Sacerdote clama por ayuda humanitaria ante violencia militar en el oeste de Myanmar

Redacción Central, 05 Jun. 21 (ACI Prensa).- El sacerdote católico Joseph Sethang ha hecho un llamado a la comunidad internacional para que brinde ayuda y acoja a los desplazados por la violencia militar en el estado Chin, en el oeste de Myanmar.

“Es urgente detener los combates. Muchas personas inocentes sufren y están desesperadas. Se necesita ayuda internacional porque aquí hay una emergencia humanitaria. Pedimos a las agencias de la ONU y a las ONG que abran oficialmente los campos de refugiados para poder ofrecer ayuda humanitaria a los desplazados de Mindat y sus alrededores”, dijo el sacerdote a la agencia vaticana Fides.

“Pedimos a las fuerzas armadas birmanas y a las Fuerzas Populares de Defensa de Mindat que detengan los combates y dejen de dañar a civiles inocentes, mujeres, niños y ancianos que ya están sufriendo demasiado”, añadió.

El P. Sethange es un sacerdote de la ciudad de Mindat que ha acogido a 80 refugiados, en su mayoría niños, mujeres y ancianos, en su parroquia la iglesia del Sagrado Corazón, que pertenece a la Diócesis de Hakha, colindante con la frontera con la India y Bangladesh.

El estado rural de Chin está siendo afectado gravemente por los enfrentamientos entre el ejército nacional y los grupos de resistencia, los cuales no cesan desde el golpe militar del 1 de febrero de 2021.

En Mindat, los enfrentamientos comenzaron a finales de abril después de que los militares se negaron a liberar a siete jóvenes detenidos que protestaban pacíficamente contra el golpe de Estado y a favor de la democracia, informó la agencia vaticana.

El ciudadano brimano Mang Ling, director de una escuela primaria, declaró a Fides que “en la ciudad de Mindat, de una población de 40.000 habitantes, ahora solo quedan unas 700 personas”. “Todos han huido a causa de los combates”, lamentó.

El P. Sethang contó que para ayudar a los desplazados ya había acopiado alimentos en los últimos meses.

Fides informó que “en esta fase crítica para la población”, la ayuda humanitaria proviene  de organizaciones sociales, especialmente sacerdotes y religiosos de iglesias católicas y pastores bautistas.

La Chin Human Rights Organization (CHRO), una ONG que tiene un estatus consultivo especial ante las Naciones Unidas, indicó recientemente que “está profundamente horrorizada y muy preocupada por las denuncias de uso sistemático y generalizado de la tortura en centros de interrogatorios militares contra activistas y civiles arrestados y detenidos por la junta militar en el estado de Chin”.

“Los soldados birmanos utilizan prácticas de tortura sistemática para extraer información o confesiones forzadas de las personas arrestadas por ejercer su derecho a la protesta pacífica u otras actividades contra la junta”, denunció CHRO. 

Hasta el momento han fallecido más de 800 personas en Myanmar tras el golpe de estado que derrocó a la dirigente Aung San Suu Kyi.

El Papa Francisco ha pedido repetidamente la paz en este país de 54 millones de habitantes, y que limita con Bangladesh, India, China, Laos y Tailandia. El Santo Padre se convirtió en noviembre de 2017 en el primer pontífice en visitar la nación de mayoría budista.

El 25 de mayo de 2021, el Cardenal Charles Maung Bo, presidente de la Conferencia Episcopal de Myanmar y de la Federación de las Conferencias Episcopales Asiáticas, suplicó a las partes involucradas que no se intensifique la guerra en Myanmar.

“Esto debe terminar. Suplicamos a todos y a las organizaciones relacionadas que tengan la amabilidad de no intensificar la guerra. Nuestra gente es pobre, el COVID-19 les robó su sustento, el hambre acecha a millones, la amenaza de otra ola de COVID-19 es real. El conflicto es una anomalía cruel en este momento. La paz es posible; la paz es el único camino”, dijo el Purpurado en un comunicado publicado por la Arquidiócesis de Yangon.

“Hacemos este llamado urgente como grupo de líderes religiosos no como políticos. Oramos por la paz en esta gran tierra y esperamos que todos podamos vivir como hermanos y hermanas en esta gran nación”, indicó el Cardenal.

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