¿Quién tiene que leer el versículo antes del Evangelio en misa?

Aunque el Evangelio no es más Palabra de Dios que el resto de las lecturas de la misa, sí tiene un carácter especial al ser la última y directa revelación de Dios en Jesucristo, la palabra de Dios hecha carne.

De esta manera la lectura del evangelio corona las lecturas de la celebración eucarística porque tiene una especial dignidad. Por eso la liturgia de la palabra distingue el Evangelio por encima de las otras lecturas.

La distingue con muestras de honor, acumulando en torno a ella signos expresivos de singular importancia: una aclamación introductoria, un ministro ordenado, la petición de bendición antes de su proclamación, el uso en casos especiales del evangeliario para su lectura, un saludo antes de proclamarlo, signación, incensación, aclamación del pueblo al terminar, beso del evangeliario por parte del obispo y la posterior bendición de la asamblea con el mismo.

Las aclamaciones son generalmente expresiones de un estado de ánimo. Están hechas para impactar. Por eso no se trata simplemente de leerlas o decirlas, sino de cantarlas, aclamarlas o proclamarlas. Una aclamación es una expresión de júbilo, un clamor comunitario.

El Aleluya junto al versículo que lo acompaña es precisamente la aclamación al evangelio. Ayuda cantar no sólo el Aleluya, sino también ese versículo.

Esta aclamación es un acto por el que la asamblea litúrgica saluda al Señor Jesús que llega a hablarnos y se dispone a acogerlo.

El Aleluya se canta estando todos de pie, iniciándolo los cantores o el cantor, y se repite; y el versículo, entre los dos aleluyas, si se canta (que es lo ideal y ojalá con la participación de toda la asamblea litúrgica) lo debe entonar un cantor o el mismo coro.

En caso de que no haya un cantor, el versículo no se canta; y éste lo puede leer quien hace la segunda lectura (si la hay) o cualquier fiel, incluso el mismo diácono o sacerdote. La liturgia no exige nada en concreto.

Si el canto del Aleluya ya contiene un estribillo, este sustituiría el versículo intermedio y se omitiría la lectura del versículo intermedio.

O, lo que es lo mismo, si el lector desde el ambón opta por leer el versículo intermedio del leccionario o evangeliario, el canto del Aleluya no deberá cantarse con otros versículos o cualquier otra frase, pues se estaría duplicando el versículo intermedio. Por tanto, es importante que coro y lector estén de acuerdo previamente.

Si la aclamación completa no se canta (si el Aleluya y/o el versículo antes del evangelio no se canta) se puede omitir; al menos en los casos en que sólo se proclama una lectura antes del Evangelio, como es el caso de las misas feriales.

Pero, en los domingos, solemnidades o días de precepto, el Aleluya siempre se canta, excepto en Cuaresma. Durante ese tiempo, la aclamación que precede a la lectura del Evangelio es diferente. En vez del Aleluya, se canta el versículo propuesto antes del Evangelio u otro canto o antífona.

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