La moda de las pruebas de ADN y sus peligros

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Giovanni Cancemi | Shutterstock

La moda de los test de ADN se extiende, con sus fantásticos y misteriosos beneficios. Sin embargo, la operación no está carente de riesgos éticos

Se cuentan ya por millones los que han confiado su ADN a empresas estadounidenses como 23andMe o MyAncestry. Según el cronista médico Jean-Yves Nau, en Francia, más de 100.000 personas al año solicitan este test. ¿Por qué se interesan por este procedimiento? Para conocer sus orígenes, en particular los orígenes geográficos de sus ancestros. Al identificar los parientes lejanos gracias a una proximidad genética se puede, según dicen, establecer una relación a través de lo que se nos ha presentado como una red social del futuro. O también conocer los factores de riesgo para la salud.

La prueba no es cara: 99 dólares (87 euros). Actualmente, My Heritage incluso ofrece una promoción de descuento a 59 euros. Y es facilísimo: escupes en un tubo, lo envías por correo y recibes los resultados por Internet en unos cuantos días.

La indisponibilidad del cuerpo humano

En el derecho francés existe un principio llamado de “indisponibilidad del cuerpo humano” que protege la dignidad del ser humano. En general, uno puede comprar o vender, ser propietario de un objeto, de un animal… pero no se puede comprar o vender el cuerpo humano. No podemos hacer lo que queramos con nuestro cuerpo. De este principio derivan múltiples y afortunadas consecuencias en el campo de la bioética: se excluyen del uso comercial, por ejemplo, la donación de sangre, la procreación con esperma de un donante o el trasplante de órganos. Este principio se aplica también para evitar cualquier tipo de discriminación y para proteger rigurosamente los datos sanitarios.

La utilización de los datos

Sin embargo, estos principios del derecho francés se ven alteraos por la mundialización actual.

Los datos sobre nuestro ADN pueden monetizarse. Y de hecho se venden. De forma anónima, nos dicen. Pero ¿qué será de esos datos si las empresas propietarias son compradas, quiebran, si las bases de datos son pirateadas, si cambian las leyes…? ¿Los que han confiado su ADN están realmente protegidos contra la utilización de esos datos por sus empleadores, por sus aseguradoras?

Estas preguntas deberían tratarse en las próximas leyes de bioética. Es algo urgente.

Artículo publicado en colaboración con RCF Nord-de-France.

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