Últimos días de Juan Pablo II son “fuente de consuelo” para el mundo, afirma cardenal

Redacción Central, 04 Abr. 21 (ACI Prensa).- Personas de todo el mundo siguen obteniendo una “fuente de consuelo”, en medio de la pandemia del COVID-19, al recordar cómo San Juan Pablo II enfrentó sus últimos días, afirma el Cardenal Stanislaw Dziwisz, quien fuera su secretario personal por más de 40 años.

El 2 de abril, en el 16 aniversario de la muerte de Juan Pablo II, el Cardenal Dziwisz recordó que esta fecha se celebra en medio de una pandemia que se ha cobrado más de 2.800.000 vidas en todo el mundo.

El cardenal polaco, de 81 años, dijo que las últimas semanas del pontificado de 27 años de San Juan Pablo II ofrecieron un mensaje de solidaridad interpersonal.

“La lección que Juan Pablo II dio al mundo cuando partía hacia la casa del Padre puede ser fuente de consuelo para quienes están desesperados por la muerte de sus seres queridos, así como para quienes temen por su salud y seguridad”, dijo el Arzobispo emérito Cracovia a la Agencia de Prensa Polaca (PAP).

Al recordar la muerte de Juan Pablo II a la edad de 84 años el 2 de abril de 2005, el Purpurado dijo: “Fue un momento humanamente triste y doloroso, pero al mismo tiempo lleno de algo de luz”.

Señaló que después del último suspiro del Papa, los presentes cantaron el “Te Deum” en acción de gracias por la vida de Juan Pablo II, en lugar de recitar la oración a las almas del purgatorio.

El Cardenal Dziwisz dijo que el Papa aceptó sus últimos años de enfermedad y su muerte inminente “con humildad e incluso con cierta serenidad”.

“Su humildad también se manifestó en el hecho de que no evitaba las cámaras, los encuentros con la gente, aunque sabía que podían ver su debilidad e incluso su desamparo físico. Fue valiente mostrar su sufrimiento al mundo. Creo que ayudó a muchas personas enfermas y moribundas por dolencias corporales y espirituales”, comentó.

El cardenal dijo que las Estaciones de la Cruz eran una parte importante de la espiritualidad de Juan Pablo II.

Al describir al Papa como un hombre de la cruz, el Purpurado dijo: “Fui testigo diario de este camino de la cruz, de su servicio, de su valentía, de su total entrega a Jesús y a su Madre”.

El cardenal agregó que la pandemia de coronavirus ha resaltado la brevedad de la vida y la urgencia de reconciliarse con Dios y el prójimo.

“Para un encuentro con el Señor misericordioso hay que estar preparado en cualquier momento. Esto también nos lo dejó claro la pandemia, porque muchos no solo no lograron despedirse de sus seres queridos, sino que también se fueron con el peso muerto del dolor que no lograron perdonar”, dijo.

San Juan Pablo II murió la víspera del Domingo de la Divina Misericordia, fiesta que él mismo estableció. La fiesta está precedida por una novena que comienza el Viernes Santo.

El Domingo de la Divina Misericordia tiene sus raíces en las apariciones de Jesús a Santa Faustina Kowalska, una religiosa polaca que registró sus conversaciones con Cristo en forma de diario.

Al predicar en la canonización de Santa Faustina el 30 de abril de 2000, Juan Pablo II dijo: ¿Qué nos depararán los próximos años? ¿Cómo será el futuro del hombre en la tierra? No podemos saberlo. Sin embargo, es cierto que, además de los nuevos progresos, no faltarán, por desgracia, experiencias dolorosas.”.

“Pero la luz de la misericordia divina, que el Señor quiso volver a entregar al mundo mediante el carisma de sor Faustina, iluminará el camino de los hombres del tercer milenio”, dijo en aquella ocasión.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en CNA.

 

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