La “iGen”: los adolescentes están más solos que nunca

Las tasas de depresión e infelicidad también se dispararon entre los adolescentes después de 2012

LJean Twenge es profesora de psicología, Universidad Estatal de San Diego (California, Estados Unidos). La tesis que sostiene en sus numerosos estudios sobre la era digital y la generación conectada es que los adolescentes pasan menos tiempo con sus amigos, y están más solos que nunca.

*Frente a las relaciones cálidas*

En Estados Unidos, donde trabaja Twenge, y, prácticamente, en el resto del mundo, los adolescentes no son, necesariamente, menos sociales, pero los entornos de sus vidas sociales han cambiado; y han cambiado mucho, sobre todo en las relaciones cálidas, cara a cara, con el otro real y no el otro virtual.

Twenge ha llamado a esta generación “iGen”, también llamada “Generación z”, una generación que está constantemente conectada con sus amigos a través de medios digitales, y pasan, en promedio, hasta nueve horas al día con pantallas.

Las preguntas que se hicieron la investigadora y sus colegas fue la siguiente: “¿Qué sucede si nos acercamos y comparamos la frecuencia con que las generaciones anteriores de adolescentes pasaban tiempo con sus amigos y la frecuencia con la que los adolescentes de hoy lo hacen? ¿Y si también viéramos cómo los sentimientos de soledad difieren a través de las generaciones?”

Una socialización diferente

Para tener respuestas concretas, Twenge y sus colaboradores examinaron las tendencias de cómo 8.2 millones de adolescentes estadounidenses pasaron tiempo con sus amigos desde la década de 1970.

El resultado es que los adolescentes de hoy “están socializando con amigos de maneras fundamentalmente diferentes, y también resultan ser la generación más solitaria que se haya registrado”.

El tiempo que los adolescentes pasaron cara a cara con sus amigos ha disminuido desde la década de 1970, la caída se aceleró después de 2010, justo cuando el uso de teléfonos inteligentes comenzó a crecer. Antes era la televisión la que ocupaba el tiempo.

“En comparación con los adolescentes en décadas anteriores, los adolescentes iGen tienen menos probabilidades de reunirse con sus amigos. También es menos probable que vayan a fiestas, salgan con amigos, salgan en citas, vayan en autos por diversión, vayan a centros comerciales o vayan al cine”, dice Twenge.

Menos tiempo con el otro

Y eso no es porque pasen más tiempo en el trabajo, las tareas o las actividades extra curriculares. Los adolescentes de hoy tienen menos trabajos remunerados, el tiempo de tarea no ha cambiado o ha disminuido desde la década de 1990, y el tiempo dedicado a las actividades extra curriculares es aproximadamente el mismo.

Sin embargo, pasan menos tiempo con sus amigos en persona, y por grandes márgenes. A fines de la década de 1970, 52 por ciento de los estudiantes de nivel secundario se reunían con sus amigos casi todos los días. Para 2017, solo 28 por ciento lo hizo. La caída fue especialmente pronunciada después de 2010.

La investigadora y los coautores se preguntaron, acto seguido, si estas tendencias tendrían implicaciones para los sentimientos de soledad. Y la respuesta fue que, efectivamente, justo cuando la caída en el tiempo cara a cara se aceleró después de 2010, los sentimientos de soledad de los adolescentes aumentaron.

Entre los alumnos de secundaria, 39 por ciento dijo que a menudo se sentía solo en 2017, en comparación con 26 por ciento que así lo declaró en 2012. Por otra parte, 38 por ciento dijo que a menudo se sentían excluidos en 2017, en comparación con 30 por ciento en 2012.

Algo habrá…

“Los niveles más altos de soledad son solo la punta del iceberg”, subraya Twenge. Y añade: “Las tasas de depresión e infelicidad también se dispararon entre los adolescentes después de 2012, quizás porque pasar más tiempo con pantallas y menos tiempo con amigos no es la mejor fórmula para la salud mental”.

Algunos de los “integrados” (con la terminología de Umberto Eco para las comunicaciones de masas) han argumentado que los adolescentes simplemente “están eligiendo comunicarse con sus amigos de una manera diferente” , por lo que el cambio hacia la comunicación electrónica no es preocupante.

Twenge se opone, y concluye su artículo de manera terminante: “Ese argumento asume que la comunicación electrónica es tan buena para aliviar la soledad y la depresión como la interacción cara a cara. Parece claro que este no es el caso. Hay algo sobre estar cerca de otra persona, sobre el tacto, sobre el contacto visual, sobre la risa, que no puede ser reemplazado por la comunicación digital”.

Con números, investigación de fondo y sentido común, podemos decir, con la investigadora de la Universidad Estatal de San Diego que el resultado es una generación de adolescentes, la “iGen” o “Generación z”, que están más solos que nunca.

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