Sacerdote defiende raíz cristiana del Líbano ante discurso político de Hezbolá

, 17 Nov. 20 (ACI Prensa).- El provincial de los Padres Carmelitas Descalzos del Líbano, P. Raymond Abdo, defendió la raíz cristiana de este país de Medio Oriente y desmintió el discurso político del grupo terrorista Hezbolá de que la tierra del Líbano era musulmana.

En una entrevista a Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), el P. Abdo indicó que el Líbano “es cristiano por sus raíces con Jesucristo”, que se refleja en el símbolo del país, el cedro, “como símbolo de su existencia eterna”.

“Los cedros del Líbano son los cedros con los que Salomón hizo el templo de Dios, porque el cedro da un olor similar al incienso. Es un árbol que puede vivir 2000 años, son símbolo de eternidad”, agregó.

El sacerdote resaltó que, como Tierra Santa, los “cambios demográficos del tiempo no deben influenciar” en la realidad de la base cristiana del Líbano, y lamentó que actualmente haya un discurso político de Hezbolá “que dice falsamente que la tierra del Líbano era musulmana, quieren incluso crear una república islámica en el Líbano”.

Hezbolá, grupo islámico chiíta nacido en Líbano en 1982, recibe apoyo de Irán, y es catalogado como organización terrorista por la Unión Europea, Estados Unidos y otros países.

En sus declaraciones a ACN, el sacerdote explicó que “la importancia de los cristianos del Líbano no es solamente una importancia numérica, los números pueden cambiar mucho, pero la esencia de esta Iglesia es muy importante y simbólica”.

El P. Abdo resaltó que la comunidad cristiana en el Líbano tiene sus orígenes en el tiempo de Jesucristo, y señaló que actualmente en el país es la Iglesia Maronita, que nació en el siglo IV – V por San Marón, la comunidad más grande.

“Esta comunidad vivía primero en Siria, en una región cerca del Líbano. En el siglo VIII y IX esta comunidad busca paz y refugio en Líbano huyendo de las persecuciones de los jacobitas. Desde entonces, hay una comunidad maronita que se distingue por una identidad muy fuerte de fidelidad a Roma, al Papa”, indicó.

El sacerdote señaló que fuera del país también existe una gran comunidad libanesa, especialmente en Brasil, donde son casi seis millones de fieles.

“También hay una gran comunidad en Argentina, en México, en Chile, en todos los países de América Latina, pero la mayoría está en Brasil. En los Estados Unidos son más de dos millones”, agregó.

Además, indicó que la gran cantidad de personas fuera del Líbano es un testimonio de lo que ha sufrido el país, donde genocidios como el de los drusos contra los cristianos en 1840 y 1860 llevaron a varios ciudadanos a salir del país.

“Creo que cuando el Señor pide a esta gente dejar el Líbano, es para dar un testimonio, es para extender la palabra de Dios, la experiencia de Cristo”, resaltó.

Asimismo, el sacerdote comentó sobre la situación de los inmigrantes al país, quienes viven en al menos diez campos de refugiados en el país,

“Tienen su ley, están protegidos, tienen una legislación particular en el país, pero contribuyen a la desestabilización del Líbano porque también hay entre ellos terroristas que buscan refugio en estos campos”, lamentó.

El P. Abdo resaltó que la situación económica en el país es crítica y a nivel infraestructura no se dan abasto para la cantidad de inmigrantes en el país, que ha conllevado a una deficiencia en el suministro de electricidad.

“La infraestructura del país es muy pequeña y la gente es muy numerosa. Esto es causa de una crisis económica, problemas muy grandes de tipo social y de tensiones políticas que no se sabe adónde irán”, subrayó.

Finalmente, indicó que la crisis sanitaria por el coronavirus ha agravado la difícil situación de El Líbano.

ACN indicó que actualmente están llevando una campaña de “cinco millones de euros para la reconstrucción del país después de la terrible explosión del 4 de agosto”, que ha dejado más de 200 muertos, más de seis mil personas heridas y 300 mil hogares destruidos.

El 4 de agosto en la tarde, la explosión de 2.750 toneladas de nitrato de amonio en un almacén del puerto de Beirut dejó gran parte de la ciudad destruida. La magnitud fue tan grande que incluso se llegó a sentir a 240 kilómetros de su epicentro, en la isla de Chipre.

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