Iglesia en Paraguay reza por la pronta beatificación del Padre Julio César Ortellado

ASUNCIÓN, 27 Feb. 19 (ACI Prensa).- El 26 de febrero se llevó a cabo la Peregrinación Nacional del Clero de Paraguay hacia la tumba del Siervo de Dios Julio César Ortellado, quien dedicó su vida al servicio pastoral de los más pobres.

El P. Ortellado (1906-1943), fue un sacerdote paraguayo que sirvió en Ybycuí, departamento de Paraguarí, donde además de servir a los más necesitados fue responsable de obras como el hospital, la iglesias de Quyquyhó y Mbuyapey y el Hogar San José de Huérfanos (hoy Colegio Niño Jesús).

También trabajó en la construcción y arreglos de caminos y puentes, y fue presidente de la Comisión de Fomento y Trabajo de Ybycuí, cargo que aceptó sin goce de sueldo.

Murió a los 37 años, contagiado de tifus por un soldado a quien visitó para darle la unción. La Santa Sede lo declaró siervo de Dios en abril de 2013 y, de prosperar la causa, podría convertirse en el segundo santo de Paraguay.

Obispos y sacerdotes llegaron hasta Ybycu'i para celebrar la Misa en honor al P. Ortellado, presidida por el Arzobispo de Asunción, Mons. Edmundo Valenzuela.

“Para nosotros este es un día de fiesta espiritual que nos abre un horizonte de la santidad. Estamos teniendo una experiencia muy linda con la beatificación de la Hna. María Felicia (...) y ahora venimos pidiendo humildemente al Señor que nos conceda la gracia de ver al P. Julio César Ortellado en camino a los altares: venerable, beato y santo”, dijo Mons. Valenzuela.

El Arzobispo Metropolitano destacó dos características del P. Ortellado a imitar por parte del clero: la confianza en Dios y el servicio.

La confianza en el Señor es el “mensaje que ha sabido vivir profundamente nuestro hermano sacerdote. Esa confianza le ha acompañado durante toda su vida, comenzando por su infancia… y cuando sacerdote va a decir: se hizo realidad aquello que yo soñaba”.

“Cada uno de nosotros tiene una experiencia diferente del llamado de Dios a su servicio, pero cuando tenemos la piedra fundamental de la confianza en el Señor, Él realiza su obra a través de nosotros”, recalcó el Prelado.

En cuanto al servicio, Mons. Valenzuela afirmó que el P. Ortellado supo “vivir la lógica de la misericordia y de la entrega total en su apostolado”, reflejada en el pedido que hizo de “ir a los lugares abandonados y difíciles de entonces, como es precisamente Ybycu'i”.

 

 

 

 

“Su celo pastoral fue extraordinario y pidió construir este templo donde estamos cobijados para gloria de Dios, para que la Eucaristía sea el centro de su vida y de la vida de la comunidad. Y en esa lógica tuvo tantas horas de adoración Eucarística”, reflexionó.

Mons. Valenzuela animó a los sacerdotes a volver a sus diócesis llevando “el amor y el entusiasmo de rezar por la pronta canonización de nuestro Siervo de Dios. Difundamos su vida, que es un hombre de Dios y que ha sabido dedicarse profundamente a la evangelización de los más pobres. ¡Qué ejemplo para nosotros!”.

Por su parte, el Obispo de Carapeguá, Mons. Celestino Ocampo, destacó que el P. Ortellado “es un santo para nosotros, pero debemos avanzar todavía con el proyecto de beatificación para que podamos tenerlo en los altares muy pronto”.

El grupo que lleva adelante la causa está integrado por Mons. Ocampos, P. Armando Sotelo, postulador; P. Osmar López, Vicario de Asuntos Económicos de Carapeguá; y Hna. María Luisa, quien será la notaria y tomará las declaraciones de los testigos.

Proceso de canonización

El proceso de canonización solo puede comenzar una vez transcurridos un mínimo de cinco años desde la muerte del candidato. El primer paso es el reconocimiento de la heroicidad de virtudes; es decir, el haber vivido en grado sobresaliente la fe, la esperanza y la caridad.

Tras el decreto de heroicidad, se espera un milagro obrado por la intercesión del siervo de Dios, con lo que se abre el camino a la beatificación.

Una vez proclamado beato, se espera a un segundo milagro debidamente investigado y aprobado por las autoridades eclesiales que abrirá el camino a la canonización.

Todos los pasos mencionados en este proceso pasan por la aprobación del Papa.

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