Dos sacerdotes fallecen de coronavirus en medio de sistema de salud precario en Siria

, 22 Sep. 20 (ACI Prensa).- El vicario apostólico de Alepo, Mons. Georges Abou Khazen lamentó el fallecimiento por COVID-19 de dos sacerdotes franciscanos en Alepo y dijo que las sanciones internacionales contra Siria dificultan la atención sanitaria y merman la capacidad de ayuda de la Iglesia.

En declaraciones a Asia News, Mons. Khazen señaló que los sacerdotes franciscanos pertenecían al colegio de Tierra Santa ubicado en Alepo, metrópoli económica y comercial de Siria. Indicó que el sacerdote de mayor edad, el P. Edward Tamer de 82 años, gozaba de buena salud, y que el P. Firas Hejazin, tenía solo 49 años.

El Prelado informó que ambos eran parte de los cincos sacerdotes franciscanos que pertenecía a la ciudad de Alepo y señaló que de los tres que quedan vivos, dos se infectaron de COVID-19 y solo uno, el P. Ibrahim Alsabagh, sacerdote de la parroquia latina en Alepo, se salvó de contraerlo.

Explicó que las sanciones internacionales en contra de Siria “una vez más han golpeado a los segmentos más débiles de la población”, pues no solo vuelven aún más crítica la situación sanitaria por la pandemia, sino que afectan la capacidad de la Iglesia para brindar asistencia y ayuda humanitaria a los más necesitados.

“Carecemos de medios, recientemente conseguimos un centro en Alepo y Damasco destinado a examinar los resultados de las pruebas de coronavirus. Esto es efecto de las sanciones internacionales contra Siria”, dijo.

Cada vez más, “escuchamos a la gente decir que se equivocaron al no huir. Con este virus es cada vez más difícil llevar nuestra solidaridad a las familias y esto hace que la gente sufra aún más”, señaló Mons. Khazen. A veces “nosotros los líderes cristianos no sabemos qué decir, pero tratamos de quedarnos con la gente y ayudar tanto como sea posible”, añadió.

Según la Universidad Johns Hopkins, a la fecha Siria presenta 3800 casos confirmados de personas con el COVID-19 y 172 fallecidos.

El Prelado precisó que en el pico de la pandemia del COVID-19 entre junio y agosto, cada día enterraban a “10 cristianos víctimas del coronavirus”. Además, indicó que tuvieron que “cerrar las iglesias y transmitir las celebraciones y la Eucaristía por internet” para evitar contagios.

Señaló que la situación que se vive en Alepo “es una tragedia dentro de una tragedia”. La gente dice que la vida era mejor durante la guerra, pues “hoy tenemos que luchar contra el virus, la inflación, el costo de vida… Comprar gasolina puede demorar tres o cuatro días. Puede tomar horas comprar algo de pan”.

Pese a todo, Mons. Khazen afirmó que las medidas “como la obligación de usar mascarillas, mantener el distanciamiento social y cancelar eventos y encuentros masivos ha funcionado”. Luego del pico más alto registrado, la tasa de mortalidad parece haber declinado y el número de fallecidos está decreciendo de forma constante.

Al respecto, informó que hace cuatro semanas se reanudaron los servicios parroquiales “con todas las precauciones posibles” y si bien “los funerales se realizan en los cementerios, los bautismos y las bodas se reservan a los familiares directos”. 

Además, dijo que “desde el 13 de septiembre se han reabierto las escuelas” y que “aún estamos tratando de ver cuáles podrían ser los efectos”. 

 

 

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