A 130 años del natalicio de Laura Vicuña piden su fuerza para proteger la infancia vulnerable

, 08 Abr. 21 (ACI Prensa).- El 5 de abril al cumplirse 130 años del natalicio de la Beata Laura Vicuña, el Santuario que lleva su nombre en Santiago de Chile destacó la “fuerza juvenil” de la joven beata que motiva hoy el cuidado y prevención de toda vulneración de derechos de la infancia y la adolescencia.

Durante la Misa presidida por el P. Erick Oñate en el Santuario Laura Vicuña, ubicado en la comuna de Renca, manifestó que ella fue una “joven capaz de levantarse”, “capaz de sobrevivir en la adversidad. No solo permanece en el amor de Dios, sino que permanece fiel a sus principios. Permanece fiel a lo que consideró justo, recto y ético en su vida”.

“Laura Vicuña es una joven que nos muestra y que nos demuestra la fuerza de la vida juvenil”, de “encontrar sentido a la vida y dar sentido a la vida pese a los grandes conflictos” que vivió.

Aun así fue “capaz de amar y amar hasta dar la vida por los demás. Amar en la adversidad, es capaz de multiplicar el amor, es capaz de entablar amistad, es capaz de ofrecer su vida para que los malos tratos que recibía su propia madre cesaran en algún momento”.

El P. Oñate alertó que el confinamiento obligatorio en las casas para prevenir la expansión del coronavirus, puede ser un espacio donde brota la violencia intrafamiliar.

En ese contexto, Laura Vicuña “nos mueve y conmueve a promover la defensa de los derechos de las niñas, niños y adolescentes y a fijar nuestro compromiso social y educativo para que ningún niño o niña sufra violencia al interior de su hogar, en las escuelas, en las instituciones eclesiales o en cualquier otro lugar donde estén al cuidado de los adultos”.

“Laura Vicuña se nos presenta hoy como aquella persona que nos motiva a cuidar la infancia y a promover formas de cuidado y prevención de todo tipo de vulneración de sus derechos”, concluyó el sacerdote.

Biografía de Laura Vicuña

Laura del Carmen Vicuña Pino nació en Santiago de Chile el 5 de abril de 1891. Al estallar la guerra civil su familia huyó a unos 500 kilómetros de la capital.

El padre de Laura falleció y su madre Mercedes quedó en la indigencia, a cargo de sus hijas Laura, de dos años, y Julia.

Ellas viajaron a Argentina y Mercedes conoció a un hombre llamado Manuel Mora, con el que convivió.

En 1900, Laura ingresó al internado del Colegio de las Hijas de María Auxiliadora, en Junín de los Andes. Al poco tiempo, demostró su profunda devoción al Señor anhelando ser religiosa.

A su tierna edad sintió mucho dolor porque la convivencia de su madre con Mora era una ofensa a Dios. Entonces Laura decidió entregar su vida a Dios para que su mamá se convirtiera.

Una tarde, estando en su casa, Manuel Mora intentó abusar de ella. La niña, armada de valor, resistió el ataque y logró librarse del episodio. Mora la echó de la casa y ella tuvo que dormir a la intemperie. También dejó de pagarle la escuela.

Tiempo después Mora, encontró a Laura en el camino y la golpeó salvajemente. Siendo la situación insostenible, las Hijas de María Auxiliadora le conceden un lugar estable en su casa.

Debido a un fuerte temporal que inundó la escuela y el internado, Laura se dispuso a ayudar y pasó muchas horas con los pies en el agua helada.

Laura se enfermó de gravedad. Entonces su madre solicitó permiso para llevársela consigo a casa. Los cuidados no ayudaron pues Laura tenía una afección muy grave a los riñones.

Al entrar en agonía, Laura le dijo a Mercedes: "Mamá, desde hace dos años ofrecí mi vida a Dios en sacrificio para obtener que tú no vivas más en unión libre. Que te separes de ese hombre y vivas santamente".

Mercedes, llorando, exclamó: “¡Oh Laurita, qué amor tan grande has tenido hacia mí! Te lo juro ahora mismo. Desde hoy ya nunca volveré a vivir con ese hombre. Dios es testigo de mi promesa. Estoy arrepentida. Desde hoy cambiará mi vida”.

Antes de fallecer un 22 de enero de 1904, a los 12 años de edad, Laura miró la imagen de la Virgen y expresó: “Gracias Jesús, gracias María”.

El Papa San Juan Pablo II beatificó a Laura Vicuña el 3 de septiembre de 1988.

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