Descansa en Dios el Pbro. Luis Manuel Hernández Toral


Eugenio Amézquita Velasco

OBITUARIO

Este jueves por la mañana, entró a la Casa del Padre el rector del Templo de Santa Ana, de la colonia Santa Anita, el Pbro. Luis Manuel Hernández Toral, luego de una enfermedad, que fue el medio para encontrarse con Dios. Hombre sencillo y cuya generosidad y actitud simple y sencilla cautivó a quienes le conocieron de cerca y reconocen que deja un vacío difícil de llenar. Un hombre de conversión que convirtió a muchos.

Un buen sacerdote, un hombre de Dios, fueron las palabras de su compañero de ministerio, de siempre y paisano, el Pbro. Benjamín Jiménez Cruz, unidos en un lazo fraterno, de afecto y estimación. Mi paisano, recalcó el padre Jiménez Cruz.

El padre Hernández Toral nació el 17 de noviembre de 1952 en Apaseo el Grande. Fue ordenado sacerdote por Mons. Victorino Álvarez Tena, el 12 de abril de 1980, en Celaya, Gto., y fue rector del Templo de Santa Ana, en la colonia Sana Anita.

Recordado con cariño por quienes fueron seminaristas en los años setentas, durante su etapa de diacono, el Padre Hernández Toral apoyó también en sus últimos años como sacerdote a la parroquia Nuestra Señora de la Salud, de la colonia Latinoamericana, con celebraciones litúrgicas en las colonias Villas de la Hacienda y en La Capilla.

Hombre de pensamiento social, se trasladaba de un lugar a otro a pie, o en el mejor de los casos, a base del tradicional "aventón" que más de un feligrés le obsequiaba para ir a los sitios donde se le requería el servicio. Preparaba sus predicaciones por escrito, a mano, siempre llenas de lucidez, de espiritualidad y de sencillez.

De sonrisa franca, de comentario profundo, supo hacer amigos; se encontró en el camino al Señor, quien le manifestó el amor que por él sentía, concediéndole la conversión de todos los días; la gente le amó filialmente y era nada infrecuente que lo invitaran a comer a sus casas, compartiendo con gusto los platillos, por muy sencillos que fueran y su coca cola en botella de vidrio, uno de sus gustos y placeres que disfrutaba con simplicidad.

Para quienes lo conocieron, sabían que no tenía coche; sabían que era frecuente encontrarlo caminando en la calle, con su mochila al hombro, para llevar la confesión a los enfermos. Él mismo se bromeaba por su barba, en medio de esa risa contagiosa y la de sus fieles a la Santa Misa, quienes lo recuerdan con muchísimo cariño.

Se daba a los demás, y no se medía en ello. Promovía a través de su cuenta de Whatsapp el amor a la Eucaristía y constantemente invitaba todos los jueves a acudir a adorar al Santísimo Sacramento, a quien lo exponía en la mesa del altar durante el día en su capilla de Santa Anita.

Al ser nombrado por Mons. Benjamín Castillo Plascencia, obispo de Celaya, como rector del Templo de Santa Anita, promovió la devoción a Santa Ana, madre de la Virgen María y cariñosamente la denominaba como "La abuelita de Cristo", fomentando con ello el amor a los abuelos y festejándolos también de manera preponderante en su fiesta patronal.

Reconoció en Santa Ana a la madre de la Llena de Gracia, La Sin Mancha, la Virgen María, madre de Jesucristo.

El Padre Luis Manuel goza ya de Dios y el Señor no lo dejó mucho tiempo en su enfermedad; quiso llevárselo pronto y ya se encuentra con el Creador. Sus fieles dan gracias a Dios por habérselos prestado para gozar de su compañía y poder expresarle: Gracias, Señor, porque lo creaste. Descansa en paz, Padre Luis Manuel.

Compartimos a ustedes una de las últimas entrevistas realizadas al padre Luis Manuel.





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