Domingo de Ramos

Bloch-Sermon_On_The_Mount

🔹🔹🔹🔹🔹🔹🔹🔹
“Verbum Spei”
“Palabra de Esperanza”
https://m.facebook.com/ParroquiaSanPabloAcala/
🔸🔸🔸🔸🔸🔸🔸🔸
Domingo de Ramos 🌿
Pasión de nuestro Señor Jesucristo
Mateo 26, 14 – 27, 66

C. Cronista
+ Jesús
S. Discípulos, pueblo y otros personajes

C. Uno de los apóstoles, llamado Judas Iscariote, se fue a donde los sumos sacerdotes y les dijo:
S. ¿Qué quieren darme? y yo les entrego a Jesús.
C. Ellos le pagaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento empezó él a buscar una ocasión propicia para entregarlo. El primer día de la fiesta del Pan Ázimo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron:
S. ¿Dónde quieres que te preparemos la cena pascual?
C. Él les dijo:
+ Vayan a la ciudad, a donde fulano, y díganle: El Maestro manda decir: “Ya se acerca mi hora. Quiero celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”.
C. Los discípulos hicieron como Jesús les había mandado y prepararon la cena pascual. Al atardecer se sentó a la mesa con los doce discípulos. Y cuando estaban comiendo les dijo:
+ Yo les aseguro: uno de ustedes me va a traicionar.
C. Ellos, muy tristes, empezaron uno por uno a replicarle:
S. ¡No seré yo, Señor!
C. Pero Él les respondió:
+ Uno que ha comido del mismo plato conmigo, es el que me va a traicionar. El Hijo del hombre sigue su camino, como está consignado acerca de Él en la Escritura. Pero ¡ay de aquel que va a traicionar al Hijo del hombre! Más le valiera no haber nacido.
C. Judas, el que lo estaba traicionando, le replicó:
S. ¡No seré yo, Rabí!
C. Jesús le respondió:
+ Tú mismo lo has dicho. 
C. Cuando estaban comiendo, tomó Jesús pan, pronunció sobre él la bendición, lo partió, y repartiéndoselo a los discípulos dijo:
+ Tomen y coman: esto es mi cuerpo.
C. Tomó luego una copa, dio gracias a Dios y se la dio diciendo:
+ Beban todos de ella. Porque esto es mi sangre, la sangre de la alianza, que será derramada por todos, para el perdón de los pecados. Yo les aseguro que de ahora en adelante no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba con ustedes un vino nuevo en el Reino de mi Padre.
C. Y terminado el canto de los salmos, salieron para el Monte de los Olivos. Entonces les dijo Jesús:
+ Esta noche todos me van a fallar. Pues dice la Escritura: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero después que resucite, me adelantaré a ustedes para reunirlos en Galilea.
C. Pedro tomó la palabra y le dijo:
S. ¡Aunque todos te fallen, yo jamás fallaré!
C. Jesús le contestó:
+ Yo te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me negarás tres veces.
C. Pedro insistió:
S. ¡Aunque tenga que morir contigo, no te negaré!
C. Y otro tanto decían los demás discípulos. Entonces se fue Jesús con los discípulos a un lugar en el campo, que se llama Getsemaní, y les dijo: 
+ Siéntense aquí mientras voy allí a hacer oración.
C. Y se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo:
+ Mi alma está triste hasta morir. Quédense aquí y permanezcan en vela conmigo.
C. Y adelantándose un poco se postró e hizo esta oración:
+ Padre mío, si es posible, ojalá no tenga yo que pasar este trago amargo. Sin embargo, que no sea como yo quiero sino como quieres tú.
C. Luego volvió a donde estaban los discípulos y los encontró durmiendo, y le dijo a Pedro.
+ ¿Así que no pudieron permanecer en vela conmigo ni siquiera una hora? Velen y oren para no exponerse a la tentación. Aunque haya buena voluntad, la naturaleza es débil.
C. Y por segunda vez se retiró a orar. Decía:
+ Padre mío, si no es posible que deje de pasar este trago amargo, hágase tu voluntad.
C. Y al volver, otra vez los encontró durmiendo, pues se caían de sueño. Y dejándolos, se retiró a orar todavía por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Entonces volvió a donde estaban los discípulos y les dijo:
+ ¿Todavía durmiendo y descansando? Miren: ya llega la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense, vamos! Ya llega el traidor. 
C. Todavía estaba hablando cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un gran tropel de gente armada de espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta señal:
S. El hombre a quien yo bese, ese es. Agárrenlo.
C. Y acercándose en seguida a Jesús, le dijo:
S. Buenas noches, Rabí.
C. Y lo besó. Jesús le respondió:
+ ¡Amigo, haz lo que vienes a hacer!
C. Entonces se acercaron, se abalanzaron sobre Jesús y lo pusieron preso. Uno de los que estaban con Jesús echó mano de su espada, la sacó y de un golpe le cortó una oreja al sirviente del sumo sacerdote. Pero Jesús le dijo:
+ Vuelve la espada a su sitio. Porque el que a hierro mata, a hierro muere. ¿Piensas que si lo pidiera a mi Padre, Él no pondría a mi disposición ahora mismo más de doce ejércitos de ángeles? Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras que dicen que así tiene que suceder?
C. Luego le dijo Jesús a la gente:
+ ¿Vinieron con espadas y palos a ponerme preso, como si fuera un bandido? Diariamente me sentaba en el templo a enseñar, y no me arrestaron. Todo esto sucedió para que se cumplieran las Escrituras de los profetas.
C. Entonces todos los discípulos huyeron dejándolo solo. Los que pusieron preso a Jesús, lo llevaron a casa del sumo sacerdote Caifás, donde estaban reunidos los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía desde lejos hasta el patio del palacio del sumo sacerdote, y entrando se sentó con los sirvientes para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y todo el sanedrín buscaban algún falso testimonio contra Jesús para condenarlo muerte, pero a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos, no lo encontraron. Finalmente se presentaron dos que dijeron:
S. Este hombre afirmó: “Soy capaz de destruir el santuario de Dios y reconstruirlo en tres días”.
C. Entonces se puso de pie el sumo sacerdote y le preguntó:
S. ¿Nada respondes? ¿Qué hay de cierto en lo que dicen los testigos contra ti?
C. Pero Jesús seguía callado. El sumo sacerdote le dijo:
S. En nombre del Dios vivo te exijo que nos declares si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.
C. Jesús le respondió:
+ Tú mismo lo has dicho. Yo por mi parte les digo: en adelante van a ver al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo. 
C. Entonces el sumo sacerdote se desgarró las vestiduras diciendo:
S. ¡Blasfemia! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? ¡Ahí está! ¡Ustedes mismos acaban de oír la blasfemia! ¿Qué les parece?
C. Ellos respondieron:
S. ¡Merece la pena de muerte!
C. Entonces lo escupieron en la cara y le dieron golpes, y otros le pegaron con varas, mientras le decían:
S. ¡Mesías, si eres profeta, adivina quién fue el que te golpeó!
C. Pedro estaba sentado fuera, en el patio, y se le acercó una sirvienta y le dijo:
S. Tú también andabas con Jesús el Galileo.
C. Pedro lo negó delante de todos diciendo:
S. No sé de qué estás hablando.
C. Y al salir él hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí:
S. Este andaba con Jesús el de Nazaret.
C. Pero él volvió a negarlo y aun juró diciendo:
S. ¡No conozco a ese hombre!
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y le dijeron a Pedro:
S. Claro que tú también eres de esa gente, pues tu manera de hablar te traiciona.
C. Entonces empezó a jurar y renegar:
S. ¡Ni siquiera conozco a ese hombre! 
C. Y en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de lo que le había dicho Jesús: que antes que cantará el gallo, lo negaría tres veces. Y salió de allí y lloró amargamente. Cuando amaneció, reunidos todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, tomaron la decisión de condenarlo muerte. Lo ataron, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador. Entonces Judas, el traidor, al ver que Jesús había sido condenado, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos diciéndoles:
S. ¡Cometí un pecado entregando a la muerte un inocente!
C. Ellos le respondieron:
S. ¿Qué nos interesa a nosotros? ¡Eso es cosa tuya!
C. Judas tiró las monedas de plata en el santuario, salió de allí, fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes recogieron la plata y dijeron:
S. No podemos echar esta plata en el arca de las ofrendas, pues es dinero pagado por la muerte de un hombre.
C. Tomaron, pues, la decisión de comprar con ella el campo del alfarero para enterrar a los forasteros. Por eso ese campo le dieron el nombre de Campo de Sangre, que tiene hasta el día de hoy. Se cumplió entonces lo que había dicho Dios por medio del profeta Jeremías: “Recogieron las treinta monedas de plata, el precio que los israelitas le habían puesto, y con ellas pagaron el campo del alfarero, según me lo había ordenado el Señor”.
Jesús compareció ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:
S. ¿Eres tú el rey de los judíos?
C. Él dijo:
+ Tú mismo lo dices.
C. Y mientras los sumos sacerdotes y los ancianos lo estuvieron acusando, Él nada respondió. Entonces le dijo Pilato:
S. ¿No oyes de cuántas cosas te acusan?
C. Pero Jesús no les respondió ni una sola palabra, de modo que el gobernador estaba muy extrañado. Era costumbre que cada Pascua el gobernador dejara libre un preso, el que la gente quisiera. Tenían preso entonces a un hombre famoso llamado Jesús Barrabás. Pilato reunió a la gente y le preguntó:
S. ¿A quién quieren que les deje libre: a Jesús Barrabás, o a Jesús al que llaman “el Mesías”?
C. Él sabía que se lo habían entregado por envidia. Cuando estaba Pilato en el tribunal, su mujer le mandó avisar:
S. Deja en paz a ese hombre inocente. Pues anoche tuve muchas pesadillas por causa de Él.
C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente de que pidiera la libertad de Barrabás y la condena de Jesús. El gobernador les respondió:
S. ¿A cuál de los dos quieren que les deje libre?
C. Ellos respondieron:
S. ¡A Barrabás!
C. Pilato les preguntó:
S. ¿Y qué hago con Jesús al que llaman “el Mesías”?
C. Todos dijeron:
S. ¡Que lo crucifiquen!
C. Él les preguntó:
S. ¿Y qué crimen ha cometido?
C. Pero ellos gritaban con más fuerza: S. ¡Que lo crucifiquen!
C. Viendo Pilato que eso de nada servía y que más bien se estaba formando un tumulto, pidió agua y se lavó las manos delante del pueblo diciendo:
S. Yo no soy culpable de la muerte de este hombre. Allá verán ustedes.
C. Todo el pueblo respondió:
S. ¡Nosotros y nuestros hijos nos hacemos responsables de su muerte!
C. Entonces les dejó libre a Barrabás, y mandó que después de azotar a Jesús se lo llevaran a crucificarlo. Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron allí a toda la tropa. Y después de desvestirlo, le pusieron un manto rojo, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y en la mano derecha le pusieron una caña. Y arrodillándose delante de Él le hicieron la burla. Le decían: S. ¡Viva el rey de los judíos!
C. Y después de escupirlo, tomaron la caña y se pusieron a pegarle en la cabeza. Terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y se lo llevaron para crucificarlo. Al salir se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a cargar la cruz de Jesús. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, es decir, Lugar de la Calavera, le dieron para beber vino mezclado con hiel. Él lo probó pero no quiso tomárselo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suerte, y se sentaron allí para hacer guardia. Sobre la cabeza de Jesús pusieron por escrito la causa de su condena: “Este es Jesús, el rey de los judíos”. Con Él crucificaron a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban lo injuriaban; sacudían la cabeza y decían:
S. ¿No ibas a destruir el santuario y a reconstruirlo en tres días? ¡Sálvate a ti mismo, si eres el Hijo de Dios, y bájate de la cruz!
C. También los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos decían en son de burla:
S. A otros salvó, pero Él mismo no puede salvarse. ¿No es el rey de Israel? Que se baje ahora de la cruz, y creeremos en Él. Puso su confianza en Dios, pues que lo libre ahora si tanto lo quiere. ¿No decía que era el Hijo de Dios?
C. De igual manera lo injuriaban los bandidos que estaban crucificados con Él. Desde el mediodía se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y hacia las tres de la tarde Jesús exclamó con voz potente:
+ Elí, Elí, lemá sabactani.
C. Es decir:
+ Dios mío, Dios mío, ¿por qué me abandonaste?
C. Algunos de los que se encontraron allí, al oírlo, dijeron:
S. Este está llamando a Elías.
C. Y en seguida uno de ellos tomó una esponja, la empapó en vino ácido, y poniéndola en la punta de una caña, quería darle de beber. Pero los otros le dijeron:
S. Espera a ver si viene Elías a salvarlo.
*C. Entonces Jesús lanzó de nuevo un grito fuerte y exhaló el espíritu.

(Todos se arrodillan y se hace una pausa)

C. En ese momento el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las peñas se resquebrajaron, se abrieron las tumbas y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Y salidos de sus tumbas, después de la resurrección de Jesús entraron a la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. El centurión, entonces, y los que estaban con él haciendo guardia a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que estaba sucediendo, dijeron aterrados:
S. ¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!
C. Habían también allí, mirando de lejos, muchas mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea para servirle. Entre ellas estaba María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Al atardecer, un hombre rico llamado José, originario de Arimatea, que también se había hecho discípulo de Jesús, fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se lo entregaran. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo colocó en su propio sepulcro, un sepulcro nuevo que había mandado cavar en la roca. Después hizo rodar una enorme piedra a la entrada del sepulcro y se fue. Y allí estaban María Magdalena y la otra María, sentadas delante del sepulcro. Al día siguiente, ya terminada la preparación para el sábado, se reunieron los sumos sacerdotes y los fariseos con Pilato y le dijeron:
S. Señor Gobernador, nos hemos acordado de que aquel embustero dijo estando todavía vivo que a los tres días resucitaría. Ordena, pues, que aseguren bien la tumba hasta el tercer día, no vaya a ser que vengan los discípulos de ese hombre, se roben el cuerpo y digan al pueblo que resucitó de entre los muertos. Así el último engaño sería peor que el primero.
C. Pilato les respondió:
S. Ahí tienen la guardia. Vayan y aseguren la tumba como saben.
C. Ellos fueron y aseguraron bien la tumba, poniendo un sello sobre la piedra y dejando unos soldados de guardia. 

Reflexión
En la Semana Santa, durante la lectura de la pasión y muerte de Jesús, no es conveniente una postura de análisis o de investigación racional. Conviene estar en silencio. Leer muchas veces el texto, para experimentar de nuevo el amor de Dios que se revela en los comportamientos de Jesús ante quienes lo prenden, lo insultan, lo torturan y le dan muerte. En el curso de la lectura, no pensemos solo en Jesús, sino también en los millones de seres humanos que hoy están en las cárceles, torturados, insultados y asesinados.
De ahora en adelante, si quieres encontrar en realidad al Hijo de Dios, no lo busques en lo alto, ni en el lejano cielo, ni en el Templo cuyo velo se rasgó… Búscalo junto a ti, en el ser humano excluido, desfigurado, sin belleza. Búscalo en aquellos que, como Jesús, dan la vida por sus hermanos. Es allí donde Dios se esconde y se revela, y es allí donde podemos encontrarlo. Allí se encuentra la imagen desfigurada de Dios, del Hijo de Dios, de los hijos de Dios. ¡No hay prueba de amor más grande que dar la vida por los hermanos!
Con la resurrección de Jesús, el Padre anuncia al mundo entero esta Buena Noticia: Quien vive la vida como Jesús sirviendo a sus hermanos, es victorioso y vivirá para siempre, aunque muera y ¡aunque lo maten! ¡Es esta la Buena Noticia del Reino que nace de la Cruz!

Oración
Señor Jesús, bendice nuestro hogar, danos amor, paz y respeto, para que, respetándonos y amándonos te sepamos honrar en nuestra vida familiar, se tu el rey de nuestro hogar. Amén.

Acción
Hoy domingo de ramos, pondré una palma en la puerta de mi hogar y leeré en familia la pasión del Señor.
🔹🔹🔹🔹🔹🔹🔹🔹
“Nuntium Verbi Dei”
“Mensaje de la palabra de Dios”
🔸🔸🔸🔸🔸🔸🔸🔸

Etiquetas:
Reacciones:

Publicar un comentario

Su mensaje será revisado antes de publicarse. Contenido ofensivo o agresivo será eliminado. No es un sitio de debate sino de formación religiosa y evangelización.

[facebook][blogger]

Diocesis de Celaya

Forma de Contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.
Javascript DesactivadoPor favor, active Javascript para ver todos los Widgets