Muerte de José José: ¿Qué dice la Iglesia sobre repartir sus cenizas en partes iguales?

CIUDAD DE MÉXICO, 07 Oct. 19 (ACI Prensa).- A poco más de una semana de la muerte del cantante mexicano José Rómulo Sosa Ortiz, popularmente conocido como José José, sus hijos se repartirían en dos partes las cenizas de su cuerpo cremado. ¿Qué puede decir la Iglesia Católica al respecto?

José José, fallecido el 28 de septiembre de 2019, alcanzó la fama en las décadas de 1970 y 1980 con canciones como “El Triste”, “Gavilán o Paloma”, “Volcán” y “Lo Pasado Pasado”.

Después de varios desacuerdos entre sus hijos mayores José Joel y Marysol, de su matrimonio con Ana Elena Noreña, y Sara, su última descendiente, fruto de su último compromiso con Sara Salazar, el cuerpo será cremado y repartido entre Miami, en Estados Unidos, y México.

La Iglesia permite la cremación de los cuerpos de los muertos, siempre que no se haya optado por este procedimiento por motivos ajenos a la fe cristiana.

En diálogo con ACI Prensa, el P. Mario Arroyo, doctor en Filosofía por la Universidad de la Santa Cruz de Roma y catedrático de la Universidad Panamericana en Ciudad de México, señaló que la disposición de repartir las cenizas de José José “no parece conforme a la dignidad de los cuerpos ni que represente un sentir de fe”.

“Obviamente los descendientes son libres de hacer lo que quieran, pero hay que pensar también en la memoria del padre, y si le gustaría que se lo repartieran entre sus hijos. Porque no es un alimento, no es un objeto, son los restos de una persona”, dijo.

“No parece lo más indicado andarse repartiendo en partes proporcionales, como si fuera la herencia”, indicó.

El P. Arroyo señaló que “la doctrina de la Iglesia nos recuerda que el ser humano forma una unidad: alma y cuerpo. La muerte en ese sentido, que entró en el mundo por el pecado, tiene un carácter de alguna forma antinatural, y por eso el dogma de la fe nos recuerda la resurrección de los cuerpos”.

“Es decir, la salvación no afecta solo al alma sino también al cuerpo”, dijo.

El P. Arroyo señaló que tenemos un deber “de respetar el cuerpo humano siempre y también el cadáver, porque el cadáver ha sido la sede, por decirlo así, de la persona: ahí ha estado viviendo un hijo de Dios, un hombre. Y por eso se le tiene que guardar un respeto”.

El sacerdote mexicano recordó además que “una obra de misericordia es enterrar a los muertos”.

¿Pero por qué no se pueden repartir las cenizas como se hace con las reliquias de los santos? El P. Arroyo señaló que “del dogma de la resurrección se desprende la veneración que los cristianos tenemos por las reliquias de los mártires y de los santos. Es decir, confesar que ese cuerpo algún día resucitará y que esa alma goza ya de unión con Jesucristo y que ese cuerpo fue instrumento de Dios para identificarse con Jesús y contribuir con Él para la salvación de los hombres”.

“Por eso los cristianos han dividido a veces los cuerpos de los santos. Un caso ejemplar, paradigmático, es el de Santa Teresa de Jesús”, dijo.

El sacerdote precisó que “el sentido de utilizar las reliquias de los mártires es precisamente una forma de confesar el dogma de la resurrección de los cuerpos y la realidad de que ese mártir o ese santo ha sido un modelo para todos nosotros”.

“No parece sin embargo que esa sea la actitud correcta del común de los mortales, es decir de los seres humanos que no hemos sido reconocidos como santos, y que por lo tanto el respeto y el sentido cristiano nos lleva a darle a nuestro cuerpo una sepultura cristiana, depositarlo en un lugar sagrado donde se le pueda rezar u ofrecer misas por el eterno descanso”.

Por eso, señaló, “recientemente la Santa Sede ha recordado que no está bien guardar las cenizas de los muertos en la sala de tu casa. O, aunque pueda parecer muy bonito y poético, derramarlas en el mar”.

Esta última, precisó, “puede ser una costumbre muy en sintonía con el espíritu de los tiempos pero no es cristiana, es en cierto sentido neopagana”.

“Menos sería adecuado, precisamente en razón de la unidad del cuerpo humano y del respeto que se le debe, dividirlo en distintos lugares. A veces, incluso por pleitos familiares. Que la primera esposa quiere un pedacito, la segunda otra, o la hija o el papá”.

“El respeto al cuerpo humano no se cuidaría si se banaliza y se termina repartiendo como puede repartirse un kilo de jamón”, señaló.

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