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11/30/2016 09:41:00 a.m.
MADRID , 30 Nov. 16 (ACI).- Con motivo de la Jornada de la Sagrada Familia de 2016,  los obispos españoles enviaron una carta en la que lamentan que los preparativos para la celebración de la boda sean más importantes que la ceremonia religiosa en sí y que además el elevado coste de la preparación material disuada a los novios de casarse.

“Por desgracia, la preparación próxima al matrimonio tiende a concentrarse en las invitaciones, la vestimenta, la fiesta y los innumerables detalles que consumen tanto el presupuesto como las energías y la alegría”, precisan los Obispos en el mensaje.

“Los novios llegan agobiados y agotados al casamiento, en lugar de dedicar las mejores fuerzas a prepararse como pareja para el gran paso que van a dar juntos”, señalan en el mensaje de la Jornada que se celebrará el próximo 30 de diciembre bajo el lema “Vivir la alegría del amor en la familia”.

El texto está firmado por los prelados de la Subcomisión para la Familia y la Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal, que preside el obispo de Bilbao, Mons. Mario Iceta, y en el que explica que en muchas ocasiones “no se llegan al casamiento porque piensan en festejos demasiado costosos, en lugar de dar prioridad al amor mutuo y a su formalización ante los demás”.

Ante esta situación los Obispo consideran “urgente” presentar de manera renovada “la profundidad, centralidad e importancia decisiva” de contraer matrimonio y ofrecer una adecuada formación a los seminaristas, sacerdotes y agentes de pastoral familiar, pero especialmente a los novios, quienes son “protagonistas de la apasionante aventura de responder generosamente a la vocación matrimonial”.

En esta propuesta los Obispos piden que se acompañe a los novios durante el noviazgo pero también de manera especial en los primeros años después de la boda.

Los Obispos también son conscientes de las dificultades que afrontan los jóvenes a la hora de decidir casarse como son “la falta de una vivienda digna o adecuada; la falta de derechos de los niños; la necesidad de mejorar la conciliación laboral y familiar; la dificultad de apreciar el don inmenso que supone toda vida humana o la búsqueda obsesiva de placer”.

Como respuesta a estas dificultades desde la Subcomisión de Familia y Vida invitan a las familias a acoger a quienes corren el riesgo de ser descartados o «caer en las orillas de la marginación y la exclusión” como pueden ser las madres adolescentes o solteras, los niños sin padres o personas con discapacidad.

En su carta los Obispos también apuntan al “ritmo frenético de la sociedad” como uno de los problemas que afrontan los matrimonios ya que en muchas ocasiones, según apuntan, “falta tiempo para dialogar, para abrazarse sin prisa, para compartir proyectos, para escucharse, para mirarse, para valorarse, para fortalecer la relación. A veces, el problema es el ritmo frenético de la sociedad, o los tiempos que imponen los compromisos laborales”.

Ante las épocas de crisis que afrontan los matrimonios, consecuencia de la propia convivencia, de los hijos, de dificultades económicas o afectivas aconsejan un “acompañamiento personalizado y paciente por parte de la Iglesia”.

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— ACI Prensa (@aciprensa) 20 de abril de 2016

11/30/2016 09:11:00 a.m.
BUENOS AIRES, 29 Nov. 16 (ACI).- El Arzobispado de Mendoza en Argentina expresó su tristeza e indignación por los casos de abuso sexual que involucran a cuatro miembros del Instituto Antonio Próvolo, que atiende a niños con problemas de audición y trastornos del lenguaje, ubicado en Luján de Cuyo.

La denuncia fue hecha la semana pasada. A partir de esa declaración, más los peritajes iniciales, la justicia detuvo el viernes 26 de noviembre a tres personas del Instituto: los sacerdotes P. Nicolás Corradi (82), P. Horacio Corbacho (55) y José Luis Ojeda un joven con discapacidad mental que trabajaba en el recinto.

Existe un cuarto implicado, trabajador del lugar de iniciales J.B. (50), Este martes 29 de noviembre se detuvo a un quinto sospechoso de 40 años.

Los imputados serán procesados por los delitos de "abuso sexual agravado por la guarda y la convivencia preexistente con menores, en concurso real con corrupción de menores".

Las pruebas indicarían que son más los casos y que se remontarían a 2007, todos menores de edad al momento de suceder los hechos por lo que el fiscal a cargo de la investigación, Fabricio Sidoti, se encuentra recibiendo nuevos testimonios y no descarta otros implicados.

El 27 de noviembre el Arzobispado de Mendoza expresó mediante un comunicado que en tanto conoció “la noticia de estos sucesos fueron informadas las legítimas autoridades del Instituto (que es de Derecho Pontificio), quienes deberán iniciar el debido proceso canónico establecido por la Iglesia para estos delitos denunciados”.

Asimismo, manifestó “solidaridad y cercanía con las víctimas de los hechos objeto de la denuncia” y que se “brindará toda la cooperación que corresponda a las autoridades judiciales para el pronto esclarecimiento de los hechos”.

En tanto, este martes se suspendieron las clases en el instituto con el fin de evaluar medidas. Mientras que, mediante un comunicado, la Asociación Obra San José, equipo directivo, docente, técnicos y no docentes de la escuela manifestaron “su absoluta apertura y colaboración a fin de que se aclaren los hechos que se investigan”.

“Nos encontramos terriblemente conmocionados y angustiados, por lo que estamos trabajando para poder seguir adelante con ésta última etapa escolar”, citaron los trabajadores.

El Instituto Antonio Próvolo atiende a menores con déficit auditivo y de lenguaje. Ofrece escolaridad primaria, atención temprana, integración y talleres de formación integral y cuenta con un albergue para mujeres y hombres.

La escuela fue fundada por el P. Antonio Próvolo y su obra es continuada por la congregación que él mismo fundó, de las Hermanas de la Compañía de María. La institución es supervisada por la Dirección General de Escuelas del Gobierno de Mendoza

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— ACI Prensa (@aciprensa) 25 de noviembre de 2016

 

11/30/2016 07:16:00 a.m.
VATICANO, 30 Nov. 16 (ACI).- La Santa Sede ha dado a conocer el mensaje del Papa Francisco por la 54º Jornada Mundial de Oración por las vocaciones sobre el tema “Empujados por el espíritu Santo para la Misión”. La Jornada tendrá lugar el 7 de mayo de 2017.

A continuación, el texto completo del Mensaje:

Empujados por el Espíritu para la Misión

Queridos hermanos y hermanas En los años anteriores, hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre dos aspectos de la vocación cristiana: la invitación a «salir de sí mismo», para escuchar la voz del Señor, y la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta.

 Ahora, con ocasión de la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisiera centrarme en la dimensión misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad. Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. El discípulo, en efecto, no recibe el don del amor de Dios como un consuelo privado, y no está llamado a anunciarse a sí mismo, ni a velar los intereses de un negocio; simplemente ha sido tocado y trasformado por la alegría de sentirse amado por Dios y no puede guardar esta experiencia solo para sí: «La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera» (Exht. Ap. Evangelium gaudium, 21).

Por eso, el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe: la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor.

Aunque experimentemos en nosotros muchas fragilidades y tal vez podamos sentirnos desanimados, debemos alzar la cabeza a Dios, sin dejarnos aplastar por la sensación de incapacidad o ceder al pesimismo, que nos convierte en espectadores pasivos de una vida cansada y rutinaria. No hay lugar para el temor: es Dios mismo el que viene a purificar nuestros «labios impuros», haciéndonos idóneos para la misión: «Ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado. Entonces escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?”. Contesté: “Aquí estoy, mándame”» (Is 6,7-8).

Todo discípulo misionero siente en su corazón esta voz divina que lo invita a «pasar» en medio de la gente, como Jesús, «curando y haciendo el bien» a todos (cf. Hch 10,38). En efecto, como ya he recordado en otras ocasiones, todo cristiano, en virtud de su Bautismo, es un «cristóforo», es decir, «portador de Cristo» para los hermanos (cf. Catequesis, 30 enero 2016). Esto vale especialmente para los que han sido llamados a una vida de especial consagración y también para los sacerdotes, que con generosidad han respondido «aquí estoy, mándame». Con renovado entusiasmo misionero, están llamados a salir de los recintos sacros del templo, para dejar que la ternura de Dios se desborde en favor de los hombres (cf. Homilía durante la Santa Misa Crismal, 24 marzo 2016). La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes así: confiados y serenos por haber descubierto el verdadero tesoro, ansiosos de ir a darlo a conocer con alegría a todos (cf. Mt 13,44).

Ciertamente, son muchas las preguntas que se plantean cuando hablamos de la misión cristiana: ¿Qué significa ser misionero del Evangelio? ¿Quién nos da la fuerza y el valor para anunciar? ¿Cuál es la lógica evangélica que inspira la misión? A estos interrogantes podemos responder contemplando tres escenas evangélicas: el comienzo de la misión de Jesús en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-30), el camino que él hace, ya resucitado, junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), y por último la parábola de la semilla (cf. Mc 4,26-27).

Jesús es ungido por el Espíritu y enviado. Ser discípulo misionero significa participar activamente en la misión de Cristo, que Jesús mismo ha descrito en la sinagoga de Nazaret: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18). Esta es también nuestra misión: ser ungidos por el Espíritu e ir hacia los hermanos para anunciar la Palabra, siendo para ellos un instrumento de salvación.

Jesús camina con nosotros. Ante los interrogantes que brotan del corazón del hombre y ante los retos que plantea la realidad, podemos sentir una sensación de extravío y percibir que nos faltan energías y esperanza. Existe el peligro de que veamos la misión cristiana como una mera utopía irrealizable o, en cualquier caso, como una realidad que supera nuestras fuerzas. Pero si contemplamos a Jesús Resucitado, que camina junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evangélica tenemos una auténtica y propia «liturgia del camino», que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jesús está a nuestro lado. Los dos discípulos, golpeados por el escándalo de la Cruz, están volviendo a su casa recorriendo la vía de la derrota: llevan en el corazón una esperanza rota y un sueño que no se ha realizado. En ellos la alegría del Evangelio ha dejado espacio a la tristeza. ¿Qué hace Jesús? No los juzga, camina con ellos y, en vez de levantar un muro, abre una nueva brecha. Lentamente comienza a trasformar su desánimo, hace que arda su corazón y les abre sus ojos, anunciándoles la Palabra y partiendo el Pan. Del mismo modo, el cristiano no lleva adelante él solo la tarea de la misión, sino que experimenta, también en las fatigas y en las incomprensiones, «que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 266).

Jesús hace germinar la semilla. Por último, es importante aprender del Evangelio el estilo del anuncio. Muchas veces sucede que, también con la mejor intención, se acabe cediendo a un cierto afán de poder, al proselitismo o al fanatismo intolerante. Sin embargo, el Evangelio nos invita a rechazar la idolatría del éxito y del poder, la preocupación excesiva por las estructuras, y una cierta ansia que responde más a un espíritu de conquista que de servicio. La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo» (Mc 4,26-27). Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana.

Con esta confianza evangélica, nos abrimos a la acción silenciosa del Espíritu, que es el fundamento de la misión. Nunca podrá haber pastoral vocacional, ni misión cristiana, sin la oración asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relación personal con el Señor en la adoración eucarística, «lugar» privilegiado del encuentro con Dios.

Animo con fuerza a vivir esta profunda amistad con el Señor, sobre todo para implorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. El Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio. Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, también hoy podemos volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer, sobre todo a los jóvenes, el seguimiento de Cristo. Ante la sensación generalizada de una fe cansada o reducida a meros «deberes que cumplir», nuestros jóvenes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jesús, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de soñar, gracias a él, con una vida plenamente humana, dichosa de gastarse amando.

María Santísima, Madre de nuestro Salvador, tuvo la audacia de abrazar este sueño de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesión nos obtenga su misma apertura de corazón, la disponibilidad para decir nuestro «aquí estoy» a la llamada del Señor y la alegría de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.

Vaticano, 27 de noviembre de 2016 Primer Domingo de Adviento.

Francisco

11/30/2016 07:16:00 a.m.
VATICANO, 30 Nov. 16 (ACI).- En una audiencia con políticos franceses, el Papa Francisco defendió su importante en la construcción de una sociedad más justa en la que prime el bien común por encima de otros intereses. “En el ejercicio de vuestra responsabilidad, podéis contribuir a la edificación de una sociedad más justa y más humana, de una sociedad más acogedora y fraternal”, señaló el Santo Padre.

Los políticos franceses, todos ellos cargos electos de la Región de Rhône-Alpes, acudieron a la audiencia celebrada en el Palacio Apostólico acompañados por el Cardenal Philippe Barbarin, Arzobispo de Lion, y por Obispos de la Provincia de Lion.

El motivo de su presencia en Roma era realizar una peregrinación en el contexto del Año de la Misericordia, recién concluido. “Habéis realizado un camino que prolonga el Jubileo de la Misericordia”, destacó Francisco.

“En el actual contexto internacional, marcado por las frustraciones y temores intensificados por los atentados y la violencia ciega que han desgarrado profundamente su país, es todavía más importante tratar de buscar y desarrollar la conciencia del bien común y del interés general. Por eso querría, junto a los Obispos de Francia, subrayar la necesidad de, ‘en un mundo que cambia, redescubrir el sentido de la política’”, señaló en referencia al documento publicado recientemente por la Conferencia de Obispos de Francia y de los diversos ataques terroristas en meses pasados.

El Obispo de Roma subrayó las virtudes y valores de la sociedad francesa: “Innegablemente, la sociedad francesa es rica en potencialidad, en diversidad…, valores que están llamados a convertirse en oportunidades, siempre que los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad no sean esgrimidos sólo de forma ilusoria, si no se profundice en ellos y que se pongan en relación con su verdadero fundamento, que es trascendente”.

“Estamos plenamente inmersos en un debate real sobre los valores y orientaciones comunes reconocidos por todos. En este debate, los cristianos están llamados a participar con los creyentes de todas las religiones y con todos los hombres de buena voluntad, incluso los no creyentes, con el fin de promover el crecimiento de un mundo mejor”.

“En este sentido, la búsqueda del bien común nos anima, nos lleva a escuchar con particular atención a todas las personas en situación de precariedad, son olvidar a los migrantes que han huido de sus países debido a la guerra, la miseria y la violencia”, añadió.

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El Papa pide orar por enfermos de Sida y promover la solidaridad https://t.co/jeNGHf27es

— ACI Prensa (@aciprensa) 30 de noviembre de 2016

 

11/30/2016 06:46:00 a.m.
VATICANO, 30 Nov. 16 (ACI).- Tras la Audiencia General del miércoles presidida por el Papa Francisco en el Vaticano, el Pontífice recordó que “mañana, 1 de diciembre, se conmemora la Jornada Mundial contra el Sida, promovida por las Naciones Unidas”. El Obispo de Roma pidió responsabilidad para evitar una mayor propagación del virus del Sida.

El Santo Padre lamentó que “millones de personas conviven con esta enfermedad y sólo la mitad tiene acceso a tratamientos”. “Invito a rezar por ellos y por sus allegados, y a promover la solidaridad para que también los más pobres puedan beneficiarse del diagnóstico y tratamiento adecuado”.

Por último, concluyó Francisco, “hago un llamado a todos a tener un comportamiento responsable para evitar una mayor propagación de esta enfermedad”.

El Sida, o Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), es una enfermedad causada por dicho virus que afecta al sistema inmunológico de la persona, facilitando la aparición de diversas enfermedades que, en un individuo con un sistema inmunológico normal, no contraería o no serían mortales. La enfermedad, propagada principalmente por transmisión sexual, pero también a través de la sangra o de la madre al hijo durante el parto, está causando grandes estragos entre las poblaciones más desfavorecidas del mundo.

Según estadísticas de la ONU, 36,7 millones de personas en todo el mundo poseen el virus del Sida. De ellas, sólo 18,2 millones tienen acceso a la terapia antirretrovírica necesaria para hacer frente a la enfermedad. Desde el comienzo de la epidemia de Sida, en el año 1981, han muerto 35 millones de personas por enfermedades relacionadas con el Sida. 

En el África subsahariana, los enfermos de Sida ascienden a 24,7 millones de personas. El 58% del total de personas que tienen Sida en esa región del mundo, son mujeres.

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Papa Francisco invita en última catequesis de la misericordia a rezar por vivos y muertos https://t.co/jk2qdD6blh

— ACI Prensa (@aciprensa) 30 de noviembre de 2016

 

11/30/2016 05:01:00 a.m.
VATICANO, 30 Nov. 16 (ACI).- “Rezar por los vivos y los muertos” fue la última catequesis del Papa Francisco dentro del ciclo sobre la misericordia. En la Audiencia General del miércoles, el Pontífice explicó que “rogar por los difuntos es, sobre todo, un signo de reconocimiento por el testimonio que nos han dejado y el bien que han hecho”.

“Las catequesis, como he dicho al inicio, terminan aquí. Hemos hecho el recorrido de las 14 obras de misericordia, pero la misericordia continua y debemos ejercitarla en estos 14 modos”, dijo el Papa.

A continuación, el texto completo de la catequesis:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Con la catequesis de hoy concluimos el ciclo dedicado a la misericordia. Pero la misericordia debe continuar, ¡eh!, las catequesis terminan. Agradezcamos al Señor por todo esto y conservémoslo en el corazón como consolación y fortaleza.

La última obra de misericordia espiritual pide de rogar a Dios por los vivos y por los difuntos. A esta podemos unir también la última obra de misericordia corporal que invita a enterrar a los muertos. Puede parecer una petición extraña esta última; en cambio, en algunas zonas del mundo que viven bajo el flagelo de la guerra, con bombardeos que de día y de noche siembran temor y víctimas inocentes, esta obra es tristemente actual. La Biblia tiene un hermoso ejemplo al respecto: aquel del viejo Tobías, quien, arriesgando su propia vida, sepultaba a los muertos no obstante la prohibición del rey (Cfr. Tob 1,17-19; 2,2-4).

También hoy existen algunos que arriesgan la vida para dar sepultura a las pobres víctimas de las guerras. Por lo tanto, esta obra de misericordia corporal no es ajena a nuestra existencia cotidiana. Y nos hace pensar a lo que sucede el Viernes Santo, cuando la Virgen María, con Juan y algunas mujeres estaban ante la cruz de Jesús. Después de su muerte, fue José de Arimatea, un hombre rico, miembro del Sanedrín pero convertido en discípulo de Jesús, y ofreció para él un sepulcro nuevo, escavado en la roca. Fue personalmente donde Pilatos y pidió el cuerpo de Jesús: una verdadera obra de misericordia hecha con gran valentía (Cfr. Mt 27,57-60). Para los cristianos, la sepultura es un acto de piedad, pero también un acto de gran fe. Depositamos en la tumba el cuerpo de nuestros seres queridos, con la esperanza de su resurrección (Cfr. 1 Cor 15,1-34). Es este un rito que perdura muy fuerte y apreciado en nuestro pueblo, y que encuentra repercusiones especiales en este mes de noviembre dedicado en particular al recuerdo y a la oración por los difuntos.

Rogar por los difuntos es, sobre todo, un signo de reconocimiento por el testimonio que nos han dejado y el bien que han hecho. Es un agradecimiento al Señor por habérnoslos donado y por su amor y su amistad. La Iglesia ruega por los difuntos en modo particular durante la Santa Misa. Dice el sacerdote: «Acuérdate también, Señor, de tus hijos, que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz» (Canon romano). Un recuerdo simple, eficaz, lleno de significado, porque encomienda a nuestros seres queridos a la misericordia de Dios. Oremos con esperanza cristiana que estén con Él en el paraíso, en la espera de encontrarnos juntos en ese misterio de amor que no comprendemos, pero que sabemos que es verdad porque es una promesa que Jesús ha hecho. Todos resucitaremos y todos permaneceremos por siempre con Jesús, con Él.

El recuerdo de los fieles difuntos no debe hacernos olvidar también de rogar por los vivos, que junto a nosotros cada día enfrentan las pruebas de la vida. La necesidad de esta oración es todavía más evidente si la ponemos a la luz de la profesión de fe que dice: «Creo en la comunión de los santos». Es el misterio que expresa la belleza de la misericordia que Jesús nos ha revelado. La comunión de los santos, de hecho, indica que todos estamos inmersos en la vida de Dios y vivimos en su amor. Todos, vivos y difuntos, estamos en la comunión, es decir, unidos todos, ¿no?, como una unión; unidos en la comunidad de cuantos han recibido el Bautismo, y de aquellos que se han nutrido del Cuerpo de Cristo y forman parte de la gran familia de Dios. Todos somos de la misma familia, unidos. Y por esto oramos los unos por los otros.

¡Cuántos modos diversos existen para orar por nuestro prójimo! Son todos válidos y aceptados por Dios si son hechos con el corazón. Pienso en modo particular en las mamás y en los papás que bendicen a sus hijos en la mañana y en la noche – todavía existe esta costumbre en algunas familias, bendecir al hijo es una oración; pienso en la oración por las personas enfermas, cuando vamos a visitarlos y oramos por ellos; en la intercesión silenciosa, a veces con las lágrimas, en tantas situaciones difíciles, orar por estas situaciones difíciles. Ayer ha venido a Misa en Santa Marta un buen hombre, un empresario.

Pero debía cerrar su fábrica porque no podía y lloraba este hombre, joven, lloraba y decía: “Yo no puedo dejar sin trabajo a más de 50 familias. Yo podría declarar la bancarrota de la empresa, yo me voy a casa con mi dinero, pero mi corazón llorará toda la vida por estas 50 familias”. ¡Este es un buen cristiano! Ora con las obras, ora: ha venido a misa a orar para el Señor le dé una salida, no solo para él, él lo tenía: el fracaso. No, no por él: por las 50 familias. Este es un hombre que sabe orar, con el corazón y con los hechos, sabe orar por el prójimo. Es una situación difícil. Y no busca la vía de salida más fácil: “Que ellos vena”, no. Este es un cristiano. Me ha hecho mucho bien escucharlo, mucho bien. Y tal vez existen muchos así, hoy, en este momento en el cual tanta gente sufre por la falta de trabajo; pienso también en el agradecimiento por una bella noticia que se refiere a un amigo, un pariente, un compañero… “Gracias, Señor, por esta cosa bella!, también esto es orar por los demás, así. Agradecer al señor cuando las cosas son hermosas.  A veces, como dice San Pablo, «no sabemos orar como es debido; pero es Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rom 8,26).

Es el espíritu que ora dentro de nosotros. Abramos, pues, nuestro corazón, de modo que el Espíritu Santo, escrutando los deseos que están en lo más profundo, los pueda purificar y llevar a cumplimiento. De todos modos, por nosotros y por los demás, pidamos siempre que se haga la voluntad de Dios, como en el Padre Nuestro, porque su voluntad es seguramente el bien más grande, el bien de un Padre que no nos abandona jamás: orara y dejar que el Espíritu Santo ore por nosotros. Y esto es bello en la vida: ora agradeciendo, alabando a Dios, pidiendo algo, llorando cuando hay alguna dificultad, como aquel hombre, muchas cosas. Pero siempre el corazón abierto al Espíritu porque ora por nosotros, con nosotros y por nosotros.

Concluyendo estas catequesis sobre la misericordia, comprometámonos a orar los unos por los otros para que las obras de misericordia corporales y espirituales se conviertan siempre más en el estilo de nuestra vida. Las catequesis, como he dicho al inicio, terminan aquí. Hemos hecho el recorrido de las 14 obras de misericordia, pero la misericordia continua y debemos ejercitarla en estos 14 modos. Gracias.

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— ACI Prensa (@aciprensa) 30 de noviembre de 2016

 

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