La actitud de espera activa del cristiano



Por: H. Jesús Salazar, LC | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Tú que conoces mi corazón, ilumíname para que sepa reconocer las cosas que son más importantes para mi vida eterna y que me guíe por ellas.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 12, 35-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a media noche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cuando amamos a alguien nos da muchísimo gusto que esa persona esté con nosotros, y cuando no está, nuestra actitud de espera demuestra el amor y cariño que le tenemos. Cristo nos puede llamar a ayudarle en su misión a cualquier hora y nosotros debemos estar preparados para responderle, listos para salir, como lo refleja el tener la túnica puesta y las lámparas encendidas; aunque sea oscuro el camino para los que tenemos nuestra confianza puesta en el Señor, esto no nos causa miedo porque sabemos que Cristo no nos dejará solos para que se nos acabe el aceite de nuestras lámparas.

Todas nuestras acciones por Dios son una respuesta a sus invitaciones. Él siempre tiene la iniciativa para invitarnos a hacer grandes cosas por Él; y para poder responderle como debemos, es necesaria una escucha atenta a su Palabra para que así sepamos cómo esperarlo mejor.

Esta espera activa nos ayuda a estar preparados porque Dios puede venir a nuestras vidas en cualquier momento, y lo mejor es que nos encuentre haciendo lo que sabemos que Él nos pide, aunque sea difícil. Es ser como un niño que sabe lo que sus papas le piden y, porque los quiere y desea que se sientan orgullosos de él, se comporta bien; pero para llegar a este punto tuvo que haber pasado por las pruebas de qué significa obedecer, y muchas veces se equivocó, sin embargo, no se dio por vencido y siguió perseverando hasta que lo logró.

«Y pensemos que Dios no se desmiente a sí mismo. Nunca. Dios no desilusiona nunca. Su voluntad con nosotros no es confusa, sino que es un proyecto de salvación bien delineado: “Dios quiere que todos los hombres sean salvados y alcancen la conciencia de la verdad”. Por ello, no nos abandonamos al fluir de los eventos con pesimismo, como si la historia fuera un tren del que se ha perdido el control. La resignación no es una virtud cristiana. Como no es de cristianos levantar los hombros o bajar la cabeza ante un destino que nos parece ineludible. Aquellos que tienen esperanza en el mundo nunca son personas sumisas. Jesús nos recomienda esperarlo sin estar de brazos cruzados: “Dichosos los siervos que el Señor, al venir, encuentre despiertos”. No existe constructor de paz que a fin de cuentas no haya comprometido su paz personal, asumiendo los problemas de los demás. La persona sumisa no es un constructor de paz, sino que es un vago, uno que quiere estar cómodo. Mientras el cristiano es constructor de paz cuando arriesga, cuando tiene el coraje de arriesgar para llevar el bien, el bien que Jesús nos ha dado, nos ha dado como un tesoro».
(Audiencia de S.S. Francisco, 11 de octubre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Mostrarme disponible con alguien en mi trabajo, aprovechando siempre mi tiempo para hace el mayor bien posible.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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