcanzado la libertad.
En realidad, consideraba que tenía el poder de estar iluminada, pero al mismo tiempo, cada vez era menos empática con mi entorno.
Por ejemplo, estaba convencida de que las personas que pedían limosna en la calle eran un mal reflejo de mi subconsciente, por lo que debía ignorarlas y no ayudarlas.
Conforme me volvía más espiritual, me hacía menos cariñosa. Estaba tan concentrada en mí misma que no veía a la gente que realmente se preocupaba por mí.
¿Por qué estas experiencias originaron incomodidad y fueron cuestionadas?
Mi ego, definido como la imagen que los demás tenían de mí, me hacía sentir muy bien. En muchas ocasiones pensaba que era muy inteligente y especial.
Pero, al mismo tiempo, dentro de mí, estaba desesperada por sentir cierto éxtasis, estaba siempre buscando algo. Lo cierto es que nunca estaba satisfecha, estaba vacía y cada vez más centrada en mí.
Después de varias ingestas de plantas medicinales indígenas, en ocasiones incluso psicodélicas, ignoraba a veces la diferencia entre sus efectos y lo que yo llamaba mi “intuición”.
Siempre juzgaba a todo el mundo a partir de lo que para mí era el “sexto sentido” y… me equivoqué en muchas ocasiones.
Los mejores amigos que pensaba que tenía se convirtieron en impostores y abusaron de mi confianza. Interpretaba las advertencias de mis amigos cristianos como un obstáculo hacia mi libertad y una ceguera por su parte contra mis “revelaciones espirituales”.
Estaba dispuesta a todo para convencer al mundo de los fundamentos de mi propia intuición y mi visión de la realidad.
Se trataba de un pensamiento completamente jerarquizado y a menudo me enfrentaba a conflictos filosóficos durante una discusión solamente para probar hasta qué punto el mundo se equivocaba y yo tenía razón.
Sentía una gran ansiedad en mi interior, aunque intentaba proyectar la imagen de alguien que tiene todo bajo control.
Después de alejarte de la fe cristiana, volviste a encontrar un nuevo camino para volver. ¿Cómo redescubriste el amor de Dios y cómo ha cambiado tu vida desde entonces?
Nunca he rechazado el cristianismo, pero lo acepté después de que un amigo, muy implicado en el yoga kundalini, se suicidara.
En ese momento comprendí que no podía esperar algo por mí misma, que mi máscara se caería porque estaba viviendo una vida poniendo todas las esperanzas en mí o en mortales como yo.
Sentir la muerte tan cerca me hizo recordar que yo no soy dueña de mi vida ni la que controla el universo, aunque pensara que podía comprenderlo todo con mis teorías y mis chamanes.
Me di cuenta de que simplemente estaba perdida, y que las personas y cosas que idealizaba también eran imperfectas porque no durarían mucho tiempo, porque eran muy caras o incluso porque necesitaban que hiciese algo (como la meditación diaria de vipassana de dos horas o las ceremonias indígenas).
Debía reaccionar por mí misma, así que tras la muerte de mi amigo (era una persona muy activa, lo había hecho todo, pero nunca pedía ayuda), volví a meditar sobre el mensaje de Dios, el Dios con el que había crecido: “Deja que te acoja en mis brazos para que descanses”.
En efecto, sentía la necesidad de pedirle ayuda, no al universo (como en el pensamiento de la New Age), sino al Creador del universo; no a las plantas de la madre tierra, sino ir directamente al origen perfecto de amor y perfección del que la ha creado.
Y pedirle directamente, a través de la oración, ayuda, que me devolviese mi vida. Me abandoné a él y fue maravilloso.
¿Fue una decisión difícil?
Dolió un poco. A mi ego no le agradó nada porque tenía que decirle: “Existe alguien más grande que tú. Tú no tienes todas las respuestas, pero sí existe alguien que las tiene, aunque no quieras admitirlo. Efectivamente, existe un Dios y tú (yo) necesitas a un Salvador en tu vida de pescador mortal”.
Era doloroso darse cuenta de que estaba equivocada con tanto fantasma y que Dios, Jesucristo, había estado siempre a mi lado, esperándome para que le entregase mi corazón.
Era tan egoísta que no quería entenderlo e intentaba hacerlo todo a mi manera. Pero Él estuvo ahí todo el tiempo y continúa estando, aunque caiga. Es la única fuente de paz eterna, nada de lo que yo pueda comprar o alcanzar lo sustituye.
 ¿Qué ha cambiado en tus valores y tus luchas?
La diferencia ha sido de 180 grados. Ya tenemos a un Salvador y solamente tenemos que buscarlo en nuestro corazón y nuestra alma para recibir el regalo de la libertad.
Mis problemas siguen existiendo, sigo teniendo deudas, pero es como si viera su dimensión real y la eternidad haya asumido un papel completamente diferente.
Ahora les concedo una importancia real, que es solo material. Y comprendo que hay cosas que son mucho más importantes, como en las que deposito mi fe, o cómo utilizo mi cuerpo (mis relaciones, mis pensamientos, mis preocupaciones, etc.).
Dios es más grande que todos los problemas que yo pueda tener, mientras que antes pensaba que estos problemas eran los más importantes del mundo.
Mis valores y mis principios en la vida se basan en la Palabra de Dios. Jesucristo es mi libertad, su Palabra me ha liberado de mis cadenas.
Le ha devuelto a mi alma la esperanza de convertirme en un ser humano auténtico y mejor, no por mi propio poder, sino por su gracia y amor. Ha hecho que le ame, porque Él me amaba primero.
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Articulo Revisado: Jesús, “el mejor de los chamanes” Puntaje: 5 Reviesado por: Hermanos Franciscanos